Presente y futuro de la industria nacional
"entre pasado y presente hay una filiación tan estrecha que, juzgar el pasado, no es otra cosa que ocuparse del presente".
Esta frase de Juan Bautista Alberdi es ideal para abrir paso a un año trascendental en la vida política, económica y social de nuestro país.
En 2023 cumplimos 40 años de democracia ininterrumpida, un hecho histórico ya que consolida a la democracia en su periodo más largo de la historia.
Debemos juzgar el pasado para ocuparnos del presente, un país con casi 100% de inflación y 40% de pobres resulta mas que penoso y alarmante, todos lo vemos, sabemos, pero no siempre decimos. La Argentina está mal. Hay un modelo que no supo dar respuestas y que, con las características que arrastra el país, no pudo cambiar ni mostrar mejorías en varios aspectos.
En la Argentina del 2023 todavía discutimos definiciones sobre el tipo de país que queremos. Discusiones que no están saldadas, que no se tuvieron, o en las que simplemente las urgencias en las que vive sumida el país no permiten discutir temas del largo plazo que se van retrasando hasta quedar perdidas en el inconsciente colectivo.
¿Tenemos el tiempo de seguir discutiendo entre un modelo agro exportador o industrial? Esa dicotomía que nos enfrenta, no hace más que enlentecer nuestro proceso de crecimiento como Nación. No es uno o el otro, son ambos. La prioridad debe ser desarrollarnos, generar valor agregado, exportaciones que generen dólares y para ello es necesario la inserción de nuestra industria en el mercado mundial de bienes y servicios, de manera estratégica.
Tanto la estrategia de industrialización -sectores a ser promovidos prioritariamente, fuentes de financiamiento para la nueva formación de capital, tipos de firmas y modelos de organización y división social del trabajo a ser inducidos por la política industrial, como el fomento e innovación de instrumentos regulatorios y promocionales que deben emplearse merecen un detenido replanteo frente al evidente agotamiento que en esta materia muestran los caminos tradicionalmente seguidos por nuestro país.
A lo largo de 2022 pude recorrer 18 plantas fabriles de 8 sectores diferentes, de 4 provincias distintas que generan más de 15.000 empleos formales. No hay empresario/a que no quiera seguir creciendo, que no quiera seguir invirtiendo y generando trabajo. Pero debemos despojarnos del elemento que impide el crecimiento, la inestabilidad político/económica en la que suele estar inmersa la argentina y para terminar con ella es necesario generar políticas públicas que trasciendan los gobiernos de turno y generen esa estabilidad necesaria para proyectar inversiones en el corto y largo plazo.
La historia del desarrollo industrial argentino muestra serios problemas de articulación entre la industria y las fuentes de financiación necesarias para el crecimiento. Hay en particular dos problemas que fueron permanentes y que han caracterizado al proceso de industrialización. Por un lado, la falta de una estrategia de largo plazo que definiera criterios estables para la canalización del ahorro interno y para el uso del financiamiento externo y, por otro lado, a la casi total inexistencia de un mercado de capitales de mediano y largo plazo. Pero hay un momento en donde, al obtener siempre los mismos resultados, es necesario cambiar e intentar ordenar, gestionar y aplicar nuevas ideas para conseguir resultados distintos. Quizás sea el 2023 ese momento de quiebre y cambio para nuestra industria.
Como si el 2020 de pandemia no fuese suficiente, en 2022 Rusia desato una guerra que desde la visión argentina nos puso a todos alertas sobre las nuevas oportunidades que presenta el mundo para con los bienes y servicios que puede ofrecer nuestro país.
En dicho sentido, hay algunos sectores de la industria que pueden ser punta de lanza para la generación de divisas extranjeras y el rápido incremento de ingreso por exportaciones con mano de obra local y buenos salarios.
El sector minero resulta clave en dicho proceso con un 2022 en donde exportó minerales por más de 3800 millones de dólares y en los próximos 10 años pretende hacerlo por casi 12000 millones más.
En el caso particular del litio, Argentina exportó por más de 700 millones de dólares, con un crecimiento de más de 230% en valor monetario con respecto a 2021. Sera deber que esas exportaciones no queden solo en el salar, sino que también podamos generar valor agregado en el armado de baterías de litio, como viene trabajando Y-TEC (la empresa que reúne al CONICET e YPF para desarrollar distintos proyectos entre ellos el de las baterías de litio).
El 2023 también parece ser un año importante para el desarrollo del Hidrogeno Verde que es una de las energías del futuro y fundamental para descarbonizar gran parte de nuestra industria, de vital importancia porque toda la energía que se utiliza proviene de energías renovables. Ya hay interés en invertir en Argentina por un valor cercano a los 8 mil millones de dólares.
Por otro lado, será muy importante también la conclusión del gasoducto que el gobierno nacional prometió para junio de este año. Dicha terminación será fundamental para toda la industria hidrocarburífera, fomentar Vaca Muerta con la explotación de gas y petróleo, con la no convencional o shale gas. Y la necesaria construcción de una planta de licuefacción para producir y exportar gas licuado natural (GNL) en este contexto de guerra antes mencionado, donde el mundo está en la búsqueda de nuevos actores que puedan exportar dichos productos.
El campo, el sector agropecuario, sigue siendo el principal motor de exportaciones de la Argentina, pero debemos ser capaces de generar las condiciones para que no sea el único. La generación de valor agregado para nuestras exportaciones debe ser tema principal de una política industrial de largo plazo para lograr complementar al sector más dinámico de la economía argentina y que, como le pasaba a Messi, no recaiga toda la presión sobre él. Para ello debemos recordar que no siempre, la clave del desarrollo económico reside en que bienes o servicios se exportan, sino cuan competitiva es una nación para exportarlos con el propósito de satisfacer diferentes demandas globales de manera sistemática.
Hay otros jugadores, hay materias primas, hay ganas de crecer, hay ganas de generar trabajo y de sacar a la Argentina del pozo y el letargo en el que se encuentra. Probemos con procesos e ideas distintas, necesitamos darle a la industria argentina un contexto de estabilidad macroeconómica, de baja de la inflación, que les permita proyectar, invertir y desarrollar la industria nacional de los próximos 20 o 30 años. Hay recursos y mucho potencial, necesitamos ser un equipo y alcanzar el objetivo. Sin grietas, sin peleas estériles que ya nos trajeron al oscuro panorama al que nos enfrentamos. Sin industria no hay nación.
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