Por qué la productividad es importante y cómo la transformación digital permite potenciarla

Muchas veces hablamos de productividad sin tener claro a menudo su significado. Incluso, se la suele confundir con la producción. Si la fábrica de automóviles X produce 3000 autos por mes, diremos que su producción mensual es de 3000 autos. 

Pero si esa misma fábrica tiene 420 operarios que generan 90000 horas hombre por mes diremos que su productividad es el cociente entre lo producido versus lo insumido, lo que se calcula como 3000 autos producidos divididos por las 9000 horas insumidas en fabricarlos: es decir que su productividad es de un auto cada 30 horas o, lo que es lo mismo, de 30 horas por cada auto.

La constante búsqueda de mayor eficiencia, enraizada en el concepto de "mejora continua", conlleva a hacer crecer la productividad de manera constante. Básicamente se consigue aumentar la producción con la misma cantidad de horas hombre, o bien obteniendo la misma producción con menor cantidad de horas insumidas.

Ahora bien, este concepto que pareciera muy "industrial": ¿qué trascendencia tiene para los habitantes de un país?

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La respuesta es: MUCHÍSIMA. En base a múltiples estudios y experiencias concretas de años de análisis, se considera que la productividad es el principal factor que motoriza al crecimiento económico y los niveles de ingresos de la población de un país y consecuentemente, de su bienestar

La importancia finalmente reside nada menos en que los genuinos niveles de ingresos de los habitantes, fruto del trabajo productivo, están vinculados estrechamente con el bienestar humano.

El Foro Económico Mundial considera que las economías con mayor productividad son las que tienen muchas más chances de crecer de forma sustentable e inclusiva. Esta situación lleva a que todos los miembros de la sociedad vivan mejor y gocen de los frutos del crecimiento económico, reduciéndose los porcentajes de pobreza.

Lamentablemente, en nuestro país la productividad es ignorada, despreciada. No centramos esta premisa en este o aquel gobierno. Es un mal endémico de nuestra clase dirigente. Demás está enumerar las múltiples muestras de desconsideración a la productividad que, por ejemplo, están focalizadas en la crisis de la educación, no sólo en las organizaciones educativas, sino también en la deserción de los educandos, la demonización del mérito en todas sus formas. 

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Se pretende enmascarar otros conceptos que por sí solos también afectan la productividad: la falta de oportunidades y la indiscriminada distribución de dádivas supletorias del trabajo genuino.

Hace unas semanas, charlando con un legislador nacional, comentaba la bajísima productividad del Estado argentino y caracterizaba de drama nacional todas las medidas gubernamentales en contra de la misma. Sin un Estado altamente productivo tampoco se alcanzan niveles de bienestar económico

Centenares de empleados públicos sin una función que aporte al bienestar de los ciudadanos, muchas veces dramáticamente representados en múltiples designaciones como empleados públicos de miembros de la propia familia, amigos cercanos o simplemente ciudadanos a los cuales se les ofrece el trueque entre empleo público a cambio del voto incondicional

Esta situación hace que como meros observadores de este lamentable fenómeno, titulemos así este artículo.

A su vez, no podemos dejar de mencionar que para que la iniciativa privada pueda aumentar la productividad de sus organizaciones, necesita imperiosamente de la participación del Estado. Hay ciertos servicios que son resorte del Estado

Sin ellos, la experiencia nos lo demuestra, la productividad del trabajo y del capital va disminuyendo, lo cual provoca menor crecimiento y desarrollo económico.

Pero no todo es negativo. También hay buenas noticias. Y ellas vienen de la mano de la Transformación Digital. La irrupción masiva de dispositivos inteligentes están ayudando de manera concreta y decisiva al incremento de la productividad de múltiples actividades en manos de la población en general. 

Pensemos simplemente en el aporte de la tecnología que le está brindando a la sociedad con el trabajo remoto. Si bien no todas las organizaciones pueden usar plenamente estos recursos, son muchas las que funcionan a un 100% con ella.

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Sin ir más lejos, nuestra empresa comenzó en 2020, una semana antes de ser decretado el Aislamiento Social de marzo de ese año, a trabajar en forma remota al 100%. Desde ese momento sólo hemos tenido encuentros presenciales para algunas reuniones puntuales

A pesar del cambio radical que significó pasar de la presencialidad a la virtualidad, hemos funcionado en forma excelente. Para fundamentar lo que calificamos como "excelente", nos remitimos a analizar los múltiples indicadores de nuestro sistema de monitoreo de la gestión, a través de más de 40 indicadores claves de desempeño de la organización. 

Esos parámetros nos vienen demostrando que la virtualidad no es sólo un remedio pasajero mientras dure la pandemia, sino que vino para quedarse. Consideremos el aporte de la tecnología a la sociedad con cada transacción de home-banking. Basta recordar que para muchos trámites que hoy se hacen frente a una computadora o con el teléfono celular, sin limitación de horarios, debíamos movernos presencialmente hasta al banco. 

Ello redujo el uso del transporte (y la generación de más gases de efecto invernadero), el tiempo insumido que se resta del que podríamos usar en actividades productivas, acciones que de por sí solas ayudan a mejorar la utilización de múltiples recursos, ingrediente básico en la mejora de la productividad, ya sea personal o de la sociedad.

Por todo esto, hacemos votos para que la sociedad argentina, sin banderías de clases sociales, simpatías partidarias o credos religiosos, revaloricen fuertemente este concepto tan importante -nada menos que para el bienestar de la gente- que es la productividad. 

Velamos para que se produzca gradualmente este cambio en la forma de pensar y actuar de nuestros dirigentes para que todos podamos vivir mejor y desempeñarnos en entornos saludables de trabajo.

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