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Milei espera sentado y pretende que los gobernadores vayan a golpearle la puerta

Javier Milei se sentará a esperar. No hará ningún movimiento que se vea como agachar la cabeza ante los gobernadores, muchos de los cuales ya dejó bien en claro que lo defraudaron. El presidente reclamaba la fuerte serie de reformas que se preveían en la ley ómnibus para poder llevar adelante su gestión dentro de los carriles que había previsto. Sin esto, afirma, la Argentina va rumbo al colapso.

Pero Milei también observa que no solo se complicará su gestión, sino también la de los gobernadores que -según su visión- son marcados como los culpables del fracaso de la megaley.

"Ya van a venir y se van a tener que sentar a negociar; y ahí veremos qué pasa", dicen en el Gobierno. Los primeros movimientos en este sentido no tardaron en llegar. El ministro Caputo anunció que se cortan los subsidios a las empresas de transporte del interior, y ese fue apenas el primer golpe. En las provincias ya hablan que el golpe a los bolsillos podría ser de hasta el 200%.

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Los problemas también llegarán con los pagos de salarios. El gobernador bonaerense Axel Kicillof ya encendió el alerta y advirtió que, si el gobierno nacional no envía fondos, peligra el pago de salarios a docentes. Y el resto de los mandatarios va en la misma línea. Buscarán que Economía les permita financiar los salarios provinciales y municipales por fuera del cupo que tenían las provincias para financiarse. En medio del enfrentamiento y acusaciones cruzadas esta no es justamente una de las prioridades para el Gobierno.

Lo que se debería venir ahora es un nuevo intento por acordar un pacto fiscal. Aunque en ese caso sería ya sería producto de la necesidad de los gobernadores por sumar fondos, y no por pedido expreso del Gobierno. "Que vengan ellos, nosotros ya dimos mucho y así y todo la ley no salió", insisten en el oficialismo.

Y algo similar -solo por nombrar algunos de los ítems más importantes- ocurrirá con la obra pública. Milei mantiene la postura de que "no hay plata" del Estado para impulsarla, pero los gobernadores insisten en que sin esa pata todo será imposible. Si había alguna chance o expectativa respecto de esto, hoy es imposible. Si ni siquiera hay diálogo entre las partes.

Milei entiende que sin la megaley no será lo mismo, pero que encontrará vías alternativas para llegar a sus objetivos. Y que en el caso de las provincias, el ahogo sin el dinero del Estado nacional no será fácil de sobrellevar. En ese momento, confía el Gobierno, los gobernadores llegarán con intenciones de negociar. Y allí habrá que ver qué de todo lo que murió con la ley ómnibus vuelve a cobrar vida.

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