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Las dudas de los Estados Unidos con la Argentina: del ‘Efecto Macri' al ‘Riesgo Milei'

La Argentina es pura incertidumbre a los ojos de Washington. Para la Casa Blanca, el país se convirtió en un aliado estratégico. Una de las pocas certezas es que el próximo gobierno buscará un nuevo acuerdo con el FMI. No sólo hay dudas por el león: también, por su eventual garante

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Una niebla invade por estos días Foggy Bottom. No es, precisamente, el fenómeno meteorológico que dio nombre a ese barrio de Washington, uno de los más antiguos de la capital estadounidense. Allí, donde tiene sede el Departamento de Estado -a punto tal que suele usarse la denominación geográfica para referirse a la columna de la política exterior de la Casa Blanca-, entre los muy pocos que siguen el día a día de la Argentina, abundan las incógnitas. La incertidumbre impide ver un horizonte. Con esa falta de claridad, la situación económica y las elecciones presidenciales son luces que permiten distinguir un par de siluetas. Se habla del "Efecto Macri" y del "Riesgo Milei".

"Sorpresa". "Incertidumbre". Son las dos palabras que surgen de un nexo directo entre Washington y la economía argentina cuando se le pregunta por Javier Milei. "Sabemos que busca dolarizar. Las preguntas son cómo y qué tan rápido. Eso hizo mucho ruido, hubo una preocupación natural", indica.

"A estas alturas, hay más incertidumbre de lo habitual por el resultado de las PASO. Milei es el actor más nuevo en el escenario, el candidato que conocemos menos. Es más difícil prever cómo sería su administración que con Bullrich o Massa, a quienes ya conocemos", dice otra fuente, de naturaleza más política en su vínculo con la Argentina. Admite que, tras el resultado de agosto, el Libertario es una "opción real" de ser Presidente.

"Un contexto de crisis es propicio para el candidato que sólo dice: ‘Yo no soy eso'", agrega un consultor político con experiencia, tanto en la Casa Blanca como con América latina. Lo vincula a un fenómeno ya visto en el mundo y en la región: el avance de los partidos de los outsiders.

Tras las PASO, Javier Milei es visto como una opción real de gobierno pero, todavía, con muchas dudas.

Milei -qué hará, con quiénes y, fundamentalmente, cómo- es la pregunta del millón. "No hay tanto desacuerdo con lo que propone. Por eso, después de la reacción por la sorpresa de las PASO, los bonos subieron", apunta un observador de la cotización diaria de los títulos argentinos. "Si el diagnóstico está mal, vas a fallar en la medicina. El problema de la Argentina es un Estado que pasó del 22% al 45% del PBI. Los newyorkers dicen que ese diagnóstico de Milei es acertado. Dudan de su capacidad para implementar esa medicina", razona. 

Alejandro Werner, ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), coincide: "Milei tiene un diagnóstico de la economía en temas cruciales, en ‘espíritu', correcto. Lo difícil está en los detalles".

Para Werner, Milei tiene un "desconocimiento absoluto del gasto y de cómo se recorta". Además, objeta radicalmente la dolarización. "Lo único que resuelve es la inflación, la nominalidad. Los problemas fiscales y de competitividad siguen", argumenta.

De hecho, coincide con su antiguo empleador: la dolarización tampoco es la opción favorita del FMI. En el organismo, creen que, si la Argentina dolariza, generará otros problemas y con mucha más fuerza. El Gobierno de los Estados Unidos tampoco promueve la adopción de su divisa como moneda legal en otros países. 

La ecuación Milei, todavía, no despeja la incógnita del financiamiento. Antes de dinamitar el Banco Central, el candidato promete liquidar los títulos públicos que tiene en cartera y, así, juntar los u$s 30.000 millones que, dice, ya tiene apalabrados para sostener su programa. "Puede ser que haya hedge funds que compren bonos a 30% del valor. Ese perfil de inversores existe. Pero compran posiciones cortas, ninguno firmará tickets tan grandes", relativizan en otro organismo multilateral de crédito.

El Libertario ya anticipó, pos-PASO, que ese régimen monetario quedará para una segunda o tercera generación de reformas de su programa a 35 años,  aclarando en público lo que ya había expresado en diálogos privados. Sin embargo, la preocupación central es qué capacidad tendrá para llevar sus ideas de la teoría a la práctica ni bien empuñe el bastón de mando

En la divulgada reunión por Zoom que mantuvieron, le explicó al venezolano Luis Cubbedu, encargado del caso argentino ante el FMI, que se propone reducir el gasto en 5 puntos de PBI al cabo de un año de gestión. "Hay que ver cómo va a llegar. No hay estabilidad sin cooperación", dicen en Washington.

En tal sentido, la comparación más oída en esa ciudad es con Pedro Castillo, sorpresivo ganador de las elecciones peruanas en 2021 y depuesto antes de cumplir un año y medio de mandato. "Se necesitan 5000 personas para manejar un país. Castillo tenía 40 y la mayoría eran primos suyos", describe un experimentado walker de la diplomacia latinoamericana. "Gobernar con la gente en la calle es un claro error", agrega, sobre la postura de avanzar sin consensos.

"Una cosa es el discurso para ganar votos. Después, se gobierna como se puede. Esa es la realidad. En este caso, veo eso: si tiene políticas para aplicar su discurso. Y eso es algo que sólo se comprueba empíricamente", completa.

Prima le percepción en el establishment político y económico de los Estados Unidos de que, más allá de algunos pocos nombres conocidos, la comparsa libertaria es un "one man show". Esto alimenta una especulación -o esperanza, según el caso- de un deal de gobernabilidad con Mauricio Macri. El ex Presidente sería, así, una barrera de contención a los impulsos del león, función análoga a la que tuvieron evangelistas y militares con Jair Bolsonaro en Brasil y el Partido Republicano y la Corte Suprema con Donald Trump en los Estados Unidos. Pero, para otros ojos, no sería el mejor garante.

En Washington, quedaron heridas de la desilusión que significó el gobierno de Macri.

Qué es el "Efecto Macri" y por qué lo sufrirá cualquiera que gane en las elecciones

"El ‘Efecto Macri' sigue en Washington y eso es algo muy negativo para la Argentina", analizan en un think tank de afinidades ideológicas y personales con las últimas administraciones del Partido Demócrata (la Obama y la actual). "Cuando Macri ganó, todos aquí se convencieron de que había una nueva Argentina. Y, al final, no hubo tanto cambio", explican.

"Cuando todos se entusiasmaban con la Argentina, dije: ‘Cuidado. Primero, es la Argentina. Segundo, Macri fue electo presidente de la Argentina'. Hay cuestiones estructurales de la política y la economía argentina que no van a cambiar con cualquiera de los tres que ganen las elecciones", amplía el titular de ese think tank.

¿Qué son esas cuestiones? "Ser Presidente de la Argentina significa ser presidente de un país con una economía cerrada, orientada hacia adentro. Y, además, de un país con cierto nivel de política clientelista. Son los ejes más importantes que afectan al margen de maniobra de cualquiera que sea electo Presidente de ese país", responde. Augura que el ganador de 2023 cargará con una pesada mochila de escepticismo cuando peregrine al Norte, sea Milei, Patricia Bullrich o, incluso, Sergio Massa.

"El ‘Efecto Macri' ya le afecta a Massa hoy. Le afectó en su interlocución con Washington y no cambió", precisa. "También es cierto que, aquí, a Massa lo conocen mejor y desde hace mucho tiempo. En ese sentido, eso es más desventaja para los otros que lo que sus rivales piensan que es. Llegar y ser el candidato nuevo, fresco, es algo que ya fue usado y no dio tantos buenos resultados", apunta, acerca del que ve como mayor activo del candidato de Unión por la Patria, al menos, ante los ojos de Washington. Pero su visión podría pecar de parcialidad.

"Con Massa, es difícil saber...", intenta descifrar el enigma Werner. "Aquí, se coincide con el 30% de lo que propone. Pero se sabe que implementará el 80% de eso. En cambio, con Patricia Bullrich, puede haber muchas más coincidencias. Sin embargo, se cree que implementará el 30%", continúa. Ese cálculo de probabilidades deja mejor posicionado al Ministro de Economía. "Además, si bien Massa tendrá en contra el desgaste de la relación con el Fondo, tendrá a su favor el punto de la gobernabilidad", finaliza.

Los ojos atentos de la Casa Blanca: evitar otro 2002

Gobernabilidad, precisamente, es el nombre del juego. La Argentina, hoy, es un aliado estratégico de los Estados Unidos en América latina, en un contexto de cambios muy profundos en el orden mundial que, según altos funcionarios de la Casa Blanca, sólo se dan una vez cada cuatro o cinco generaciones. De allí, su decisión de apoyar en el Fondo, no al gobierno de Alberto Fernández, sino al país, con el que mantiene sus mejores relaciones en muchísimos años, por razones mucho más gravitantes que newsletters o cualquier otro esfuerzo del muy activo embajador Jorge Argüello

"Nos preguntábamos si era mejor que la crisis fuera ahora o más adelante. Nuestra respuesta fue que no hubiese crisis", razonaron a metros del Salón Oval. "No queríamos que la Argentina entrara en un período económico feo, para que no se repita 2002", aseguran, pese a reconocer, sin pelos, que el país no había sido el "mejor ejemplo" en su relación con el FMI.

Los esfuerzos coordinados entre el National Security Council y el Departamento del Tesoro con el Fondo fueron un "emblema" de la nueva relación que los Estados Unidos quieren forjar con América latina, dicen en la Administración Biden. "Hay muchas empresas nuestras con intención de invertir. Pero les preocupa el riesgo político", explican. A mediano plazo, la agenda tiene puntos económicos: recursos naturales estratégicos, como energía (gas, petróleo, renovables), minería (litio, cobre), agua y tecnología (en especial, el 5G). Pero, también, vectores geopolíticos: la competencia con China y, más recientemente, las esquirlas de la invasión rusa a Ucrania. "Estados Unidos no podía quedar como el responsable de la catástrofe argentina. Por eso, el fuerte apoyo ante los países más importantes del board del FMI", contextualiza un conocedor de la relación bilateral.

"Quien gane la elección tendrá que tomar decisiones fiscales y monetarias muy difíciles, en un ambiente político muy difícil. Y eso requiere gastar capital político", vaticinan en Washington, a pasos de la Casa Blanca. El Gobierno de Joe Biden tenderá la mano, cualquiera sea la decisión de las urnas, aseguran. "Estamos enfocados en el proceso, no en el resultado. Podemos trabajar con cualquiera de los tres candidatos, si resultan electos. Si creemos que toman decisiones antidemocráticas, vamos a decir algo. No tenemos problemas", sugieren. 

En el FMI, dan por hecho que los tres candidatos buscarán un nuevo programa en caso de ser gobierno. Otra coincidencia con Werner: "El próximo gobierno tendrá un mejor plan económico que el actual. Eso le dará a la Argentina un poder de negociación importante porque el Fondo querrá ser parte de eso y no quedar atado al programa de Alberto Fernández".

El contexto externo también ayudará: será mejor, incluso, que el que gozó Néstor Kirchner, pronostica uno de los analistas más escuchados de la City y Wall Street. Para aprovecharlo, la Argentina no deberá ir al Fondo, sino a fondo: el desequilibrio fiscal, la raíz de todos sus males. "El gran tema del país es su desbalance fiscal: cuál es el tamaño de Estado que quieren y cuál el que pueden financiar", diagnostica Werner.

Antes, debe resolver cuestiones urgentes. En Wall Street, ya hay quienes manejan pronósticos de inflación del 19% para febrero, simplemente, por inercia del reacomodamiento de precios relativos, al menos, después del sacudón cambiario del 14 de agosto. "Es lo que da la econometría hoy. Pero, en la Argentina, la econometría no siempre funciona", relativiza el autor de la proyección, acostumbrado a que el país le haga romper manuales con frecuencia.

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