ANÁLISIS

Los desafíos del peronismo

El peronismo, desde su nacimiento en 1945, se constituyó en la fuerza política más gravitante de la Argentina. Ya en sus orígenes, su volumen electoral la convirtió en el partido más competitivo, tal es así que fue necesario el exilio forzado de su líder y la proscripción del justicialismo para evitar su vuelta al poder por la vía de los votos después del golpe de 1955. Habilitado a competir en los 70, las divergencias internas y la muerte de Perón desataron una conflictividad a su interior que tornó inmanejable el gobierno a su viuda y sucesora.

Si la transición a la democracia en los tempranos 80 pareció amenazar la centralidad peronista, el sueño alfonsinista del nacimiento del tercer movimiento histórico fue sepultado por las dificultades del gobierno radical para domar una economía cuyos principales problemas han vuelto a nuestra memoria recientemente de la mano del libro de Juan Carlos Torre, que relata las peripecias para lidiar con la inflación, entre otros temas, del equipo económico del primer gobierno democrático. Se trata del mismo libro que CFK le obsequió al presidente Alberto Fernández a propósito de su último cumpleaños.

La llegada de Menem al poder, la convertibilidad de Cavallo y los largos diez años con reforma constitucional y reelección incluida, revivieron el mito de la hegemonía peronista. Pero si algo faltaba para reavivar esa llama, apenas unos años más tarde se producía la salida anticipada del poder de Fernando de la Rúa seguida de la crisis de la convertibilidad y el nacimiento del ciclo político en el gobierno de mayor duración desde el retorno a la democracia, también de signo peronista pero con sello propio: el kirchnerismo.

Cambiemos, liderado por Mauricio Macri, pareció que llegaba en 2015 con chances para iniciar un ciclo largo de gobierno no peronista pero sus dificultades para manejar la economía precipitaron la vuelta del peronismo al poder en 2019. Así, las tensiones internas que se fueron desplegando durante los gobiernos de Néstor y Cristina fueron resueltas, al menos precariamente, mediante la construcción electoral de Frente de Todos, que convocó a la diáspora peronista bajo el lema "Con Cristina sola no alcanza pero sin Cristina no se puede''.

Luego de dos años y medio del triunfo de 2019, el hecho inédito en esta oportunidad es que por primera vez el peronismo en el poder no parece tener las condiciones para inaugurar un largo ciclo, como si lo hizo en 1945, 1989 o 2003. Un problema inflacionario creciente combinado con tensiones al interior del Frente de Todos ponen en dudas su capacidad electoral para sostenerse en el gobierno más allá del 2023.

La derrota en las elecciones de medio término y el más reciente acuerdo con el FMI marcaron los puntos de inflexión en la relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Sin dudas, dicho vínculo esta signado por diferencias acerca del rumbo estratégico pero también por la falta de eficacia electoral, que se refleja además en bajos índices de aprobación del gobierno y de sus principales referentes. Falta de perspectivas y crisis de liderazgo despiertan el interrogante acerca de que ocurrirá con el peronismo en el 2023. Y esto como ya sabemos, es relevante tanto para el oficialismo como para la oposición.

Quiero concentrarme en dos fotos que sucedieron en la última semana que pueden servir para ayudarnos a entender la película. La primera muestra la presencia de Paolo Rocca, el principal referente empresarial argentino, junto al presidente Fernández, en un anuncio sobre el mejoramiento de las condiciones para la inversión en el sector petrolero. La segunda foto sucedió en la ciudad de Mendoza, en la que una de las principales referentes de CFK en el Senado realizó una muy amplia convocatoria al peronismo, que llegaba hasta Juan Manuel Urtubey, para discutir el futuro de esa fuerza política.

¿Por que son representativos esos momentos fotográficos? Porque expresan decisiones políticas que han tomado el presidente y la vicepresidenta que tienen consecuencias directas sobre el futuro. En lo inmediato ambos han decidido desenganchar su suerte del otro. En un contexto económico muy complejo, el Presidente apuesta a llegar al final de su gobierno acompañado por gobernadores, sindicatos, un sector de los movimientos sociales y suma ahora al empresariado. Mas allá de la retórica que convoca a la unidad, Alberto Fernández ha entendido que CFK ya no será de la partida de aquí a diciembre del 2023. Lentamente, parado sobre un cierto marco de posibilismo, se ha colocado en el lugar de un peronismo "racional", como se le suele denominar. Acuerdo con el fondo, actualización de tarifas, y ahora suma marcos adecuados para fomentar la inversión. Las fotos y señales hacen el resto.

En el otro lado, CFK y el kirchnerismo observan como Fernández ha decidido cortar amarras más allá de ambigüedades discursivas. Su preocupación está puesta en el 11 de diciembre del 2023 mas que en el 10. Con un capital electoral que se ve amenazado y los niveles de imagen en los valores mas bajos desde su salida de la presidencia en 2015, Cristina tiene dos desafíos por delante. El primero, conservar su núcleo duro de votantes, el segundo, tratar de articular un frente electoral que le permita conservar su dominio sobre la provincia de Buenos Aires e ingresar en el balotaje. Para lo primero, realizan ella y sus principales espadas declaraciones públicas que marcan diferencias profundas con el Gobierno. Hablan a sus votantes. Para lo segundo, emite señales y tiende puentes con el peronismo.

Sin embargo, estas posturas no parecen ser contradictorias en su totalidad pues lo que no ocurre es un proceso de ruptura explícita, sino mas bien un equilibrio inestable pero que pareciera tener cierta funcionalidad para ambas partes. Si el kirchnerismo se quedara atrapado en acciones que intentaran preservar su identidad y llevara esa tensión al máximo, seguramente abandonaría el Gobierno, acelerando una crisis política con futuro incierto, con alto riesgo de quedar reducido a una fuerza testimonial de carácter legislativa. Sí Alberto planteara públicamente sus diferencias y fuese más drástico con sus aliados, probablemente le daría a la situación política un carácter mucho mas dramático en el que no tiene nada para sumar y dejaría al peronismo en una situación de extrema debilidad de cara al proceso electoral

¿Pero que nos dice todo esto respecto al futuro electoral del partido fundado por el General Peron? 1. Que más allá de las tensiones, no necesariamente el escenario electoral es de ruptura. 2. Es esperable que la fórmula presidencial no se repita pero tampoco se repita el dedazo por twitter que lo catapulto a Alberto a la presidencia. 3. Habrá que ver cual es el umbral en el que Alberto decide declinar sus sueños reeleccionistas. 4. Habrá que ver hasta que lugar estará dispuesto el kirchnerismo a estirar su pragmatismo. 5. Serán claves los niveles de fragmentación en el universo opositor, ya sea por emergencia de nuevas opciones (libertarios) o por tensiones al interior de Juntos Por el Cambio.

Si bien la fuerza gobernante atraviesa una crisis de popularidad en la opinión pública y sus referentes registran los techos electorales bajos como nunca antes, no hay como contracara un escenario electoral definido con un liderazgo indiscutido que conviertan a la elección en un trámite sin alteraciones. Por el contrario, el escenario se muestra volátil, y cualquier fuerza que supere los 30 puntos porcentuales estará en condiciones de afrontar una elección competitiva. A eso, seguro, apuesta todo el peronismo,

Tags relacionados
Noticias del día

Compartí tus comentarios

Formá parte de El Cronista Member y sumate al debate en nuestros comentarios