

Los representantes de Juntos por el Cambio están en el centro de una encrucijada, pero hasta el momento no encontraron la forma de resolverla a la altura de los valores que defienden como nucleamiento político. Cuando Mauricio Macri fue el responsable de la gestión de gobierno, se cansaron de achacar al Frente para la Victoria, el sello aglutinador que usó el peronismo post Cristina, comportamientos irresponsables por no acompañar iniciativas sensibles para mantener la gestión a flote. Con los roles cambiados, hoy JxC quiere marcar diferencias con las decisiones de Alberto Fernández, pero agita una posición casi simétrica a la que ejercían sus opositores en 2018 y 2019.
La Argentina hoy no tiene opciones, como no las tuvo Macri cuando levantó por primera vez el teléfono para hablar con Christine Lagarde. El argumento no cambió: el financiamiento del Fondo Monetario es la alternativa más razonable a la que acude cualquier país que no tiene posibilidad de cubrir sus vencimientos de deuda. Cualquier otro camino, a la larga o a la corta, sería más caro en términos económicos. Si se comparara la presentación de Guzmán hecha ayer en Diputados, con algún discurso de Nicolás Dujovne de esa época, seguramente encontraríamos diferencias técnicas. Pero la base argumental sería muy similar.
La oposición argumenta que los compromisos asumidos por el Gobierno ante el FMI no resolverán los problemas. Sabe que por las diferencias internas que tiene la coalición oficialista, no cabe esperar mucho más. Pero hoy parece decidida a esmerilar cualquier chance de enderezar algo el actual rumbo de la economía, rumbo que no comparte. Ricardo López Murphy remarcó ayer en el debate (con ironía política, algo inevitable) que por lo menos gracias al acuerdo con el FMI el Gobierno va a ejecutar algunas políticas más razonables que las ejecutadas en estos últimos dos años. Su crítica apuntó a la gestión del Banco Central.
La salida a la que apuntan los bloques opositores, es habilitar el quórum para el tratamiento de la ley que refrenda el acuerdo, votar el artículo que habilita al Ejecutivo a tomar la nueva deuda, y no acompañar el artículo que recoge el memorándum que traza las metas y objetivos negociados. Su punto es que no quiere convalidar políticas que no comparte. Pero cuando se votó en 2020 la ley que autoimponía al Gobierno a conseguir el aval legislativo para los futuros entendimientos con el Fondo, ese fantasma no molestó. Hoy sí, por la simple chance de que alguien quiera hacerlos partícipes del costo de las medidas a tomar.
La Argentina necesita que el barco llegue a algún puerto. Juntos por el Cambio salvar su postura con un documento técnico que exhiba sus diferencias con el acuerdo. No debería olvidar que los argumentos que use hoy van a valer para quien gobierne en 2023.













