Análisis

Las cuatro burbujas que agravan la pandemia

En pandemia, el mundo funciona como un espejo donde algunas regiones muestran lo que, tarde o temprano, termina pasándole a otras. El futuro se adelanta, se ve, duele, causa sorpresa, indigna y, aun así, no es del todo evitable en términos de conductas individuales o sociales para sortear vulnerabilidades o peligros.

Nadie es completamente dueño de la situación, provoca el filósofo Robert Spaemann. Nadie puede crear para sí solo un espacio libre. Dependemos de la cooperación. Aún la cooperación organizada jerárquicamente depende de la voluntad de otros. 

El riesgo debe plasmarse (y concebirse) como un derecho ciudadano, como un proceso de construcción social. La percepción social del riesgo, como la confianza, no viene dada. Más bien se aprende desde la desconfianza. Igual, el aprendizaje social que vemos en vivo y en directo, es discreto, discretísimo.

A grandes rasgos, el mundo se divide en dos grandes mayorías: países democráticos donde hay serias dificultades para crear un consenso sanitario y países no democráticos de los que sabemos casi nada. La consigna de Lenin: "La confianza es buena, el control es mejor" es cuestionable por la merma de libertad, pero excepcionalmente podría ser entendida en el sentido de "más eficiente".

 Pero también el control sin confianza deja de ser eficiente. No es soportable en países democráticos. Europa, en un nuevo pico pandémico, deja ver todos los días como la imposición de medidas restrictivas se sostienen cada vez desde el control policial o militar. Incluso los jóvenes encabezan una especie de "desobediencia civil" contra lo absurdo de algunas reglas. Nada que no empecemos a ver aquí.

Y es que cuando asoma un riesgo súbito, sorpresivo y que agarra a los sistemas con pobres y escasas capacidades de reacción, el control "se aguanta" un rato en aras de la "eficiencia". Pero entre personas libres que pueden actuar de un modo o de otro y más a un año del inicio de la pandemia, el hastío y una catarata de sesgos cognitivos han empezado a poner en cuestión todo proceso que se asemeje a construcción de confianza.

Vale la pena analizar una serie de burbujas

La burbuja del encapsulamiento.

No importa que sean países federales o unitarios. La descoordinación operativa multinivel ha gestado decenas de miles de burbujas en el mundo. La crisis mundial, aun con muchas regiones todavía en situación de riesgo elevado desde el punto de vista sanitario, ha tenido una característica: la ausencia de cooperación global. Y no sólo entre países, sino entre regiones e incluso ciudades. "La solidaridad europea no existe, era un cuento de hadas", decía el presidente serbio Aleksandar Vucic.

 Las disposiciones para circular entre países y regiones se modifican arbitrariamente. Baste querer viajar en auto atravesando varias provincias argentinas para sentir el despropósito de medidas diferentes. Y ni hablar de las decisiones arbitrarias y desinformadas. En un pueblito turístico de Córdoba prohíben que la gente continúe en el balneario pasada la medianoche, pero permiten que las peñas en lugares cerrados continúen hasta las 4 am. En Ciudad Autónoma de Buenos Aires piden el trámite de PCR en algunos hoteles, pero hecho en Buenos Aires. Dije trámite, no el resultado que puede demorar más que el tiempo que dure el propio alojamiento. Burocracia irracional. Decisiones irracionales.

La burbuja de la ignorancia

O la "sin razón" de los sesgos cognitivos. Se mezclan problemas de comunicación con problemas de percepción. Las personas son proclives a tolerar altos niveles de riesgo en actividades que suponen les traen altos beneficios. El problema es que la percepción del riesgo distorsiona fácilmente al riesgo real y no es objetiva. No desean colocarse vacunas por el supuesto riesgo de la vacuna, pero no colocársela le genera un riesgo mayor.

Por eso hay que tratar de que en la comunicación de riesgo estén presentes tres principios importantes según Vincent Covello. Principio democrático: la ciudadanía tiene el derecho a participar de las decisiones que afectan a sus vidas, sus propiedades, y aquellas cosas que consideren valiosas. Principio de participación: lograr un público informado, involucrado, orientado a las soluciones y colaborador. Principio de interacción: lo idea es lograr respeto mutuo, la confianza y el intercambio abierto de información.

¿Es ello hoy posible? Difícil. Por eso no hay que profundizar más de lo debido el desacuerdo, al menos por dos sesgos muy complejos de revertir.

Uno constituido por las personas que menos saben y que a menudo están convencidas de que saben más. Este sesgo tan frecuente de la "superioridad ilusoria" - llamado efecto Dunning-Kruger-, refiere a habilidades o conocimientos por los cuales, sus enunciadores, se consideran más inteligentes que otras personas más preparadas, y miden incorrectamente su habilidad por encima de lo real. La síntesis de sus hallazgos arraiga en que la ignorancia genera más confianza que el conocimiento.

Pero también el llamado "sesgo de confirmación" hace que las personas reaccionen frente ante la autoridad política a la que le toca gestionar el riesgo de acuerdo a la afinidad o rechazo que le genere según sus preferencias políticas previas, de moto tal que la postura política de cada uno solo termina confirmando lo que cada quien pensaba antes de la situación riesgosa. 

Es impactante en la actualidad. Según un estudio nacional de enero de la consultora Zuban-Córdoba, 46,5% cree que el Gobierno está comunicando claramente las medidas respecto a la gestión de la pandemia (16,7% en votantes de Macri y 72,1% en votantes de Fernández) y 51,2% que lo hace confusamente (82,7% y 25,9%, respectivamente). No importa ya la buena comunicación.

La burbuja del cinismo

Se asiste a altas dosis de cinismo en sus dos variantes, como oportunismo y como optimismo.

Como oportunismo cuando los actores públicos distorsionan toda conducta para híper partidizar e híper ideologizar cualquier acto público con tal de desacreditar a su oponente. Donde el cinismo es más bien incoherencia o a la inversa. Ya ni considero aquí los intentos de actores del servicio público en el mundo que alteraron el orden de vacunación para beneficiarse personalmente o a sus familiares, donde hay casos en Austria, Reino Unido, EEUU y empezaron a sucederse en América Latina.

Pero también hay un cinismo que funciona a modo de optimismo cruel prometiendo o ejerciendo actos discursivos irresponsables de un estado irreal en el corto plazo. Como las palabras del alicaído Jaime Rodríguez Calderón, gobernador del rico estado mexicano Nuevo León afirmando que "si vacunamos de manera masiva, abrimos todo, estadios conciertos, casinos, restaurantes, centros comerciales, la actividad volvería de manera contundente a Nuevo León".

 Nada diferente a la idea de post Covid-19 que funciona en los discursos políticos o en las publicidades de las grandes empresas prometiendo un destino "normal" que nos espera ahí, a la vuelta de la esquina.

La burbuja de la desigualdad

"Debo ser franco: el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico, y el precio de este fracaso se pagará con las vidas y el sustento de los países más pobres" advirtió el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. La dinámica del poder y el dinero son la esencia de la supervivencia.

 El multilateralismo es de tipo testimonial. Aún los recientes acuerdos en la Unión Europea dejan sabor a poco en la ciudadanía, y eso que incluyen una expansión del gasto público. Al momento, menos de un tercio de los países del mundo se encuentran vacunando. Hay estados subnacionales ricos que quieren saltear a los gobiernos nacionales. Pero también a escala micro pasa esto. 

Hay turismo sanitario internacional para las vacunas. Los complejos vacacionales de más alta gama son los más requeridos porque garantizan más aislamiento. Las burbujas son para quien puede pagarlas (corralitos en playas privadas, acceso a clínicas privadas, etc). La educación es menos problema para quién tiene acceso digital garantizado y una enorme cantidad de situaciones donde la asimetría es dolorosa.

Quizás quede una síntesis desde estas burbujas: necesitamos de la cooperación. En términos sanitarios, la gestión del riesgo, o es cooperativa o no es.

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