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La tregua con Cristina baja el ruido interno pero aumenta otros costos

La designación de Silvina Batakis resolvió un problema inmediato pero reabrió otros que no tienen que ver estrictamente con lo que haga, sino con lo que muchos actores económicos esperan que haga.

Martín Guzmán se fue del ministerio porque su gestión no tenía destino si el resto de la coalición gobernante no estaba de acuerdo con sus objetivos. Esa falta de respaldo político, fruto de la confrontación cada vez más expuesta entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, causaba una incertidumbre que nublaba toda perspectiva de una mejora económica.

Guzmán fue consciente en todo momento que a partir de su renuncia, el Presidente no iba a tener más alternativa que enhebrar una opción más sólida desde el punto de vista del consenso, porque nombrar a un economista confiable como Emmanuel Álvarez Agis no iba a dar muchos frutos si el kirchnerismo no dejaba de arrojar cascotes. Por eso Alberto no se inclinó por la opción Massa, que propugnaba un cambio más audaz pero a la vez más incierto en términos de aceptación dentro del FdT.

Miguel Pesce, que entiende las necesidades económicas de su amigo el Presidente pero también las políticas, le dio una vía de salida al señalar que con Batakis se podía trabajar en el camino iniciado por Guzmán, pero sin arrastrar las facturas que el ministro saliente había acumulado en sus 30 meses de gestión. Cuando Fernández llamó a su compañera de fórmula, asumió que iba a resolver parte de sus problemas inmediatos. Pero no todos.

Una parte importante de la crisis proviene de las pocas expectativas generadas por el tándem Alberto-Guzmán. El acuerdo con el FMI ayudó, pero hasta ahí nomás, porque los inversores asumieron que el Gobierno (no el ministro de Economía) estaba más dispuesto a superar sus límites que a forzar su cumplimiento. La llegada de Batakis no alteró esa percepción. Por el contrario, la profundizó. Pero cabe señalar que fue una reacción puramente especulativa, ya que la nueva ministra no tuvo tiempo de pronunciarse hasta después de su asunción.

La clásica respuesta preventiva no se hizo esperar: salto del dólar informal, caída de bonos y acciones, remarcaciones de precios, obligarán a la nueva funcionaria en la necesidad de ofrecer algunos gestos que nivelen el barco. "Vamos a seguir el programa económico que marcó el Presidente", subrayó. Faltan otras definiciones, aunque no ignora que su margen para correrse del sendero trazado con el Fondo es mínimo.

El precio de la tregua interna aún no está a la vista. Menos ruido político ayudará. Lo que mirará el mercado es el margen de acción que recuperará Cristina en esta nueva etapa.

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