Gabriel Katopodis y Mariano Cascallares fueron claros y concisos. Querían saber cuánto margen tenían para cumplir con la palabra que Axel Kicillof empeñó ante los intendentes del Movimiento Derecho al Futuro y otros más que se le acercaron durante el último año para conseguir las reelecciones indefinidas.
Del otro lado, aunque en la misma mesa, Facundo Tignanelli los escuchaba casi con displicencia y algo sobrado de poder. “Es muy sencillo todo. Si le dicen a Axel que habilite la cobertura de las vacantes de la Corte y le resuelve lo que le debe a los intendentes, no hay problemas”.
La postura de Máximo Kirchner, el jefe político de Tignanelli, es clara: “Si Axel lo prometió, que se ocupe él de sacarla”.
El tema de las reelecciones obsesiona a los intendentes. Pero los legisladores los manejan, mayoritariamente, Kirchner y Sergio Massa. Los jefes comunales tienen cientos de argumentos para discutir su “necesidad y urgencia”, aunque la menos discusión provoca es que “como los vinos, cuanto más añejos, mejor”.
En este caso, “somos mejores intendentes ahora que en la primera gestión. No podes tirar a la basura la escuela que hicimos en este tiempo”, se escudan.
¿Excusas para impedir la renovación política? Puede ser. Los otros dos estamentos Ejecutivos que marca la división de poderes en la Argentina no tienen más de una reelección. Ni el Presidente ni los gobernadores, salvo casos hoy discutidos judicialmente.
El exintendente de San Vicente, Daniel Di Sabatino, había dicho alguna vez. “Nosotros empezamos acompañados con funcionarios. Después, en el segundo mandato, por amigos. En el tercero ya terminamos con socios”. Como diría Carlos Pagni, habladurías.
Tras su regreso de Córdoba en donde participó de un homenaje a José Manuel De la Sota y también se celebró por la victoria peronista en Macos Juárez -el Kilómetro 0 de Cambiemos ahora transformado en el de la recuperación del peronismo no K-, Sergio Massa escuchó a los jefes comunales del Grupo de los 12 y los propios del Frente Renovador en San Fernando. El anfitrión fue Juan Andreotti, quizás el alcalde con menos ganas de seguir participando de la política activa.
“Los Doce”, que no tiene nada que ver con “la 12”, son una agrupación variopinta, de múltiples procedencias que se animaron a crear una cuarta corriente provincial, independientes del MDF de Kicillof, el Frente Renovador y La Cámpora. También hay no alineados como Leonardo Nardini, quien esta semana recibió a su “candidato a presidente” Sergio Uñac.
Estos intendentes se presentaron en sociedad hace más de un mes cuando se juntaron en la Gobernación con el dueño de casa, Kicillof. Ahí le plantearon la necesidad de dirimir las internas vía PASO y le pidieron por las re re. Hace diez días estuvieron con Máximo Kirchner con el mismo temario y esta semana con Massa.
El líder del Frente Renovador, quien ya no solo es el “gran consultor de la política argentina” sino que también se hace ver como candidato presidencial del Círculo Rojo alternativo, fue tan amable como siempre y les dijo con claridad que si bien él no podía votar a favor, no iba a hacer nada para obstaculizar ese objetivo.

Massa y Kirchner combinan las actuaciones y representaciones. Y si bien a los intendentes eso no les molesta, también tomaron nota que ya están llegando a un límite para ser “llevados hasta el límite”. Por eso apretaron el acelerador sin distinción de conducción política. ¿Habrá llegado la hora de los intendentes? Quieren que uno de ellos sea gobernador en 2027 y no depender de ninguna “orga”.
La elección del 2025 demostró, además, los límites que las superestructuras y las conducciones como Cristina Fernández de Kirchner, representada por su hijo, les imponen a los intendentes. Ninguno pudo llegar a ocupar un lugar en la lista de diputados nacionales, ergo, siempre están sujetos a pelear por lo que ya tienen, que son los municipios.
“Por eso, en la linda charla que tuvimos ayer con Sergio, le dijimos que tenía que ser uno de nosotros o que haya pasado por una comuna el próximo gobernador”, dijo uno de los presentes en la larga cena a El Cronista.
En el otro lado de la mesa política está la alianza que ya decidieron realizar el PRO con La Libertad Avanza en paralelo al cada vez más “picante” candidato presidencial macrista Hernán Lacunza. Sus apariciones están empezando a poner en alerta a los que creían que todo iba a ser “armónico y natural”. Parece que Mauricio Macri pretende que no sea tan así, por más que sus súbditos sientan que con la unión entre partidos sería más sencilla”.
La manera de analizar la política entre “amarillos” y “violetas”, además, es muy diferente. Por el lado de los macristas no hay dudas de que el candidato debe ser Diego Santilli y que los municipios donde gobiernan los del PRO no puede haber internas.
Pero si en la Provincia de Buenos Aires se habilitan las primarias, ¿cómo harán para impedirlas? ¿Gustavo Posse, por ejemplo, con el aval de Maximiliano Abad, que pretende estar en la mega alianza anti-K bonaerense, no podrá competir contra Ramón Lanús? ¿Sergio Iacovino, el expresidente del HCD, tendrá que contenerse contra Diego Valenzuela? Preguntas sin respuestas.
Algunos empiezan a proponer a Santilli como vice de Javier Milei, aunque el Presidente pretende que sea otra persona quien lo acompañe en 2027. Y si no es “El Colo”, en algún laboratorio ya piensan explotar el tema de la inseguridad bonaerense con Patricia Bullrich. ¿Aceptará la senadora semejante invitación a retirarse de la carrera presidencial?

En este mar de hipótesis, los libertarios no paran de desangrarse. A la salida de Leila Giani en La Matanza se sumaron la de la concejal de Luján, Noelia Etis, quien armó un “monobloque” para conseguir un cargo para su estructura política en el legislativo local.
En Pilar, Solana Marchesán, quien se acercó oportunamente al diputado nacional Guillermo Montenegro, exarmador político de Victoria Villarruel, también se fue ofendida. En Escobar, Mariana Huber se alió con el aún no candidato Dante Gebel al igual que en Gessell lo había hecho, en abril, Luis Vivas.
El 24 de marzo fue echado Leonardo Goria por haberse puesto en favor de la Verdad y la Justicia mientras que Ariel Aguilera, de Morón, apenas asumió ya había ido a abrazarse con Villarruel. Y hay otros episodios similares a lo largo y ancho de la Provincia, con peleas virulentas en distritos claves como Bahía Blanca y Mar del Plata.
Sin embargo, los casos más delirantes fueron los del matrimonio, ahora divorciados, Julián Altamira y Agustina Jauregui, en Marcos Paz. Ambos fueron electos concejales pero, al separarse, ella lo denunció a él y la Justicia le impuso una perimetral. Entonces, uno de los dos no podía estar en las sesiones del HCD cuando estaba el otro. Recién hace un mes pudieron resolver el dilema y por mutuo acuerdo levantaron la denuncia por violencia de género.

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