La letalidad por Covid-19 en la Argentina: ¿mayor que en otros países? ¿cuánto? ¿por qué?

Desde hace varias semanas atrás, Marcelo Longobardi se pregunta al aire en su programa de radio matinal cómo es posible que la tasa de letalidad por Covid-19 (muertes/contagios diarios) en nuestro país sea muy superior a la de otros países del hemisferio norte (EE.UU., etc.). Es una pregunta válida obviamente. Aquí aporto un análisis de los datos estadísticos disponibles para comprender mejor las diferencias en las tasas de letalidad observadas actualmente. En el camino, aparece un aprendizaje sobre cuál medida de vacunación es relevante en términos de dicha tasa de letalidad.

Hay varios factores seguramente relevantes que inciden en el valor de la tasa de letalidad por Covid-19 de cada país en cada momento, incluyendo diferencias de calidad del tratamiento médico y/o salubridad intrínseca de la población, cobertura de la vacunación, eficacia de la vacunación parcial y completa (que dependen de qué vacunas se aplicaron y cuál sea la variante de Covid-19 predominante), vacunados que hubieran contraído la enfermedad previamente (por lo cual aumenta su inmunización), etc. Tampoco puede descartarse, obviamente, que exista o haya existido un subregistro de contagios que distorsione (aumente incorrectamente) el ratio entre fallecidos y contagiados (esto es, la tasa de letalidad).

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En un análisis inicial, tomando la información disponible en Our World in Data (limitada a 28 países en lo referido a la vacunación completa por rango etario), agregando datos obtenidos (y aproximaciones derivadas) en páginas oficiales de 5 países adicionales (incluida la Argentina) para alcanzar una muestra de 33 países, debo omitir considerar algunos de estos factores potenciales. Sin embargo, sí puedo avanzar notando tres aspectos claves:

  1. La tasa de letalidad debe reconocer el rezago que existe -entre 2 y 3 semanas- entre los nuevos contagios registrados y los fallecimientos que se derivan de ellos, lo cual lleva a reducir la tasa de letalidad de países en una fase decreciente del ciclo de contagios (ej., Argentina) y aumentar la de los países en una fase ascendente (hemisferio norte en general);
  2. Dado que la letalidad de la población de más de 60 años tiene una letalidad muy superior a la de la población entre 25 y 59 años (9% vs. 0,35% en el primer bimestre del año en Argentina, previo a la vacunación masiva), la cobertura de la vacunación completa más relevante seguramente sea aquélla medida respecto de la población mayor de 60 años;
  3. La tasa de letalidad registrada en el pasado, previo a la vacunación (por ejemplo, en el último trimestre de 2020), pese a haber estado entonces muy asociada -estadísticamente, considerando los 33 países de la muestra- con la positividad de los testeos, puede sintetizar a priori (imperfectamente) la calidad del sistema sanitario y/o la salubridad general de la población.

Las primeras dos observaciones cambian sustancialmente la interpretación de la situación relativa de la Argentina. La Figura 1 muestra que si no se corrige por la fase del ciclo de contagios (tomando el ratio entre fallecidos y contagiados en la misma semana -del 20 al 26 de agosto), la tasa de letalidad en nuestro país es mucho mayor que cuando sí se corrige, ocurriendo lo opuesto en la muestra en su conjunto (con casos salientes como el de Canadá, cuya tasa de letalidad pasa de ser menor a ser mayor que la nuestra al hacer la corrección). Correctamente medida, la letalidad en Argentina es 1,5% (no 2,8%) y la del conjunto de los 33 países en la muestra es en promedio 1,1% (no 0,9%)

La Figura 2 muestra que (al 15 de julio, fecha relevante para incidir en los contagios de la primera semana de agosto que resultan en los fallecimientos medidos entre el 20 y 26 de agosto), la cobertura de la vacunación completa en la población mayor de 60 años era significativamente mayor a tal cobertura medida respecto de la población total del país (ello ocurre en todos los países, con 33 puntos porcentuales de cobertura mayor, pero en la Argentina tal diferencia era de 49 puntos porcentuales -60% vs. 11%).

La relevancia de interpretar los datos de letalidad considerando la cobertura de la vacunación completa de la población mayor de 60 años, y no de la población general, queda clara considerando un par de casos puntuales. Primero, al comparar la situación en Polonia y Portugal resultaría muy llamativo (o al menos, no atribuible a diferencias en el avance de la vacunación) que en el primer caso la tasa de letalidad (corregida por el ciclo) es 2,1% y en el segundo caso sólo 0,5% pese a que la cobertura de la vacunación completa en la población general es bastante similar -42% y 45% respectivamente-, pero se comprendería rápidamente que ello es debido a que la cobertura de la vacunación completa en la población mayor de 60 años es 63% en Polonia y 91% en Portugal. Segundo, incorporando a Finlandia en tal comparación, sería difícil comprender su muy baja letalidad (corregida, de sólo 0,2%) dada la baja cobertura de la vacunación completa de su población general (sólo 27%), hasta notar que el 71% de su población mayor de 60 años había completado el esquema completo de vacunación 35 días antes.

Un análisis econométrico exploratorio

Tomando en cuenta estas observaciones, se puede hacer un ejercicio econométrico preliminar estimando una ecuación donde la tasa de letalidad de cada país (entre el 20 y el 26 de agosto, corregida por la fase del ciclo -esto es, respecto del promedio de contagios registrado 3 semanas antes) depende de:

  1. La calidad de la atención sanitaria y/o de salubridad de la población en general (aproximada por la tasa de letalidad en IV.2020);
  2. La cobertura de la vacunación completa (al 15 de julio de 2021), con dos medidas alternativas (en la población total o en la población mayor de 60 años).

Asimismo, corresponde controlar por la incidencia potencial de subregistros actuales (asociados a la tasa de positividad del testeo en agosto de este año -mucho menor que en el pasado en todos los países, incluida Argentina) y la fase del ciclo de contagios según sea su evolución en las últimas 3 semanas (que no debería ser relevante dado que la tasa de letalidad considerada ya fue corregida por tal motivo en cada país).

Los resultados obtenidos (en ambas regresiones, con las dos medidas de cobertura de la vacunación alternativas) son muy claros e iluminantes:

  1. La tasa letalidad en IV.2020 es un predictor relevante de la letalidad actual (sugiriendo la importancia de la calidad de atención sanitaria y/o de salubridad -incluidas diferencias de edad, género, etc.- de cada país).
  2. Tanto la positividad del testeo actual como la fase del ciclo de contagios no son relevantes (esto es, no hay subregistro de casos aparente, y el rezago de 3 semanas entre contagios y fallecimientos aplicado de forma uniforme a todos los países parece adecuado).
  3. Sólo la cobertura de la vacunación completa entre los mayores de 60 años (pero no en la población total) es un factor relevante (tanto porque esa variable obtiene significatividad estadística propia como porque mejora sustancialmente la capacidad predictiva general del modelo, permitiendo explicar el 57% de las diferencias de letalidad).

Como ilustración del resultado econométrico obtenido, la tasa de letalidad actual (corregida) que predice el modelo para la Argentina es 0,9 puntos porcentuales mayor a la tasa de letalidad actual, lo que sugiere que las variables omitidas actúan a su favor (tal vez, por ejemplo, la calidad sanitaria sea mejor de lo que se reflejó en la tasa de letalidad en IV.2020, tal vez sobreestimada como lo sugiere la muy alta positividad de los testeos en ese entonces). Asimismo, el modelo econométrico predice que al alcanzar un 90% de cobertura de la vacunación completa en la población mayor de 60 años en el país -partiendo del 60% de cobertura al 15 de julio pasado- la letalidad por Covid-19 en Argentina caerá de 1,5% actual hasta un 0,5%.

En tal sentido, la focalización de la vacunación completa en la población de mayor edad, una política generalizada a nivel internacional fue aplicada de forma más intensa en la Argentina, y ello ayudó (pese a los escándalos por las filtraciones y vacunatorios VIP) a reducir la letalidad significativamente. Al mismo tiempo, los dos meses de demoras en el avance de la vacunación derivados de haber decidido no aceptar el contrato ofrecido por Pfizer y acotar la alternativa disponible bajo el mecanismo Covax, que hubieran sumado 10 millones de dosis durante el primer semestre del año, impiden que la tasa de letalidad (corregida) sea hoy de 0,5% en vez de 1,5%.

En todo caso, dejando de lado el pasado, todavía hay espacio para una reducción de la letalidad muy significativa, que en la medida en que los contagios no aumenten permitirá dejar definitivamente atrás lo peor de la pandemia.

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