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La inflación y el descontrol en los tiempos de Telegram

La memoria activa los peores temores cuando se menciona la palabra "saqueo". Los que lo vivieron o los que lo leyeron, asocian el término a crisis social y caída de gobierno. Los comerciantes, a la amenaza de perderlo todo.

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Con sólo poner la palabra "saqueo" en el buscador de Telegram se puede ver lo fácil que es agitar el caos social hoy en día.

Aparecerán grupos con más o menos miembros referidos a diferentes localidades o asociados directamente a nombres de cadenas de supermercados. Tras dar "Unirme al grupo", se pueden empezar a ver mensajes de gente que convoca a atacar un local específico en un día a una hora determinada, imágenes de armas, arengas ultra violentas y también insultos de otros que se incorporan al espacio para repudiar a los organizadores.

"Saqueos Mendoza" por ejemplo es uno de los foros más activos. Alguien postea: "Vamos Maldraje! El día 25/08 a las 13:37 vamos a saquear hiper ChangoMas. Dejamos ubicación, por favor no faltar. Valentín Alsina 1123, Dorrego M5519, Mendoza". Se trata del local en Guaymallén, donde ya hubo amenazas y rumores pero hasta ahora nunca pasó nada.

Más abajo, otra persona escribe en el chat "Mañana saqueo. Vamos a reunirnos a las 16:30 en el Mercado Central de Patricias Mendocinas entre Nazca y General Paz. Entramos tipo 16:20 y cuando sean y 30 exactos armamos el quilombo y sacamos todo! No queremos cagones ni botones. Reenvíen este mensaje, que se pudra todo".

Entre esos mensajes, alguien postea una imagen de un arma con municiones. "Manga de ratis giles tenemos banda de fierro para caer a los hipermercados a reclamar lo que la gente necesita. Les vamos a dar caño a cualquier gorra que se nos cruce en el camino".

Basta un rato con el celular para encontrar también "Saqueo NQN" con citas a "un chino sobre la Necochea" o la afirmación de que "En Gregario hay otro", a lo que alguien pregunta "¿La Anónima, el de la rotonda?", a lo que le responden "sí".

También existe "Saqueos Toledo, Luro y Nasser", sobre posibles acciones en Mar del Plata, y hay además grupos que se ve que fueron armados en otro momento que se llaman "Saqueos Florencio Varela". A las incitaciones más explícitas a la violencia muchas veces también se les cruzan respuestas con insultos del tipo "andá a trabajar negro de mierda" o directamente avisos de que van a repeler esos ataques con más violencia.

No está claro qué nivel de seriedad tienen esas convocatorias ni cuánto puede haber de búsqueda de generar miedo desde una app de mensajería cifrada haciendo un poco de terrorismo por celular.

La memoria activa los peores temores cuando se menciona la palabra "saqueo". Los que lo vivieron o los que lo leyeron, asocian el término a crisis social y caída de gobierno. Los comerciantes, a la amenaza de perderlo todo.

Lo cierto, es que la tecnología le da una nueva vuelta de tuerca al cóctel explosivo que es la Argentina cuando un gobierno es una licuadora sin poder y se acelera la inflación.

Seguramente los especialistas informáticos de las fuerzas de seguridad pueden aprovechar y seguir alguna pista por estos burdos grupos, así como estarán investigando los teléfonos de los detenidos que se convocaban por WhatsApp.

Ahí podrá haber pistas de cómo se entrecruzan las necesidades de una población castigada por el deterioro de los ingresos y la educación con la manipulación política, la famosa "zona gris" que describió el sociólogo Javier Auyero en el libro que lleva ese nombre y la siguiente bajada: "Violencia colectiva y política partidaria en la Argentina contemporánea".

El texto, publicado en 2007, era un trabajo de campo sobre los saqueos de 2001. Allí, el dirigente peronista Juan José Alvarez explicaba: "Los saqueos empiezan en las provincias, pero cuando algo sucede en el Conurbano tiene una relevancia diferente".

Es lo que sucedió por estas horas. Los robos organizados de pibes en motitos del fin de semana en Córdoba, más los hechos luego en Neuquén y Mendoza, llegaron como rumores a la Ciudad de Buenos Aires el martes al mediodía y fueron hechos concretos en un puñado de lugares hasta ahora en el Gran Buenos Aires.

Por ahora, sin embargo, nada que ver en la magnitud del problema por más que el Gobierno acuse de desestabilización a los libertarios y sublider Javier Milei tuitee comparando con el 2001.

La comparación con 2001

En aquel momento, en la segunda quincena de diciembre llegó a haber 289 episodios de saqueos en 11 provincias, según el registro del propio Auyero, con un saldo de 18 muertos. No había planes sociales que contuvieran a la población. Y veníamos de un largo período de recesión.

Hasta ahora, mediodía del miércoles, se registraron 17 hechos chequeados en el Gran Buenos Aires según el mapa del investigador Andrei Serbin Pont en el centro CRIESLAC.

Es cierto que hace dos décadas tampoco había celulares, y que se repartían volantes convocando a ir frente a los grandes supermercados, donde el promedio de las acciones llevaba entre 100 y 400 personas, recuerda el libro.

Claro, había punteros que podían jugar para calmar o incitar, y el debate sobre cuánto se manipuló en violencia la desesperación social se dio sobre 2001 y se repite ahora en tiempo real.

Los vecinos de José C. Paz, gobernado por el peronista Mario Ishii, no dudan y dicen "son los mismos" que hace veinte años y que "todo es político". En Merlo, un comerciante en seguida señala a las huestes de Raúl Othacehé, el histórico barón hoy desplazado. Quién sabe. Todo el territorio está repleto de pliegues de un poder local poco legal que se prestan con verosimilitud para la conspiración latente.

El contexto actual

Por eso el tema siempre termina siendo el contexto que te lleva a pisar mal en ese campo minado que es nuestra paz social atada con alambre en tiempos de transición política.

Sumale un gobierno que durante todo el mandato se dedicó a licuar la autoridad presidencial.

Agregale que nunca tuvo un acuerdo de qué hacer con una economía endiablada por herencia y factores externos.

Y sumale una devaluación sin plan después de que queda como presidenciable el más loco de los candidatos, y con otra parte de la oposición pidiendo el estado de sitio.

Ubicá todo eso sobre una inflación de alimentos desbocada ya antes de que tocaras el dólar.

El Índice Barrial de Precios en el Conurbano que hace el Instituto Isepci mostraba aumentos estrambóticos en productos esenciales para las familias ya en julio. El kilo de arroz saltó 167% en un año. El azúcar, 253% arriba. La leche, 143%. Los fideos guiseros, 168%.

Son datos que en todo caso invitan a pensar cómo estuvo todo tan tranquilo hasta ahora, en un país donde la chispa está ahí.

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