Análisis

La gran oportunidad que tiene Latinoamérica para convertirse en el próximo gigante tech del mundo

A toda velocidad, el tren bala de la tecnología ofrece oportunidades para los que se animan a subirse y, en esta década, le da a Latinoamérica la oportunidad de convertirse en la estación central: ser el próximo gran proveedor global de servicios, la fábrica de software más grande del mundo.

Emprendedores, compañías, profesionales y hasta algunos políticos vieron la oportunidad y la región ya ofrece grandes ejemplos de exportación de servicios al mundo. Pero los esfuerzos aislados no son suficientes por la rapidez con la que se mueve el mercado tecnológico. Distintas regiones del planeta están trabajando para crear un ecosistema que atraiga y centralice esa oportunidad para posicionarse como la gran región dominante. Todos quieren ser el próximo gran Hub en esta carrera y el que no esté dispuesto perderá su oportunidad.

La cuestión es urgente porque la economía y el mundo de los negocios serán rotundamente modificados por la tecnología. Más del 85% de las organizaciones reconocieron un incremento a la hora de adoptarlo e identificaron a la digitalización como uno de los motores críticos de la transformación en los próximos años, según un informe del Foro Económico Mundial de 2023. Asimismo, porque el mercado laboral ya inició su transformación, requiriendo nuevas habilidades y con organizaciones que demandan nuevas soluciones. El contexto de cambio permanente genera que la innovación ya no sea un valor agregado, sino una necesidad de primera urgencia para no quedarse atrás.

En esa carrera meteórica, donde Estados Unidos, India y China parecen no encontrar límites, la pregunta que surge desde esta parte del globo es: ¿qué rol podría ocupar Latinoamérica en esta nueva era?

El primer gran activo es que la región genera interés y tiene un potencial significativo en el que pocas veces se repara. Mientras a nivel global la inversión directa extranjera cayó un 12% en comparación al año anterior, en Latinoamérica creció en casi todos los países, según la CEPAL. Más de la mitad, además, fue en servicios y soluciones tecnológicas.

Segundo, el talento latinoamericano es el principal foco de atracción. En Estados Unidos, el capital humano representa el 10% de los trabajadores de la industria tecnológica. Los empleos remotos en el último tiempo multiplicaron las oportunidades y, por ejemplo, si en Argentina el aumento se mantiene como en los últimos años (40 y 33%, según Github), en 2024 se llegará al millón de programadores. En Brasil ya hay 4,3 millones de developers y Colombia y Bolivia crecieron más de un 30% en 2023.

A nivel empresas, una de cada cuatro fintech globales nacieron en la región y ya hay 49 unicornios, con Brasil, Argentina y México como países referentes. Se podrían agregar competencias "blandas" como la adaptabilidad y lo acostumbrados que estamos a tratar con personas de todo el mundo, entre otras. Lo cierto es que el futuro en la carrera tecnológica abre nuevas oportunidades para Latinoamérica.

Pero esta oportunidad puede desaprovecharse y que el tren de la tecnología pase por la región sin encontrar aquí el lugar para oficiar de estación central. El principal déficit, hasta el momento, es la falta de políticas a largo plazo entre gobiernos y privados por un proyecto en común. Se necesitan hubs de tecnología, donde el conocimiento se comparta, se generen sinergias y lo que se exporten sean las soluciones y no necesariamente las personas. El desafío regional es crear un ecosistema que potencie esas iniciativas y sea una usina de unicornios.

A veces esta falta de visión y decisión en políticas públicas, genera que Latinoamérica sea más un impedimento que un impulso, al punto de que muchos lanzan sus startups en ciudades fuera de la región, como Miami o Madrid. ¿Se podrá pensar en una alternativa que cambie el mapa de las startups en los próximos 20 años? Silicon Valley era un descampado antes de transformarse en lo que es actualmente e Israel vivía de la agricultura hasta que desarrolló el polo tecnológico de Tel Aviv.

El futuro cercano obliga a pensar ya en un espacio común que atienda al nuevo paradigma, que convoque a los principales jugadores y fomente la innovación. Un nuevo ecosistema que garantice el bienestar de las personas más allá de lo estrictamente profesional y beneficien en otros aspectos del desarrollo humano con menos tiempo de viaje para ir al trabajo, más naturaleza y mayor sustentabilidad. Las nuevas generaciones así lo demandan. Es urgente, porque el tren puede pasar esta estación con dirección a otro sector del mapa.

Mientras el mundo cada vez más requiere soluciones tecnológicas, Latinoamérica tiene el potencial de transformarse en un jugador clave de la geopolítica por su talento, por las startups y porque actualmente ya cumple un rol importante. El desafío para que el tren no se vaya es organizarse y construir un ecosistema atractivo para que quienes trabajan quieran permanecer y para que el mundo venga a buscar sus soluciones. 

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