Opinión

La cara oculta del salto comercial pendiente

Suele mencionarse que Argentina tiene en cuatro sectores productivos relevante potencial comercial externo: la agroproducción, los minerales, la energía y los servicios (especialmente los basados en conocimiento). La agroproducción es el único de ellos que ha alcanzado cierta relevancia relativa hasta hoy: entre bienes primarios y manufacturados, Argentina genera 2% del total de exportaciones agroalimenticias del mundo. Mientras tanto, exporta menos que el 0,1% del total de bienes industrializados del globo y poco más del 0,1% del total de componentes de la cadena energética. 

A la vez, en materia de servicios Argentina apenas logra exportar (según datos de 2022) poco más del 0,2% del total mundial: según los datos preliminares con los que se cuenta hasta ahora, nuestras exportaciones rondaron unos u$s 14.000 millones en un total mundial de casi u$s 7 billones. En 2022, las exportaciones totales argentinas -según cifras aun sujetas a confirmación final- sumaron unos u$s 90.000 millones en bienes físicos más unos u$s 14.000 millones en servicios. Sumado, ello supone sólo alrededor de 0,33% del total mundial (que, según UNCTAD, llegó al récord de casi u$s 32 billones). 

Mucho se habla del potencial: Vaca Muerta, yacimientos minerales, capital humano, suelos fértiles, algunas (pocas) empresas internacionalizadas. Pero, por ahora, ese potencial queda lejos del esperado resultado. En términos generales las economías exitosas en su participación internacional han logrado soportes funcionales en cinco niveles: microeconómico (empresas calificadas), macroeconómico (variables en funcionamiento adecuado para un ambiente productivo), mesoeconómico (un entorno operativo inmediato de las empresas que favorece la formación de encadenamientos eficientes), metaeconómico (un sistema institucional, jurídico y regulativo que asegura el dinamismo económico) y supraeconómico (una arquitectura internacional de relacionamiento institucional que favorece la participación de empresas en redes transfronterizas). 

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Mucho de esto está pendiente en Argentina. Una referencia especial debe efectuarse en relación con el aporte de los servicios. En el planeta el comercio internacional de servicios crece más dinámicamente que el de bienes físicos (en 2022 creció 15% contra 10% en los bienes, según UNCTAD). Además, según diversos informes privados, el comercio internacional de servicios es más relevante aún que lo que las (viejas) estadísticas refieren (mucho de lo que los nomencladores, creados hace décadas, consideran bienes físicos, en realidad hoy son solo soportes físicos que contienen un porcentaje mayoritario de su total formado por servicios). 

Y, más aún, existe un creciente intercambio internacional de valor económico que la nueva economía genera -basado en datos, información y conocimiento- que ni siquiera se computa todavía adecuadamente como valor transferido en frontera (porque se genera a través de lo que Richard Baldwin llama telecommuting, que ocurre intraempresas -multi- nacionales-, o intracadenas de valor -que explican 70% de todo el comercio internacional según OCDE). La formación de big data es un gran ejemplo. Ello ocurre porque la nueva economía inteligente en muchos casos no registra en frontera la generación de valor internacional (como la creación de capital intelectual global). Reportes de consultoras internacionales han alertado ya que, si todo ello se computara adecuadamente, se advertiría que el intercambio suprafronterizo de servicios (e intangibles en general) es, por lejos, el más relevante de la actual etapa de la globalización. Y que compone más de la mitad de todas las transacciones comerciales internacionales planetarias. 

Dice Jonathan Haskell que los intangibles son el gran motor de la economía actual. Y agrega Bernhard Marr que los datos se han convertido ya en el mayor insumo de todo el sistema productivo internacional. En este contexto, una luz de alarma que debería encenderse se refiere a la escasa relevancia de nuestra economía en el intercambio transfronterizo de servicios (e intangibles). Según UNCTAD, en el planeta los servicios más intercambiados son turismo internacional, logística y carga, telecomunicaciones, servicio integrados y complementarios del comercio de bienes, asistencia entre empresas, servicios financieros, royalties por propiedad intelectual y servicios culturales recreativos. Pero es entre estos últimos donde está el mayor dinamismo. 

A lo que hay que agregar el referido interrelacionamiento de empresas en lo que la WIPO llama ‘global innovation netwoks' que están alimentándose a través de intangibles de la nueva economía inteligente de manera creciente (y más allá de lo que las viejas estadísticas entienden). Argentina participa sólo en algunos pocos de aquellos rubros (turismo, algunos servicios empresariales, logística). Y aun en los que lo hace, su relevancia es muy menor a la esperable. Hay una enorme disciplina a la que dedicarse si se pretende una más intensa vinculación económica internacional. 

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