El horizonte económico de la Argentina va a mutar de incierto a estable el día que los inversores dejen de pedirle al Gobierno pruebas constantes de que no hay riesgo de interrumpir el camino emprendido. Con el pago de deuda de hoy, Luis Caputo conseguirá renovar la fe del mercado.
Y aunque todavía se pregunta por qué hubo tanta duda sobre su estrategia pese al swap de Estados Unidos y la certeza de que las promesas de cumplimiento se habían vuelto innecesarias, lo cierto es que nada es más persuasivo que tener dinero contante y sonante.

Los inversores son conscientes de que tener un ministro de Economía que apela todo el tiempo a sus reflejos de broker puede ser una garantía de que no faltará financiamiento. El objetivo que tiene que demostrar ahora va más allá de esa virtud: lo que le piden es solvencia. No quieren un solucionador de problemas, sino a alguien que cree una estructura a prueba de filtraciones o derrumbes.
El presidente Javier Milei no tiene duda sobre el punto de destino. Sabe que conseguir una economía estable, desarrollada y abierta al mundo no es algo que va a lograr de un día para otro. Inversores y empresarios no dudan de ese destino y también son conscientes de que los cambios demandan tiempo. Pero queda claro que en la Argentina la confianza es el bien más esquivo y caro de conseguir.
El Gobierno puede cumplir año tras año una meta fiscal, o acercarse a una de reservas. Pero conseguir que se desarme el gigantesco colchón de dólares que expresa el temor perpetuo a un Estado que confiscó ahorros, será la prueba de éxito más desafiante para este gobierno o para quien lo suceda.
Con el pago de hoy, Caputo tilda un ítem pesado de su agenda. Ahora tiene seis meses para demostrar que el BCRA tiene la capacidad de captar la mayor cantidad posible de dólares genuinos que achiquen la necesidad de financiamiento del próximo vencimiento. Ese planteo viene acompañado por pedido de que el régimen monetario y cambiario deje de ser transitorio y pase a ser permanente.
Ya sea el actual o uno definitivo que se pueda acoplar a un país bimonetario y que se constituya en una plataforma sólida para el crecimiento futuro. Conseguir alguna de las reformas estructurales que se planteó el Gobierno (modernizar el régimen laboral, reducir la presión tributaria a nivel nacional y provincial, entre otras) entran en la misma lista. Son los cambios que van pavimentando ese camino a una economía más “normal”.
Los agentes económicos pueden esperar y tomar decisiones a medida que el Gobierno logre algún avance. Esa espera no es gratuita, ya que la política económica también necesita que haya un poco más de dinamismo en materia de actividad. Tener evidencias de que el plan “funciona” ayuda a impulsar los cambios más complejos o difíciles.
En definitiva, no se le puede pedir a Milei y a Caputo que haga todo como condición para tomar algún riesgo en materia de inversión. Si gobierno y privados no avancen en paralelo, los resultados serán más lentos. Hay que tener presente este factor a la hora de setear expectativas.
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.














