OPINIÓN

El poder explora la línea de sucesión presidencial

El peronismo es un partido político al que lo disciplina el poder. La debilidad política de Alberto Fernández condiciona su gestión y se evidencia en al menos tres hechos de las últimas horas: asumir la presidencia del PJ Nacional, radicalizar su discurso, y sobreactuar su vínculo personal con Cristina Fernández de Kirchner.

El Presidente sabe, lo indican además los sondeos que se hicieron públicos esta semana, que perdió el apoyo de aquel sector independiente que contribuyó al triunfo de la coalición de gobierno. Perdió el único capital político que poseía. Se quedó sin el activo que le permite algún juego propio.

Para sobrevivir debe someterse al núcleo duro K. Aquel que valora más el relato que la gestión. Allí se refugia mientras se gesta una operación que discute la línea sucesoria.

La Constitución Nacional a través del artículo 88 y la norma 20.972 son claras. La línea de sucesión presidencial quedó establecida a través de la Ley de Acefalia promulgada durante la presidencia de Maria Estela Martínez de Perón, "Isabelita", en 1975. "Por falta de presidente y vicepresidente de la Nación, el Poder Ejecutivo será desempeñado transitoriamente en primer lugar por el presidente provisorio del Senado, en segundo lugar por el presidente de la Cámara de Diputados y a falta de estos por el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación".

Cabe aclarar que no se está pensando en Cristina Kirchner en el ejercicio de la primera magistratura. Ella se siente cómoda administrando el poder desde el lugar que ocupa. Controla los resortes más relevantes de la administración, para que someterse al desgaste cotidiano.

Las operaciones políticas, al igual que las fake news, se construyen indefectiblemente, sobre un hecho verosímil. Las dificultades y erráticas decisiones de gestión son evidentes.

Sin embargo, en la interna del Gobierno coexisten dos realidades.

Las de aquellos, cercanos al Presidente, que imponen la idea de que todo se gesta en "el Instituto Patria". Y la réplica de Cristina que hizo explícita primero desde lo epistolar y luego desde lo discursivo: "Las decisiones de Gobierno las toma sólo el Presidente"

Queda claro el objetivo, que el costo político de la gestión lo pague Alberto Fernández, e impedirle que instale la idea permanente que es Cristina la responsable de la gestión.

En junio de 2009, tras haber sufrido la derrota en las elecciones legislativas, Néstor Kirchner renunció a la presidencia del Partido Justicialista. El ex Presidente encabezaba la lista de candidatos a diputados nacionales y quedó segundo detrás de la alianza Unión-Pro que lideraba Francisco de Narváez.

En esa elección se había decidido que las candidaturas serían testimoniales. Es decir que los dirigentes encabezan las listas sin la intención de asumir los cargos que disputaban.

Los primeros en anunciar su renuncia fueron Daniel Scioli y Sergio Massa. Este último regresó a la intendencia de Tigre y el primero, a la gobernación Bonaerense.

Fueron 42 los candidatos testimoniales. Tampoco asumieron el vicegobernador Alberto Balestrini, el diputado José María Diaz Bancalari, la actriz Nacha Guevara, entre otros.

Kirchner decidió que se votaran candidatos para cargos que no pensaban ejercer. Otra anomalía del sistema político Argentino. Tan inexplicable como el actual esquema vicepresidencialista.

Veinticuatro horas después de la derrota, a través de un mensaje grabado en la residencia de Olivos, Néstor Kirchner anunciaba su renuncia a la titularidad del Partido Justicialista. En ese mensaje afirmó: "Voy a seguir construyendo como hice toda mi vida, pero creo que la política debe ser dignificada"

Todo se volvió testimonial en la política argentina, el actual Presidente y también un sector de la oposición.

Un dirigente que hace años transita los pasillos del poder, definió a Alberto Fernández como el "menos Presidente de todos los Presidentes que vi".

Doce años después del renunciamiento de Néstor Kirchner, en un acto en el club Defensores de Belgrano Alberto Fernández asumió la presidencia del Partido Justicialista.

No hay nada más desprovisto de poder que el sello partidario, pensó Néstor cuando delegó en Daniel Scioli esa "distinción".

La política necesita de utopías, pero lo que prevalece en la Argentina es la utopía del narcisismo personal.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios