El caos que se respira: Fernández y los peligros de la Plaza del 17-O

Pobre Alberto Fernández, no gana para sustos. El desorden es monumental en todos los escalones de su gobierno, pero donde más parece notarse es en materia económica a partir de las reservas líquidas que se agotan y de la inflación que se desboca, con el sostén de un programa arcaico que es dinamita pura porque se sustenta sobre bases siempre fracasadas: atraso cambiario y de tarifas, una descomunal emisión para meterle "platita" al consumo, cepos varios y un clásico, el congelamiento de precios. Pan para hoy y hambre para mañana. En tanto, desde la política, el ala más radicalizada del Gobierno le armó al Presidente, a pesar suyo e incentivada por Cristina, un acto frente a la Casa Rosada con consignas que hacen recordar al 1° de mayo de 1974, cuando Juan Perón echó a los Montoneros de la Plaza. Cómo reaccionarán los asistentes si Fernández habla o no habla es la gran incógnita a develar.

La falta de coordinación dentro de su propio Gabinete - y ni que decir si se amplía esta radiografía a la coalición electoral que él integra (pero que no preside)- está llena de contradicciones, idas, vueltas y metidas de pata. Hasta Juan Luis Manzur le hizo el viernes al Jefe del Estado una trapisonda (la primera tan notoria que va más allá del irracional uso del avión sanitario de su provincia para viajar a Nueva York) en medio de las mayores dificultades que existen con el FMI debido al declive de Kristalina Georgieva y a la desconfianza de los privados, prometiéndole a ejecutivos de fondos mostrarles el elemento básico que cualquiera necesita para invertir, algo que el Presidente siempre ha negado: una hoja de ruta.

Todo es caótico en el Frente de Todos y no hay quien sea un ordenador prolijo del descalabro. Desgaste tras desgaste, no hay día sin que un "cajón de Herminio" propio o de quienes lo rodean sobrevuele Olivos para complicarle la vida al Presidente. Y aunque no todo lo que sale a la luz es de su propia cosecha, le guste o no le guste a Fernández debido a su investidura él será siempre el responsable de todo, aunque los culpables sean los otros. Hasta podría sospecharse, con mucho fundamento, que no faltará quien, puertas para adentro, se lo facture de buena gana si la paliza de setiembre se repite o si aumenta en noviembre.

Si bien la apretada a Nik de parte del ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, fue un bochorno, el ninguneo de la situación que hizo el Presidente resultó más sonoro que su propio silencio. La pelea entre Máximo Kirchner y Sergio Berni lo excede, pero lo involucra, ya que él mismo nunca supo ponerle coto al histriónico protagonismo del ministro de Axel Kicillof, ni aún cuando atacó y finalmente se cargó, a su ex colaboradora en el área de Seguridad, Sabina Frederic. Ahora, el embajador en Chile, Rafael Bielsa, pidió en Chile la libertad condicional para Facundo Jones Huala y no se sabe el grado de coordinación que tuvo con el nuevo canciller y con él mismo (responsable constitucional del manejo de las relaciones exteriores), mientras la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, se desgañita inútilmente desde hace meses pidiendo asistencia de las fuerzas federales para contener las tropelías que los seguidores del líder de la RAM acometen en la zona de El Bolsón.

Si bien todo este revoltijo se repite sin cesar y lo tiene al Presidente maniatado, lo de Manzur llama la atención porque quizás por su afán de protagonismo se ha desviado del apego inicial a la prolijidad y se ha metido en camisa de once varas, con esa revelación que hizo el viernes pasado, en nombre de la Argentina. Ahora, parece que en verdad existía una "hoja de ruta", algo que nunca nadie vio, o que el ministro de Economía, Martín Guzmán, nunca quiso mostrar.

Pero eso no fue todo, porque mientras ambos surfeaban en el Consulado argentino de la calle 56 a ver si alguno de quienes los escucharon durante tres horas creían algo de lo que les estaban diciendo, un par de escalones por debajo del rango de Manzur, el nuevo secretario de Comercio, Roberto Feletti, se calzaba el traje de vengador implacable y se relamía en Buenos Aires con "aplicar las leyes" para salirse con la suya en materia de precios, aunque el Presidente luego descartó el uso de la Ley de Abastecimiento y hasta prometió que la doble indemnización y la prohibición de los despidos finalizarán con el año. Zanahorias y palos, la vieja táctica del carrero que el Gobierno administra con confusiones de este tipo como aliadas.

Quizás haya sido por el correctivo electoral de setiembre que la figura de Fernández ha quedado tan adelgazada (metafóricamente hablando), pero en verdad nadie sabe muy bien quién es el encargado de poner en orden las cosas en un gobierno que, por las características presidencialistas que tiene la Argentina, debería ser "su" gobierno. Si hasta el cargo de portavoz ha inventado el Presidente para conformar a aquellos que lo tildan de verborrágico para sacarle del todo el micrófono y las redes sociales, tanto que se tomó el trabajo de explicarles a quienes escucharon el discurso que hizo en el Coloquio de IDEA que lo había redactado él mismo. Sonó patético. Igualmente, fue muy interesante ver al Presidente leyendo su mensaje ("decidí ordenar mis ideas en un discurso que escribí -que terminé de escribir- y vengo acá sin repaso..."), quizás como antídoto también a improvisaciones desafortunadas, tal como sucedió con una muy notoria confusión del día anterior, en Tucumán, cuando sostuvo que "al desendeudamiento le decimos que sí, siempre y cuando no sea a costa del hambre y de la miseria de nuestro pueblo".

Justamente, a las explicaciones que dio Fernández frente a los empresarios sobre la deuda y los precios, él le sumó otro elemento crucial a resolver para salir del atolladero económico: la generación de puestos de trabajo. El Presidente señaló que "si algo caracterizó al espacio político que hoy gobierna a la Argentina, es la promoción de la inversión empresarial y la creación de empleo" y para sorpresa de muchos que lo escuchaban afirmó que "no existe otro remedio que la inversión privada, que asocia al capital y al trabajo, para lograr un desarrollo sostenible en nuestra sociedad. Esa ha sido nuestra convicción, desde siempre".

Adscribiendo a la línea que bajó el papa Francisco en la jornada inaugural del Coloquio, Fernández recordó que "la asistencia del Estado no puede ser el remedio para la falta de empleo", ya que es sólo "un paliativo para sobrellevar la pobreza". Al respecto, enfatizó que "no es posible perpetuar esa realidad, que definitivamente debe avergonzarnos", al tiempo que puso en números la evolución de los planes sociales y apuntó a Mauricio Macri por multiplicar los planes que el gobierno de Cristina había reducido, debido a sus políticas de "apertura indiscriminada de las importaciones, la caída sostenida del consumo y el cierre de 23.000 pymes que aparejaron un incremento preocupante de la desocupación y de la pobreza".

Aunque los participantes de IDEA valoraron que Fernández haya cancelado la veda que el kirchnerismo le puso a ese foro y también que se cuidara de levantar el dedo admonitoriamente, igualmente algunos tramos de su discurso dejaron perplejos a los hombres de empresa: "Los precios se han incrementado de manera incomprensible (sic). Debemos encontrar el punto de equilibrio para que esa suba de los precios cese. Todos deben saber que seremos inflexibles. El pueblo argentino no puede ser víctima de la especulación y de la ambición de algunos", les dijo el Presidente al mejor estilo de Juan Perón. Otra vez, palo y zanahoria.

El mundo de los negocios ya había tenido durante la semana otro episodio confuso cuando Sergio Massa llevó a almorzar con el Presidente a ocho empresarios considerados no conflictivos por el Gobierno. Se los agasajó y se habló con ellos de acercamientos con la oposición para después de noviembre, pero también hubo varios ruidos. Uno de los invitados le contó a la prensa que el Presidente había dicho que el acuerdo con el Fondo se iba a hacer "el año que viene" y Fernández tuvo que desmentirlo, mientras que al día siguiente, Feletti iniciaba la cruzada por el congelamiento. También hubo dos ausencias que hicieron bastante ruido: Luis Pagani, número uno de Arcor, quien alegó un viaje y Máximo Kirchner que, con reflejos de familia, no apareció por la Casa Rosada.

En tanto, la celebración del 17 de octubre lo ha vuelto a dejar en offside a Fernández, sobre todo cuando el último sábado Cristina fulminó la primera decisión presidencial de no hacer un acto central con una invitación a jóvenes militantes a asistir a la Plaza de Mayo. La juventud es una obsesión del Frente de Todos, ya que fueron los primeros votantes quienes le dieron la Presidencia en 2019 y ahora se les han dado vuelta, en algunos casos, como en la CABA, seducidos por Javier Milei. La "derecha" es una obsesión en el léxico de Cristina y en general de todos quienes se encolumnan tras de ella.

La Plaza de Mayo es el lugar que el mismo Alberto había desaconsejado con la excusa de la celebración del Día de la Familia, aunque luego, planteó hacer actos a partir de las 16 "en todas las plazas". Se teme que las consignas anti-deuda que se van a lanzar allí, por ejemplo, sean demasiado flamígeras para el propio Presidente y, por lo tanto, no se sabe si él querrá involucrarse en un acto que lo volvería a poner en contradicción con cosas que viene diciendo para mitigar el incendio económico, ya que se presume que el acto será radicalizado en consignas anti-todo lo que Fernández pretende llevar a cabo, primero que nada en materia de deuda. El Ejecutivo había decidido primero acompañar la movilización que hará la CGT el lunes 18 y aunque son circunstancias y personajes con autoridad diferente, por extensión la presencia de la izquierda peronista frente a la Casa Rosada rememora de modo inequívoco aquel episodio de Perón y los Montoneros.

Aunque políticamente el Gobierno diga a diario que la causa de todos los males que aquejan a la Argentina son las "dos pandemias" que ha vivido el país (la del Covid 19 y la del endeudamiento macrista), todas las encrucijadas tratan de ser resueltas por el Gobierno, pero sin ponerse de acuerdo puertas adentro. "El modelo kirchnerista tiene tantos defectos de fabricación que ni su propio servicio técnico sabe cómo arreglarlos. Así, como nos ha pasado a todos cuando compramos algo inútil en el ´llame ya', lo que hay que hacer es sacarse de encima el artefacto y tirarlo en el rincón de las cosas inútiles que cada uno tiene en la casa", opinaba el viernes un economista que había asistido presencialmente al Coloquio donde habló el Presidente.

En tanto, en el cuarto subsuelo del país, la inseguridad se lleva vidas a diario.


Tags relacionados

Compartí tus comentarios