Zoom Editorial

El ancla que sujeta a los precios se diluye en la presión reactivadora

A menos de 45 días de las elecciones legislativas, el Gobierno está más que interesado en que la inflación continúe el camino descendente que recién pudo plasmar en agosto. No la tiene fácil, porque hasta el momento el techo más sensible que le puso a los precios, el control oficial sobre las alimenticias, amenaza con resquebrajarse en cualquier momento.

Según el relevamiento de FIEL, septiembre cerró con una variación de 2,6%, lo que representa una desaceleración frente a sus propias mediciones, que marcaron 3,1% en julio y 3% en agosto. Pero ese descenso está anclado a los rubros en los que hay un congelamiento estricto, como las tarifas públicas y los alquileres. También empuja a la baja una actividad que recién está reviviendo tras la pandemia, como recreación y cultura. En todos los demás ítems lo que aparecen son aumentos por encima del promedio.

Alimentos creció 3,3%, y si bien no es la mayor alza, es la de mayor impacto, porque incide en la canasta que mide la indigencia y la pobreza. Es también la que tiene mayor visibilidad, ya que si bien en el relevamiento de FIEL (que abarca exclusivamente a CABA) el incremento más alto fue comunicaciones, que llegó a 6,8%, se trata de un precio que se paga una vez al mes.

Para el Indec, agosto había sido el mes en el que se había logrado perforar el piso de 3%. Pero a juzgar por los datos que manejan las consultoras privadas, al Gobierno le costará repetir en septiembre el 2,5% conseguido ese mes.

La tendencia indica que la inflación núcleo (aquella que excluye los precios regulados y los que tienen variaciones estacionales) sigue arriba del índice general, lo que revela que las tensiones inflacionarias no se han aquietado. Eso significa que el esfuerzo oficial por mantener los controles de precios como mucho puede contener subas mayores a un dígito, y no mucho más.

Lo que pretende el Gobierno es que su promesa electoral de que el salario le gane a la inflación no quede como letra muerta. Hasta ahora eso solo lo consiguen un puñado de sectores, ya que el resto de las actividades están sacrificando sus márgenes justamente por la imposibilidad de recomponer sus valores de venta.

Un aspecto que también pesa en el combo de desequilibrios que tiene la economía, es que el amesetamiento de la inflación le quita atractivo a las inversiones en pesos (hubo una caída visible de los plazos fijos ajustados por UVA en septiembre) y presiona sobre la demanda de dólares, lo que termina realimentando el circuito de los precios.

Si hay más pesos en la calle de los que quieren retener las personas, la receta reactivadora puede tener más daños colaterales por la inflación que efectos positivos por el consumo.

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