Zoom Editorial

El ajuste no lo define un gobierno, sino una sociedad que no quiere más pesos

Desconcierto es la palabra que mejor refleja el estado de ánimo de inversores y empresarios. Así como nadie apostaba demasiado al resultado electoral del domingo (muchos esperaban un triunfo moderado del oficialismo), tampoco esperaban que una derrota nacional provocara una reacción interna tan explosiva dentro del Frente de Todos. No es un misterio que Alberto Fernández y Cristina Kirchner arrastran diferencias de visión y de gestión desde que ella estaba al frente del Ejecutivo. Pero emplazar públicamente al Presidente a desprenderse de sus colaboradores más cercanos y poner en jaque su gestión, potencia una crisis política mayor a cualquiera de los problemas que se pretendía enmendar.

La movida que protagonizaron el miércoles los ministros y funcionarios más cercanos a la Vicepresidenta fue un mensaje que la Casa Rosada contestó a su manera. Alberto buscó recostarse sobre el peronismo no cristinista (gobernadores, intendentes heridos por La Cámpora y gremios, amenazados por la promocionada reforma del sistema de salud) con la intención de ensayar una respuesta política que sirviera para hacer tablas. Una salida honrosa que incluyera hacer algunos cambios con menos presión. El primer mandatario estaba dispuesto a habilitar, con el relanzamiento de las ayudas sociales, un discurso más cercano a las aspiraciones del ala dura del Frente de Todos, porque eso formaba parte del segundo tramo de la campaña.

Pero Cristina no pasó por alto el mensaje que el jefe de Estado difundió más temprano, también por Twitter: "La gestión de gobierno continuará desarrollándose como yo estime conveniente: para eso fui elegido".

En su respuesta, la Vice calificó la derrota del domingo como una "catástrofe política" y señaló que en su encuentro del martes le reclamó a Fernández la necesidad de relanzar el gobierno con otros funcionarios, como Juan Manzur como jefe de Gabinete, entre otros.

Cristina se jactó de haber anticipado que si no se hacían correcciones al rumbo, el resultado electoral iba a ser adverso. Por eso remarcó que el Gobierno debería esforzarse en ir cuanto antes al déficit fiscal de 4,5% que se puso en el Presupuesto 2021 (hoy está en la mitad, dato que usa como evidencia del ajuste), usando recursos públicos para paliar la pandemia y la crisis social como hicieron los países desarrollados. El problema es que eso no depende ni de Alberto ni de Guzmán, porque nadie quiere financiar al Estado argentino. Si lo hace el BCRA, agrava la inflación (como sucedió en los países que usaron el estímulo monetario) porque los argentinos no quieren tener más pesos devaluados. Tampoco quieren darle más recursos al Gobierno, ni con impuestos ni con deuda. Ese rumbo ya lo probamos, y es parte de que la Argentina esté en un pozo.

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Comentarios

  • RN

    Raul Nieto

    17/09/21

    Lo mas como sociedad es que dia a dia los ciudadanos tomamos cabal conocimiento que imprimir pesos no soluciona nuestro problemas solo los agrava y deja millonarios a los gobernantes transitorio Ahora falta que exijamos austeridad y racionalidad en el gasto eliminando los gastos de carácter político esos que están compuestos por gasto casi exclusivamente en personal y gastos discrecionales que conforman cientos de partidas del presupuesto en todos los poderes

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