Zoom Editorial

Dos pulseadas que muestran qué pasa cuando la política pierde la señal

En las últimas jornadas, la sociedad chocó de frente con una de las paradojas de nuestro sistema institucional. La política, entendida como el conjunto de dirigentes y herramientas en la que los ciudadanos depositan su confianza para resolver sus problemas, se desconectó de sus objetivos básicos. Y dejó de manifiesto que cuando eso sucede, sus intereses desplazan cualquier demanda social. Así ocurrió con el Poder Judicial y con el Congreso.

El fallo de la Corte Suprema que invalidó la reforma del Consejo de la Magistratura sancionada por ley en 2006 es parte del ping pong que disputan los jueces con un sector del oficialismo. El kirchnerismo (también el Presidente, cuando necesita mostrar alineamiento con su compañera de fórmula) no ha dejado de asediar a los magistrados que tienen que resolver causas urticantes para sus intereses. Es lo que ocurrió con la visita al máximo tribunal que hizo el ministro Martín Soria, en la que los acusó de actuar en defensa de la corporación judicial, entre otras impugnaciones que enlistó prolijamente en un comunicado escrito antes del encuentro. La respuesta de la Corte, días después de que el Ejecutivo prometiera enviar al Congreso un proyecto para revisar el funcionamiento de la Magistratura y agitara la chance de cambiar la composición del tribunal, refleja un oportunismo más político que técnico. Dar de baja una reforma quince años después de su entrada en vigencia también expresa que muchas veces los jueces se ocupan más de los jueces que de la Justicia.

El otro cruce de la política, más serio aún, lo conformó la reacción de Máximo Kirchner que tumbó el proyecto de Presupuesto 2022. Sin tener los votos suficientes, Alberto Fernández había avalado gestiones para que el texto volviera a comisión para negociar más apoyos, pero el jefe de la bancada del Frente de Todos pidió terminar el show y votar por sí o por no. El resultado es público: el revés legislativo le dio al Gobierno una única salida: refugiarse en el lugar de víctima de una oposición insensible.

Fernández y Guzmán debieron salir a transmitirle a Kristalina Georgieva, la titular del FMI, que el traspié no impediría avanzar con el acuerdo. Para lo inmediato, el Presidente prorrogará con un DNU el Presupuesto 2021. Pero como señal para los que esperan que se despeje el horizonte económico, sin duda fue doblemente negativa. Por mostrar escasa voluntad política para llegar a un consenso, y porque expone nuevamente que el Gobierno todavía no está 100% alineado detrás de un rumbo.

Hay problemas urgentes que necesitan solución. Pero es evidente que habrá que articular otros mecanismos de diálogo y consenso para resolverlos. Dar ese paso no es potestad del Gobierno. Pero para que funcione, todos los dirigentes, oficialistas y opositores, tienen que estar a la altura.

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