Dinámica y desconfianza: recalculando con el FMI

La aceleración de la realidad se ha impuesto una vez más y aún antes de su aprobación ya había dejado en escalones prehistóricos el Entendimiento de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional, algo que ya se presagiaba desde hace un mes cuando el Acuerdo parecía estar a punto de horno. Ante la magnitud de las nuevas referencias globales de los precios agrícolas y de la energía sobre todo, de los tropiezos que genera la inflación mundial y de la suba de las tasas de interés, todo directa o indirectamente conectado con la invasión de Rusia a Ucrania, lo aconsejable sería barajar y dar de nuevo para someterse a esa dinámica ya que el escenario ha cambiado dramáticamente.

Es un hecho que a la Argentina le va a faltar gasoil para levantar la cosecha gruesa y también gas natural licuado (GNL) extra transportado a los puertos de Escobar y Bahía Blanca por unos 70 buques metaneros (25% más que en 2021) de costo incierto debido a la demanda internacional y a la distancia con los países productores para que, entre otras cosas, puedan funcionar las centrales eléctricas que deben darle luz a las industrias y a la gente durante el invierno. Seguramente, se deberán pagar precios de oro. Los cálculos más que triplican el costo del año pasado (U$S 1.100 millones) y nadie asegura que los barcos estarán disponibles en tiempo y forma. Los valores van a volar, pero el desafío es que habrá que llegar a tiempo a la cola de la escasez.

Entonces, las necesidades fiscales serán acuciantes y la falta de divisas podría ser crítica si no se logran compensar los pagos al exterior con los dólares extras que ingresen por las ventas del tan vapuleado agro, hoy beneficiado por los precios internacionales aunque castigado por el Gobierno hasta la ofensa para hacerlo ver como los malos de la película. Los más optimistas creen que la cuenta final entre cobros y pagos tenderá a cero, aunque deberá pasar el invierno para saberlo. Mientras tanto, los números comprometidos con el FMI en media docena de ítems se habrán ido al tacho.

Hace algunas semanas esta columna ya suponía que debido al conflicto bélico tendrían que haberse replanteado esas proyecciones y elaborado un Presupuesto acomodado a la nueva realidad para que Congreso lo convalide. Aunque bien se podría haber acomodado un waiver circunstancial, finalmente los tiempos dijeron que no. Ahora, en medio de un rebrote inflacionario que el Gobierno pretende frenar con recetas ya oxidadas y con el acostumbrado quite de su propia responsabilidad ("es culpa de la guerra"), el Programa necesariamente deberá entrar en el service para someterse a una revisión acorde a la nueva realidad: el FMI lo planteó y el ministro Martín Guzmán lo convalidó y lo admite, mientras que Cristina Fernández y el kirchnerismo más duro pronostican y seguramente desean el derrape, aunque por otros motivos más ideológicos.

Justamente, la velocidad de los acontecimientos acaba de ser reconocida por el propio Fondo quien en el mismo momento de celebrar el Acuerdo saludó "con beneplácito" la conformidad que prestaron las autoridades argentinas para que se pueda "adelantar la primera revisión del programa", algo que originalmente iba a suceder a fines de junio. El organismo justificó tal necesidad debido a que considera que los riesgos de que el Programa no se cumpla son "excepcionalmente altos" debido a que "los efectos secundarios de la guerra en Ucrania ya se están materializando", dijo. Y añadió que, por lo tanto, cabe una "recalibración temprana del programa, incluida la identificación y adopción de medidas apropiadas, según sea necesario", algo que para Washington "será fundamental para lograr los objetivos" planteados.

El comunicado de Kristalina Georgieva que pondera la mentada "recalibración" anticipada es bien explícito a la hora de decir que fue Guzmán quien dio el OK para que se adelanten los tiempos de las auditorías. El punto es que ese dato lo acaba de embretar al ministro en otro lío interno porque si bien hasta ahora no consta que le haya informado previamente al Presidente, ese párrafo seguramente ha sido toda una sorpresa para el kirchnerismo extremo y es probable que sea fuente de nuevas disputas internas. Por más que las excusas internacionales sean las correctas, el Fondo no es ingenuo y sabe bien cuándo y por qué mete el dedo donde no debe.

Así lo interpretó un economista argentino que prefiere preservar su identidad porque conoce muy bien los resortes políticos del Fondo Monetario ("tengo muchos amigos allí", explica), quien asegura que "la directiva no le va a dejar pasar una más" a la Argentina y que "le va a respirar en la nuca para seguir bien de cerca la situación y marcar los desvíos". Aunque no descarta que la mención haya sido para darle algún aire a Guzmán en la interna ("si pasa, pasa"), con mayor profundidad estima que esa parte del comunicado "parece haber sido la exigencia de los más poderosos a Georgieva, única forma en que los Estados Unidos y Japón sobre todo dejaran correr la cosa".

Guzmán ya estaba en la mira de Cristina y de La Cámpora y así lo certifican las críticas a viva voz que hubo en la marcha del jueves pasado. Con este sorpresivo dato que deslizó la directora-gerente, el ministro se acaba de comprar más antipatías puertas para adentro, ya que el adelanto de la revisión es un grano muy complicado para el kirchnerismo tradicional. Hasta los más radicalizados lo pueden tomar como una nueva mojada de oreja de la Casa Rosada, ya que Néstor Kirchner odiaba ese tipo de auditorías que, con la excusa de poner el foco principal sobre los números fiscales, la emisión y su correlato inflacionario y la evolución de las reservas, tiene evidentemente sus derivaciones políticas.

En verdad, lo estrictamente técnico no era lo que más le molestaba al ex presidente. Su obsesión principal, lo que en verdad lo llevó a sacarse de encima al FMI cuando pagó toda la deuda en 2005 (aunque le haya tomado luego dinero mucho más caro a Venezuela), fue que aquellos funcionarios del organismo que se establecían en Buenos Aires -tal como suelen hacer en todos lados para armarse así de un cuadro más acabado de la realidad económica de cada país- entrevistaban a economistas y empresarios y que de esas charlas se derivaban muchas críticas hacia la política económica y a ciertas oscuridades de la gestión. El problema que más angustiaba al ex presidente es que todo eso luego era publicado por la prensa.

Al Fondo Monetario no sólo parece preocuparlo que todo lo pactado se haya desactualizado por la guerra, sino que el comunicado donde se anuncia la fumata blanca a favor de la Argentina expone claramente otros varios reparos sobre su historial que sólo pueden ser observados bajo óptica de la desconfianza. 

Haber derrapado en 21/21 de los créditos tomados le otorga al país un prontuario muy difícil de levantar. Es probable que por eso, antes de dar el visto bueno al Acuerdo sin que hubiera votos negativos ni abstenciones, tal como finalmente sucedió, los directores discutieron bastante sobre el caso argentino, ya que sienten que lo que está en juego es "la reputación" del organismo y así lo han expresado.

Esto sin considerar "que la elevada exposición a Argentina durante un período prolongado" le crea al Fondo "importantes riesgos financieros" y así se lo hicieron escribir y firmar a Georgieva. Los reparos son tantos que "algunos directores" no sólo le pidieron a la Argentina que para "aumentar su credibilidad" incorpore alguna de las conocidas reformas estructurales al Programa actual, las mismas que el Presidente negó en el Congreso, sino que esos comentarios los hicieron para que queden reflejados en el comunicado para que no haya lugar a dudas y para, eventualmente, salvar sus sillones.

Los directores solicitaron explícitamente una serie de "reformas estructurales que aborden las vulnerabilidades de larga data de Argentina" y aunque no dijeron más, pidieron sin decirlo lo que Guzmán (y el Presidente en el Congreso) se ufanaron en decir que no eran exigencias de condicionalidad, es decir una reforma laboral, una previsional y una impositiva, por lo menos. Sobre el final del documento, el Directorio Ejecutivo fue más allá y volvió a solicitar que se aborden los temas estructurales para que el mediano plazo el país logre fortalecer "aún más la sostenibilidad de la deuda, reforzar el balance del Banco Central y su marco de gobierno y abordar las barreras regulatorias a la productividad, la inversión y el empleo formal".

En su diagnóstico, Georgieva abordó también el tema crucial de la desconfianza, pero no sólo por la debilidad manifiesta del gobierno actual, sino que abundó sobre "los desafíos profundamente arraigados en la Argentina" algo que, casi como una cuestión cultural metida adentro de la sociedad, nunca termina de resolverse quizás debido también a las grandes diferencias de criterio (la grieta económica) que tienen los partidos mayoritarios sobre la necesidad de abordar cualquier tipo de reformas de fondo. Al respecto, la directora-gerente puso el dedo en la llaga, porque su apelación fue más allá de la grieta oficialismo-oposición, sino que le pega debajo de la línea de flotación al propio Gobierno, que por este Acuerdo se ha quebrado ideológicamente entre los que suponen que el arreglo le da previsibilidad a la Argentina y lo aleja del default y quienes desde adentro se ocuparon de criticar al Presidente y a su ministro por haber seguido ese camino: "Un fuerte consenso político y social es clave para sostener la implementación de la agenda de reforma, incluso a mediano plazo", dijo la búlgara.

La inestabilidad de la llamada "coalición" gobernante es uno de los puntos centrales de los reparos del FMI, ya que se conoce que el kirchnerismo no quiere saber nada de ajustes porque cree que la felicidad está dada más por la igualdad que por el progreso. Algunos analistas suponen que mostrándose bien a la izquierda, seguramente para no dejarle espacio a las corrientes de ese carácter que les rebanan votos todos los días en el Conurbano sobretodo, Cristina, su hijo Máximo con La Cámpora y los dirigentes más fieles parecen soñar con que el mundo se termine de desbarrancar, lo deje sin muletas al Presidente y ellos sacar tajada. "Cuanto peor, mejor", podría decirse.

Dos alfiles de esa corriente, integrados al gobierno nacional con jinetas de secretarios, aunque en lugares-clave, mucho se ocuparon en estos días para generar la zozobra que el Fondo percibe. Desde el área energética, Darío Martínez hizo público que la secretaría de Hacienda no le giraba los fondos necesarios para pagar el gas importado y advirtió en una carta dirigida al ministro Guzmán que si no tiene los fondos que se requieren habrá "consecuencias desastrosas para el país". Otro funcionario a cargo de Comercio, Roberto Feletti, quien supone que los controles de precios van a dar resultado alguna vez, habló de "ataque especulativo", le pegó al campo productor y acusó a los chacareros de "comprarse 4x4 y más departamentos en Miami". Su ilusión es que haya "más retenciones para cuidar la mesa de los argentinos". En la Rosada los llaman "quinta columnas", pero el Presidente ordenó no hacer olas.

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