Conversaciones que pronto ya se empiezan a embarrar

El proceso electoral que está por finalizar (aún resta el recuento definitivo) dejó en evidencia, primero, la desafección política que vive la ciudadanía (la participación del 71% fue una de las más bajas desde el regreso de la democracia), y segundo, que estamos en presencia de un sistema electoral que, a pesar de sus múltiples imperfecciones, se mantiene relativamente sano, sin que haya grandes impugnaciones serias y justificadas, y garantizando un nivel significativo de transparencia. Este último elemento no es una cuestión menor, ya que brinda una garantía para la legitimidad de origen de nuestros representantes. Adquiere mayor valor teniendo en cuenta que en la región últimamente las reglas de juego democráticas se han visto muy erosionadas (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, o el propio Estados Unidos son ejemplos de esto).

Respecto al resultado en sí, estos comicios confirmaron, una vez más, la nueva estructura del sistema político argentino, definido a partir de dos grandes coaliciones heterogéneas y plurales. Es cierto que algunas terceras fuerzas lograron un desempeño destacable en distritos puntuales (como la izquierda en Jujuy, Javier Milei en CABA, los partidos provinciales siempre competitivos de Neuquén y Rio Negro, o el sindicalista Claudio Vidal en Santa Cruz, que según el escrutinio provisorio estaría relegando al FdT al tercer puesto). Sin embargo, a nivel nacional la primacía del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio es evidente. Incluso en un contexto de fuerte desafección política como el que describíamos antes, ambos alcanzan el 75% de los votos. Solo queda un cuarto para repartir entre el resto de los espacios.

La coalición opositora es bastante regular en su voto: obtuvo el 42% a nivel nacional, una cifra muy cercana a la que consiguió Mauricio Macri en 2019 (40,3%). Este caudal de votos le permitiría estar cerca de un triunfo en primera vuelta en las presidenciales de 2023 (a solo 3 puntos del 45% que se requiere para no depender de los votos del segundo). En la vereda de enfrente, el volumen electoral del FdT es más irregular, tal como lo muestra los 15 puntos perdidos entre la elección de 2019 y la de 2021. A pesar de esto, hay distritos del país donde la coalición gobernante muestra una gran fortaleza: el norte argentino y el conurbano bonaerense, especialmente las zonas oeste y sur. Este balance de poder entre ambas brinda estabilidad al sistema político, con incentivos para que ambas permanezcan unidas. Las últimas elecciones (2015, 2019 y 2021) muestran que la alternancia es posible gracias a la unidad, tanto en el oficialismo como en la oposición.

Mirando la visión económica de ambas coaliciones, y atento a cómo quedó configurado el nuevo mapa electoral, el FdT tiene su base de apoyo en sectores que necesitan en mayor medida de la protección del Estado y que representan a los menos competitivos de la economía argentina. Basta con ver cómo está integrada la cúpula de la CGT, que en el día de ayer organizó una amplia movilización para, según palabras de Alberto Fernández, celebrar el "triunfo" del Gobierno. El triunvirato de la central sindical está formado por Héctor Daer (sanidad), Carlos Acuña (estaciones de servicio) y Pablo Moyano (camioneros); no hay ningún representante de sectores industriales o exportadores (minería, agroindustria, energía). En cambio, la coalición opositora logra mejores resultados en las zonas más productivas del país, de mayor inserción al mercado global y que cuentan con una sociedad civil más densa. De hecho, la mayor proporción del PBI argentino proviene de los distritos donde ganó JXC (Capital Federal, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y el interior de la provincia de Buenos Aires).

Teniendo este esquema electoral y económico presente, es que el presidente Alberto Fernández está buscando actores sociales para fortalecer la segunda etapa de su gobierno, y decide recostarse indefectiblemente en la base de apoyo tradicional del peronismo. Lo que se vio ayer en la Plaza de Mayo es, en términos productivos, la Argentina que requiere de mayores subsidios y regulaciones del Estado para poder sobrevivir. Esto no deja de ser un problema para el oficialismo, ya que cuenta con los sectores menos dinámicos de la economía como base de sustentación.

¿Por qué todo esto es relevante? Porque, en el marco del acuerdo con el FMI, ahora el Gobierno debe presentar un plan de estabilización. Está por verse la envergadura y solidez de dicho plan, pero lo más probable es que el oficialismo intente hacerle pagar al sector competitivo de la economía argentina (donde de todas formas no logra cosechar votos) los eventuales costos de la estabilización. Estos condicionamientos políticos autoimpuestos pueden menoscabar la calidad del plan económico. Sin embargo, que el Gobierno lo intente, no implica necesariamente que lo logre. El nuevo equilibrio de poder en el Congreso entre oficialismo y oposición puede imponer un freno a las pretensiones del FdT. Por eso, probablemente brote muy pronto es una puja política por ver quién pagará las correcciones fiscales.

De la letra chica del "plan plurianual" hasta ahora nada se conoce. El anuncio del domingo emitido por el presidente Fernández trajo algo de estabilidad, sin generar ninguna mejora en las expectativas del mercado, que luego de tantas frustraciones se mantiene escéptico. El peligro es que, teniendo en cuenta el antecedente de la renegociación con los bonistas de 2020, el gobierno nacional presente al Congreso un programa con correcciones menores o maquilladas por los próximos dos años, y postergue los cambios más profundos y dolorosos para después de 2023, con la esperanza de heredarle a la próxima gestión los desafíos más importantes (o ganar tiempo si es que son reelegidos).

De ser así, quizás las inconsistencias macroeconómicas lejos de resolverse sigan acumulándose o, en el mejor de los casos, se mantengan inalteradas. ¿El FMI está dispuesto a aceptar un programa de estas características? Por el momento advierte que el plan del Gobierno debe contar con un "amplio apoyo político y social", como un presagio de lo que vendrá: pujas políticas que incluyen el quiénes, el cómo y el cuándo de los eventuales costos relacionados al misterioso "plan plurianual". El discurso de ayer del presidente Fernández, con fuerte tono confrontativo y autoelogios sesgados, comenzó demasiado pronto a embarrar las conversaciones.

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Comentarios

  • N

    Nico7g .

    Hace 7 segundos

    Como dijo Fermo, el piso del fdt es el 35%, si el peronismo hace 2 o 3 cosas bien gana caminando en el 2023. Otra cuestion, JxC no aumento su caudal de votos, su "supuesta" mejoria se debe al bajo porcentaje de votantes... como ya quedo demostrado, a mayor cantidad de votantes el FdT sube y JxC baja... por lo que ese 40% es el numero real y su techo

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  • AR

    Alfredo Rabasedas

    Hace 6 horas

    El , gobierno subsiste por las exportaciones del campo en vez de subsidiar y apoyar la casi única base se sustentación de su economía, los ataca, baja las exportaciones de carne combate la inflación congelando precios, cosa que nunca anduvo. La única forma de salir de esta situación financiera acuciante es dar mejores condiciones para invertir en el país generando empleo genuino y facilitar las exportaciones, como hacen todos los países del mundo. Pero sin importaciones de insumos y bienes de capital, imposible crecer. Se necesita un Consejo de Expertos que desarrollen un pacto socio-económico para salir de esta encrucijada política.

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