OPINIÓN

Claves para entender el entendimiento

El Gobierno y el FMI han llegado a un "entendimiento" respecto de las metas fiscales, monetarias y de acumulación de reservas que formarían parte del acuerdo entre ambos. 

Algunos observadores han concluido que el sendero de mejora fiscal es suave y que, en cambio, es más ambiciosa la reducción en el financiamiento monetario del déficit lo cual supone un acceso importante al mercado local de deuda y a dólares adicionales de otros organismos internacionales o de otros países.

El préstamo nuevo sería del mismo monto que lo desembolsado en el marco del stand by firmado por el gobierno anterior. Eso implica que el gobierno tomará deuda adicional del FMI por alrededor de u$s 4500 millones, ya que se había cancelado ese importe utilizando reservas del BCRA

Esos dólares irían a fortalecer las exiguas reservas internacionales y, por lo tanto, no servirían para financiar el déficit fiscal. No se sabe entonces si el financiamiento en moneda extranjera adicional vendría de un aporte inusual de otros organismos o de algo bilateral atado a los avances en algunos proyectos de obra pública.

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El sendero fiscal es mucho más exigente de lo que parece a simple vista. Y ello es consecuencia de la fiesta de gasto público que armó el gobierno para intentar ganar las elecciones de medio término de 2021.

Si se excluyen los DEG recibidos del FMI el año pasado el déficit fiscal primario fue de 3,1% del PBI. Reducirlo a 2,5% en 2022 como surge del entendimiento parece tarea fácil. Sin embargo, ello no es así. 

El año 2021 el Gobierno tuvo otro ingreso extraordinario (el aporte solidario) que no se repetirá este año de 0,5% del PBI. Una mejora en un año par que no hay elecciones de 1,1% del PBI luce todavía factible a pesar de que subsisten algunos interrogantes respecto a la evolución de las exportaciones agrícola ganaderas y de las retenciones en un año golpeado por la sequía.

Pero el desafío fiscal principal no está ahí. Es conocido que el déficit del segundo semestre del año es mayor que el del primero. Entre 2004 y 2020 y medido respecto del PBI anual el resultado primario de la segunda mitad del año (excluyendo ingresos extraordinarios como DEG y utilidades del BCRA o del FGS) fue 0,7% del PBI peor que el registrado en la primera mitad. En el año 2021 esa diferencia fue de 2,1% del PBI, tres veces peor. 

En otras palabras, el déficit primario del segundo semestre de 2021 fue de alrededor de 5,4% del PBI. Aún siendo optimista la mejora fiscal a lograr en 2022 no sería inferior a 2% del PBI para alcanzar la meta del entendimiento.

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La explicación para este aumento extraordinario del déficit es el salto inusual en el gasto primario. En los 17 años previos el gasto sin intereses del segundo semestre de cada año fue, en promedio, 2% del PBI mayor al del primero; en 2021 fue 7% del PBI más alto. 

Por eso es curioso que los miembros más radicalizados de la coalición del Gobierno sostengan que perdieron la elección por la "austeridad" de un ministro de Economía que validó un jolgorio fiscal nunca visto en cualquiera de los años de gestión K.

Si la pandemia lo permite algo menos de la mitad de la mejora fiscal se podría lograr por la eliminación de gastos asociados al Covid-19 y por la recuperación de la economía. Agotados los ajustes sobre jubilados y el salario real de los empleados del Estado y dada la intención de no afectar la obra pública, algo puede aportar una reducción en las transferencias corrientes a las provincias, pero es evidente que habrá que reducir los subsidios al sector privado aún cuando el precio del gas licuado importado sea tres veces mayor que el pagado en 2021. 

No alcanza con la segmentación de tarifas por ingreso para lograr un aporte fiscal importante. Por ello, es crucial para cumplir con los objetivos del Entendimiento que los aumentos tarifarios generales superen en algo a la inflación proyectada.

El Gobierno se jacta de que ha logrado que el FMI no imponga reformas estructurales. Pero parecería que el foco del organismo está puesto en un tema estrechamente relacionado al medioambiente (y que ayuda en el tema fiscal): reducir los subsidios al consumo de energía.

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Subsisten otros interrogantes además del tema fiscal. ¿Qué pasará con el déficit cuasifiscal que ahora pasará a ser positivo ajustado por inflación porque la tasa de interés real deberá ser positiva? ¿Qué pasará con el anunciado acuerdo de precios y salarios cuando la inflación de los primeros meses de 2022 sea alta como consecuencia de la fiesta monetaria de finales de 2021 y de la represión artificial de precios? Si hay que acumular reservas, ¿se comprarán con impuesto inflacionario? ¿Y la brecha cambiaria?

Se entiende entonces porqué el staff del FMI habría dicho en reuniones con inversores que no están dadas las condiciones para estabilizar la economía argentina y porqué algunos miembros de la coalición de gobierno parecen seguir el "ejemplo" del Capitán Schettino

Claro, hubiera sido más fácil para todos que se hubieran evitado los excesos fiscales del segundo semestre de 2021 ya que ahora no habría tanta resaca que superar. Pero ya es tarde para eso: el buque Costa Concordia se acerca peligrosamente a la isla toscana de Giglio.

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