Opinión

Boca y la final en Río: una odisea sin gloria eterna

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Una vez más la final de la Copa Libertadores concitó el interés de los aficionados del fútbol. Esta modalidad de partido único y en estadio neutral, se impuso a partir de 2019.

Un año antes, Alejandro Domínguez, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), hizo el anuncio oficial expresando: "Más que un partido, este será un gran evento deportivo, cultural y turístico que traerá grandes beneficios para el fútbol sudamericano". 

Y además, lanzó una visión hacia el futuro: "Esta emocionante contienda ofrecerá un espectáculo deportivo de clase mundial y una mejor experiencia en casa y en el estadio. En términos de desarrollo, proyectamos mayores ingresos para el torneo y para los clubes finalistas, así como una mayor proyección del fútbol sudamericano y de la CONMEBOL Libertadores a nivel global".

Sin embargo, la regla de la "neutralidad" cedió al conocerse que uno de los equipos finalistas era de Río de Janeiro, ciudad donde habría de jugarse el partido.

Para evitar esta contingencia y por razones de equidad deportiva, sería conveniente que a partir del año próximo, la CONMEBOL designe a una sede alternativa, a fin de garantizar la neutralidad.

La victoria del Fluminense (2-1, en tiempo suplementario) hizo temblar al mundo Boca. El DT, Jorge Almirón, renunció este domingo por la noche, a poco de arribar la delegación a Buenos Aires. "Tenemos mucho dolor, estamos muy tristes por la ilusión que había en la gente y en nosotros. Se derrumbó un sueño" (léase, la Séptima Copa del Xeneize), dijo Almirón en el postpartido.

En una sociedad plagada de discursos, donde el fútbol domina al soberano, vale citar la frase: "El hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras" Aristóteles (384 a. C. - 322 a. C.).

La emboscada a los hinchas del Xeneize

El jueves pasado, gran cantidad de simpatizantes boquenses eligieron la playa de Copacabana para matizar su espera. Cuando todo parecía normal, un grupo de barras del Fluminense irrumpió como manada por la avenida principal, tomando por sorpresa y golpeando a los argentinos para robarles.

Mostrando las pruebas de lo ocurrido, "Los sobranada" (barrabravas del "Flu") difundieron videos de la emboscada en sus redes sociales. Diez minutos después llegó la policía brasileña, disparando balas de goma y gases lacrimógenos contra los boquenses, cuando los atacantes del "Flu" habían abandonado el lugar.

"Nosotros estamos muy preocupados, porque también llegan nuestras familias. De todas maneras, son nuestros hinchas, los hijos de nuestros hinchas. Conmebol ha estado muy preocupado por este tema. Ojalá se pueda resolver de la mejor manera y tener tranquilidad", declaró Mauricio "Chicho" Serna en diálogo con TNT Sports. El integrante del Consejo de Fútbol de Boca agregó: "La Conmebol está atada y condicionada, esto se venía anunciando. Cuando eliminamos a Palmeiras, dije que estábamos esperando que viajaran 20-30 mil personas a Río. Conociendo el mundo Boca, van a venir 100 mil".

Por su parte, el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli expresó: "Estoy indignado por el accionar irracional de la policía, con brutalidad arrojando gases lacrimógenos en la playa. Si bien acá las leyes son muy rigurosas, nada justifica una represión policial de estas características en el marco de lo que es la pasión del fútbol para ver la final del sábado". Consultado sobre si el grupo de hinchas del Xeneize había provocado los disturbios, Scioli precisó: "No, como hinchas de fútbol iban con su camiseta, bandera, palpitando los días previos a la gran final, había un evento en la playa. Viene la policía y actúa de esa manera brutal".

Desde la cuenta oficial X de la entidad mayor del fútbol sudamericano se emitió el siguiente comunicado: "La CONMEBOL hace un llamado a los hinchas de Boca y Fluminense a compartir todos juntos los momentos de alegría y celebración que nos da nuestro fútbol. Los valores del deporte que más nos apasiona deben ser inspiradores de conductas de paz y armonía. Por eso, repudiamos los actos de violencia y racismo que se puedan producir en el marco de esta final".

En tanto, el embajador de Brasil en Argentina, Julio Glinternick Bitelli, también se manifestó: "Son profundamente lamentables las escenas de violencia ocurridas en los últimos días, en Río de Janeiro, que esperamos no vuelvan a repetirse. Las autoridades de los dos países están en permanente coordinación en ese sentido. Es muy importante enfatizar, como lo hicieron las autoridades consulares argentinas, que cantos y manifestaciones racistas o xenófobas son pasibles de prisión en Brasil. Es importante tener en cuenta, igualmente, que hay diferencias culturales cuanto al nivel de provocación hacia la hinchada rival considerando admisible en uno y otro país". Y, en modo esperanzador, el diplomático brasileño concluyó: "Que la pasión por el fútbol, que comparten argentinos y brasileños, sea motivo de unión y celebración".

Reunión de Emergencia entre la Conmebol, la AFA y los clubes

La reunión fue convocada tras que la Policía Militar apuntara sus rifles con gas pimienta y balas de goma en plena playa de Copacabana contra quienes vestían camisetas de color azul y amarillo, provocando una estampida que por obra del azar no terminó en tragedia.

Fue entonces cuando Claudio Tapia (AFA), Luciano Nakis (AFA), Jorge Amor Ameal (Boca), Ednaldo Rodriguez (CBF) y Mario Bittencourt (Fluminense), emitieron un comunicado conjunto, señalando que se evaluó "el mecanismo de ingreso de los hinchas al estadio, las áreas asignadas a cada club y los planos y el perímetro desplegado en torno al Maracaná".

Tras este anuncio, se dio a conocer que las principales barras, "Los sobranada del "Flu" y "La 12", habían sellado un pacto de "no agresión" que luego cumplieron a rajatabla gozando de una protección especial para el ingreso al estadio.

Durante algunas horas, circuló una versión (nunca confirmada oficialmente) en torno a que se iba a instalar una pantalla gigante en el Sambódromo de Río, como una forma de contener a la multitud de hinchas boquenses que no contaban con entradas para el partido. Finalmente, esa posibilidad fue descartada. Unos 35 mil boquenses lograron ingresar al estadio pero según estimaciones, un número igual (o incluso mayor) se vio obligado a deambular por los bares de las inmediaciones y conformarse con mirarlo por TV.

El reglamento de seguridad de la Conmebol

En 2022, la entidad que rige al fútbol sudamericano, se autoimpuso una nueva versión del reglamento, declarándose como objetivo "preservar el orden público, seguridad, y bienestar de deportistas, oficiales de clubes, oficiales de partido, patrocinadores, periodistas, personal de apoyo y público en general". Asimismo, se establece que es responsabilidad de la asociación miembro (Confederación Brasileña de Fútbol) y el club local (Fluminense): "la organización, seguridad, comodidad, logística, higiene, salud pública, como el bienestar y tranquilidad de las delegaciones deportivas locales, visitantes y autoridades deportivas durante su estadía en la ciudad anfitriona".

El incumplimiento de tales deberes debe ser sometido a los órganos disciplinarios para la aplicación de las sanciones correspondientes. Un artículo (42), está dedicado al "Fomento de la Convivencia", donde se prescribe que las asociaciones miembros y los clubes afiliados "deberán fomentar e incentivar una buena relación con sus grupos de hinchas: animándolos a mantener buenos comportamientos ... invitándoles al autocontrol al interior de sus grupos, ayudando de esta forma a la seguridad y buena convivencia del espectáculo deportivo".

La violencia desatada en los días previos al partido y durante el ingreso al mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro, puso otra vez en jaque a la organización, dejando al desnudo la ausencia de una prevención planificada. Más de dos mil efectivos de la policía montada cercaron el estadio, con sables en mano y caballos con una protección en sus ojos para aliviarles el efecto de los gases. Así fue que los policías les cerraron el paso y atropellaron sin razón alguna a los hinchas argentinos (incluyendo mujeres y niños), rememorando penosas escenas del pasado. Muchos se quedaron afuera sin poder presenciar el partido a pesar de haberse acreditado con sus tickets oficiales.

Tal como lo expresamos luego de la final frustrada en el estadio Monumental de River Plate (2018), estos hechos de violencia extradeportiva, con patentes signos de xenofobia, deberían servir para que las autoridades se decidan a dar un salto de calidad y eficiencia en materia de seguridad, marcando un antes y un después en la historia de las finales de la Copa Libertadores. 

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