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Bajar la inflación dejó de ser un objetivo central en la estrategia

Hay un objetivo que el Gobierno dejó de perseguir: bajar la inflación. La prioridad ahora es conseguir una mejora visible en el ritmo de actividad económica, ya que en la Casa Rosada consideran que esa percepción puede ser más relevante de cara a las elecciones que cualquier otra acción llevada a cabo para combatir la pandemia. El decreto que destraba la compra de vacunas a los laboratorios estadounidenses procura eliminar un tema que resonó fuerte en los últimos dos meses, pero que para septiembre (cuando llegue el turno de las PASO) será un tema superado. Lo único que quiere el Ejecutivo es que una eventual tercera ola no lo obligue a frenar el impulso que pretende recobrar.

Martín Guzmán aspiraba a reducir modestamente la primera marca inflacionaria de la gestión de Alberto. El plan era pasar del 36,1% de 2020, al 29% proyectado para este año. Ambos números serán superados largamente, aunque está claro que la línea roja que no deberían cruzar es el 53,8% de 2019, una cifra que -pese a los deseos oficiales- aparece en el tablero de control de los consultores más pesimistas.

Hay que señalar que tanto Economía como el Banco Central están haciendo un esfuerzo visible para contener el financiamiento monetario. Aunque los bancos privados no se mostraron dispuestos hasta el momento a reducir su tenencia de Leliq y aumentar la de bonos del Tesoro (una puerta que abrió el BCRA a partir de junio), las entidades públicas sí pueden hacerlo y darle de esa forma más margen de emitir deuda a Guzmán. El objetivo en ese caso es achicar hasta donde sea posible la colocación de Leliq y pases, ya que esa herramienta puede ser más necesaria en los meses finales del año.

El problema es que el Gobierno parece dispuesto a cerrar una canilla pero a dejar otras abiertas. El aval oficial a la reapertura de paritarias está alineado con el objetivo de reanimar el consumo, pero no atiende su posible impacto en la inflación.

La visión que transmite Santiago Cafiero en su diálogo con El Cronista (en la que ratifica la teoría de la inflación multicausal), parece darle más relevancia al ordenamiento fiscal y monetario como instrumentos para moderar los precios que a la puja distributiva. Lo segundo no llama la atención, pero lo primero sí. Lo que falta sobre la mesa, en todo caso, es el concepto de vasos comunicantes. El jefe de Gabinete también reafirma la idea de que tienen margen para desacelerar la suba del dólar. No hay atraso cambiario si se mira una serie histórica, pero hay una pérdida de rentabilidad en las exportaciones en la que también impacta el costo laboral e impositivo argentino.

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