

La conducción del Fondo Monetario Internacional tiene muy en claro que el resultado electoral de las PASO será muy difícil de revertir. La reacción de los mercados en las 72 horas siguientes tuvo el mismo sentido: los inversores consideran que dar vuelta una diferencia de 15 puntos es una misión casi imposible, y por eso los funcionarios del organismo que vinieron a evaluar la situaci incluyeron un pedido especial: escuchar de boca del propio Alberto Fernández qué piensa hacer en caso de ganar la elección de octubre y acceder a la presidencia.
El candidato del Frente de Todos no quiso desairar al organismo. Por eso decidió encabezar el equipo de economistas que lo asesoran y recibió en sus oficinas de San Telmo a Alejandro Werner, director del Departamento Hemisferio Occidental, y a Roberto Cardarelli, responsable del caso argentino.
Alberto había anticipado dos factores centrales: cree necesario renegociar el acuerdo que firmó Macri, y anticipó que no encarará procesos forzosos en materia de deuda, lo que implica un rechazo a cualquier posibilidad que implique un default. Más allá de la lectura política que transmitieron los anfitriones luego de la reunión (en la que recargaron las tintas sobre la gestión Macri), la primera señal es que el Fondo seguirá involucrado en la política que diseñe el próximo gobierno. Suena obvio pero no es menor. Néstor Kirchner tenía los dólares de la soja disponibles cuando ejecutó, en enero de 2006, el pago de la deuda que tenía el Estado con el organismo. Eran u$s 9800 millones, y ya no estaban ni Roberto Lavagna ni Guillermo Nielsen, sino Felisa Miceli.
Fernández aprovechó el deseo del Fondo por llevarse información de primera mano, para sumarle parte de la responsabilidad en la que está la economía argentina. Para eso solo necesitó decir que durante la vigencia del crédito el crecimiento cayó, y la pobreza y la inflación subieron. El encuentro es una forma de decir "se los dije", y de evitar que hacia adelante suceda lo inverso: que el organismo le pida que se haga cargo de los incumplimientos potenciales de Macri.
Lo que ambas partes saben es que si el "fernandismo" llega al poder, habrá una renegociación. Su intensidad estará dada por el estado en el que lleguen las reservas a diciembre. El futuro gobierno tendrá a su favor el alto involucramiento que alcanzó el Fondo frente al gobierno de Macri. Sus autoridades no pueden exponerse a una crítica frontal de sus principales accionistas, algo que sucederá si un país con mala reputación como deudor recibe tanto dinero y no consigue capitalizarse bajo su supervisión. El FMI pedirá, pero no podrá ser más exigente que con Macri. Ese es el handicap de Alberto. El default no le conviene a nadie.















