El impuesto a los ricos no alcanza para eliminar la pobreza en la Argentina

Fue un día movido en el Congreso. La Cámara de Diputados convirtió en ley el Presupuesto 2021, que incluye una reducción en los pagos de la deuda, un importante plan de obras públicas y estima un fuerte crecimiento de la economía.

Pero el proyecto de Presupuesto 2021 no fue lo único que pasó en el Congreso. Además se debatía el Aporte Extraordinario a las Grandes Fortunas, conocido popularmente como impuesto a la riqueza, e ingresaba el proyecto del aborto, minutos después del anuncio del presidente Alberto Fernández.

Los puntos neurálgicos del primer presupuesto de Alberto Fernández estiman un crecimiento de la economía del 5,5% del PBI, una inflación de 29%, un déficit de 4,5% y dólar promedio de $ 102,4.

La obra pública tiene un rol importante en el Presupuesto. De hecho, la duplicación de los gastos de capital ahora van a estar en el orden del 2,2% de PBI.

Por el lado de la deuda, los pagos de intereses se llevarán el 1,5% del PBI, mientras que antes de la renegociación que llevó a cabo el ministro de Economía, Martín Guzmán, esas cancelaciones representaban el 3,5% del PBI.

El proyecto de impuesto a la riqueza hoy parece ir palo a palo, en importancia mediática, con el del aborto. Con la mayoría de las cúpulas empresarias, el campo y la oposición en contra, el oficialismo igual definió seguir adelante con el plan.

El proyecto en cuestión señala que están alcanzadas por el aporte las personas humanas y sucesiones indivisas residentes en el país, los argentinos que tienen residencia en el exterior pero bienes en la Argentina, y los que tienen residencia fiscal en paraísos fiscales. En todos los casos, se aplicará cuando sus bienes declarados superen los 200 millones de pesos.

La riqueza como polo opuesto de la pobreza representa hoy a un sector minoritario. Básicamente, porque la Argentina no es desarrollada y porque proporcionalmente el país tiene una pobreza cada día mayor, producto de diferentes crisis.En los últimos 30 años, la tasa de pobreza medida por los ingresos nunca fue inferior al 25%.

Hay más, según un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) casi la mitad de las personas en situación de pobreza crónica tiene menos de 15 años, el 70% tiene un nivel educativo bajo y, si bien la mayoría de los adultos tienen trabajo, éstos son precarios y sin aportes de seguridad social y cobertura de salud.

Es en este país donde, por estos días, se discute un nuevo impuesto para cobrarle a los que más tienen. La pregunta que todavía no tiene respuesta no es el porqué del impuesto, sino para qué se va a usar lo recaudado. Tampoco tiene respuesta esta nueva grieta entre los que más y menos tienen. La sensación es que el problema de fondo, la pobreza estructural, necesita de otra solución.

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