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El Gobierno ante el conflicto social: que el árbol no tape el bosque

El Gobierno ante el conflicto social: que el árbol no tape el bosque

Las imágenes de Pablo y Facundo Moyano marchando el viernes a Plaza de Mayo bajo el clamor multitudinario de "paro general" trastocaron el humor oficial en medio del viaje presidencial a China. ¿Hasta dónde Mauricio Macri puede confiar en la promesa de paz social que asumió Hugo Moyano en el almuerzo íntimo que ambos compartieron en Olivos apenas el camionero concretó su salida formal de la conducción cegetista? Moyano está lejos de haberse jubilado del mundo sindical, pero sus gestos resultan demasiado confusos en la visión oficial. "Policía bueno, policía malo", interpretan aquellos funcionarios que reconocen el talento táctico del dirigente. Otros elucubran una maniobra más peligrosa, que ubican en los términos de una revancha moyanista por la intervención presidencial que bloqueó su desembarco en la conducción de la AFA. El tiempo suele ser clarificador en muchos casos.

En cambio, el Gobierno podrá agradecer al kirchnerismo otro favor oportuno. La presencia de ex ministros y colaboradores de Cristina Fernández en la Plaza le ofreció al discurso oficial un argumento perfecto para buscar corroer la legitimidad del desafío impuesto por la multitudinaria movilización. Si bien fue evidente el esfuerzo K por sacar rédito político propio de la protesta, resulta por lo menos inquietante cierta comprensión reduccionista en la impugnación alentada por la Casa Rosada.

Sobre ese punto en concreto alertó la delegación de la CGT que, un par de horas antes de la marcha, se reunió con medio gabinete de Macri. Casi profética pareció su advertencia: si el Gobierno sigue postergando medidas para atender la situación de los sectores más golpeados por la recesión económica, cualquier esfuerzo de contención del conflicto social llegará demasiado tarde.

La respuesta oficial insistió con la efervescencia optimista de que lo peor ya pasó y que el escenario económico se encamina hacia una etapa de crecimiento sostenido. Hasta el más moderado entre los moderados en la cúpula cegetista quedó estupefacto ante el tenor de la contestación.

Dentro de la central obrera más influyente observan una profundización del malestar popular que poco a poco va ganando adhesiones entre los gremios más poderosos de la propia entidad y realimenta la presión por avanzar hacia el terreno de la confrontación directa. El margen de acción de la estrategia de diálogo se contrae a ritmo acelerado.

La pelota está en el campo del Gobierno, pero si la entretiene mucho tiempo sin marcar la diferencia puede ser demasiado tarde.

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