Dry Martini: el rey de las barras

Dry Martini: el rey de las barras

Es elegante, potente y certero, como la puntería del Agente 007. La sencillez de su fórmula contrasta con la complejidad del origen de las dos bebidas que le confieren su carácter de clásico siempre vigente. 

Antes que el martini, el gin. Y antes que el gin, el genever. Porque para entender algo más de ese clásico cóctel y de su bebida base, conviene remontarse a los orígenes. El genever surgió en el territorio que hoy ocupan Holanda y Bélgica, donde el enebro se destinaba a la elaboración de unas pócimas que eran fáciles de encontrar en las boticas en la Edad Media, cuando la peste asolaba a Europa: aunque poco efectivos en la práctica, los tónicos a base de enebro tuvieron, por entonces, su primera era dorada. Ya durante la Guerra de los 80 Años, un conflicto que enfrentó a los Países Bajos con su soberano español, sucedieron dos hechos importantes que contribuyeron a la globalización del genever. Uno fue la creación de la Compañía Holandesa de las Indias, considerada la primera multinacional por muchos historiadores: liderada por eximios navegantes y comerciantes, diseminó la bebida por sus colonias. Otro, fue la llegada de las tropas inglesas a Flandes para luchar junto a las fuerzas de los disidentes Países Bajos: acostumbrados a infundirse valor a través del alcohol, los británicos se hicieron fanáticos de ese brebaje al que bautizaron como dutch courage (coraje holandés). Si bien algunos súbditos de la corona british llevaban un tiempo experimentando con la destilación y botánicos como el enebro, el anís o la ajedrea, todavía el ranking de preferencias estaba encabezado por la cerveza y el brandy.

Algo empezó a cambiar cuando, finalizada esa contienda, el holandés Guillermo de Orange-Nassau accedió, en 1689, al trono de Inglaterra. El nuevo rey, de fe protestante, no tardó en establecer nuevas leyes, entre ellas, la que fijaba una fuerte carga arancelaria a las importaciones de vinos y bebidas de todos los países católicos europeos -como el jerez español, el porto luso y el coñac francés-, así como la que establecía un programa de incentivo a la producción local de destilados como el gin, que hasta entonces se elaboraba de modo artesanal, casi marginal.

En los inicios del siglo XVIII, grandes contingentes de migrantes internos comenzaron a llegar a Londres, donde vivían hacinados y sobreexplotados laboralmente. Pronto comenzaron a ahogar ambas penurias en el gin made in England, que era mucho más barato que otras bebidas alcohólicas porque el Parlamento, integrado mayoritariamente por terratenientes, había bajado los impuestos al cereal que crecía en sus campos para hacer negocio redondo con los destiladores. Mientras que las clases pudientes consumían el genever holandés, las flamantes clases trabajadoras urbanas recurrían a la versión local, de baja calidad, que rápidamente desató una de las primeras narcohisterias de la historia, conocida como gin craze. Esa crisis de salud pública empezó a resolverse cuando el ingreso al mercado de otros players marcó el comienzo de la baja en el consumo del gin: entre la high society se puso de moda el ron que, llegado directamente del Caribe, se convirtió en la bebida favorita de la Royal Navy; entre la working class, la cerveza estilo porter demostró tener menos efectos colaterales.

El favorito de Bond, James Bond

El Dry Martini es uno de los cocteles más icónicos: es elegante, potente y perfumado. Directo y certero, como la puntería del Agente 007. Existen varias versiones sobre el origen de esta fórmula de sólo dos bebidas, siendo la más verosímil aquella que indica que fue en el famoso hotel londinense Savoy donde, a finales del siglo XIX, el barman Thomas Stuart comenzó a mezclar Plymouth dry gin y vermú francés Noilly Prat dry, más unas gotas de bitter de naranja. Como sea, el Dry Martini se volvió infaltable en las mejores barras del mundo y el favorito a la hora del aperitivo. Cuentan que el mismísimo expresidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt brindó con uno para celebrar el fin de la Ley Seca bajo su mandato.

Ahora, una cosa es el Martini y otra, los martinis… La diferencia no es menor, ya que en muchos casos no tienen nada que ver el uno con el otro, aunque se trate de cócteles que se sirvan en la misma copa. ¿Cómo distinguirlos? Los tragos cortos y elegantes servidos en la copa cocktail o en la antigua de champagne (coupe), generalmente fuertes en alcohol, preparados en coctelera o mixing glasses, con base en un destilado y un vermú, son los tinis, una colección de recetas que suponen la evolución del Dry Martini clásico, cuya fórmula es tan mínima y sencilla que un ligero cambio da origen, casi de inmediato, a un nuevo miembro del clan.