La sueca de 16 años que protesta todos los viernes e inició un movimiento global

por  LESLIE COOK

Financial Times

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La sueca de 16 años que protesta todos los viernes e inició un movimiento global

Desde agosto protesta, cada viernes, frente al Parlamento, en Estocolmo. Miles de jóvenes comenzaron a imitarla en toda Europa. Padece Síndrome de Asperger y TOC 

Son las 8 de la mañana cuando veo a Greta Thunberg por primera vez, y ya se ha reunido una pequeña multitud a su alrededor. Es viernes, su día de protesta semanal, y la joven de 16 años está de pie frente al edificio de color rosa del Parlamento de Estocolmo, junto a un cartel desgastado que dice “Huelga escolar por el clima” en sueco.

El sol de febrero apenas aparece sobre la ciudad. Thunberg es un poco difícil de detectar, porque es de estatura pequeña. Su cara se asoma entre un gran sombrero y una gruesa bufanda. “Bueno, hace calor hoy”, dice con una sonrisa, cuando le pregunto cómo va la protesta. Hay 5 ºC y no siento mucho calor.

Esta es la 26ª semana de su huelga escolar, que realiza todos los viernes desde que comenzaron las clases en agosto del año pasado, incluyendo las vacaciones. Durante ese tiempo, ella ha adquirido un nivel repentino de fama e influencia que casi nadie, ni siquiera ella misma, esperaba.

En los últimos 6 meses se ha convertido en una superestrella del movimiento contra el cambio climático. Los medios de comunicación resaltaron rápidamente su huelga escolar, la cual comenzó cuando ella se sentó sola sobre una estera junto al Parlamento sueco. Luego vino una charla de Ted, discursos en mítines y una invitación para hablar durante las conversaciones sobre el cambio climático de las Naciones Unidas en diciembre último, en Polonia. Inspirados por su ejemplo, la cantidad de estudiantes huelguistas en toda Europa (y el mundo) aumentó a miles, luego a decenas de miles, y todo gracias a esta adolescente frente a mí con su cabello trenzado.

Durante años, el cambio climático ha sido un gran problema que ha carecido de líderes. Políticos, celebridades y naturalistas han defendido la causa; por ejemplo, Al Gore, Leonardo DiCaprio, Jane Goodall. Pero nadie ha capturado el espíritu de lo que le está sucediendo en el planeta tanto como esta adolescente autista, con su simple mensaje: me están robando el futuro.

Su protesta se ha hecho eco porque llega en un momento muy sombrío para el planeta. Las emisiones globales de dióxido de carbono alcanzaron un nuevo nivel récord el año pasado, lo que puso de manifiesto los límites de décadas de negociaciones sobre el cambio climático. Las temperaturas han aumentado: los últimos cinco años fueron los más calurosos desde que comenzaron los registros modernos. Y una serie de desastres naturales han comenzado a hacer que el cambio climático parezca menos una amenaza abstracta.

El objetivo de la huelga de Thunberg es que Suecia se alinee con el Acuerdo de París sobre el cambio climático de 2015, según el cual los países se comprometen a limitar el calentamiento global a menos de 2°C, en comparación con la era preindustrial. Ella, según dice, seguirá en huelga todos los días hasta que eso suceda. “¿Por qué debería estudiar para un futuro que pronto no existirá, cuando nadie está haciendo nada para evitar ese futuro?”, preguntó en su charla Ted. Es un mensaje que ha resonado en todo el mundo, haciéndose eco del espíritu de la resolución Nuevo Trato Verde (Green New Deal) de Alexandria Ocasio-Cortez en Washington. El día que la visité, miles de escolares estaban en huelga en más de 200 ciudades de Europa.

Thunberg es famosa por su franqueza. “Debemos cambiar casi todo en nuestras sociedades actuales”, les dijo a los empresarios y políticos de Davos. “Los adultos siguen diciendo: ‘Debemos darles esperanza a los jóvenes’. Pero, no quiero su esperanza. No quiero que tengan esperanza. Quiero que sientan pánico”. Mientras la miro, es difícil reconciliar esas palabras mordaces con la pequeña figura que tengo frente a mí. ¿Es ella realmente la heroína del clima que tantos piensan que es?

Habla en voz baja, a menudo simplemente asiente con la cabeza cuando le hablan. Hace unos años se le diagnosticó Síndrome de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo, lo que significa que habla sólo cuando es necesario. 

He organizado un almuerzo con Thunberg unas horas más tarde en casa de un amigo. Su padre, Svante, por lo general le lleva la comida, así que voy a encontrarme con él en una cadena vegana cercana, Taku-Taku. Su largo pelo castaño, muy por debajo de sus hombros, me facilita distinguirlo. El menú, inspirado en la cocina asiática, ofrece muchos platillos cocinados con carne falsa. Thunberg recomienda el bulgogi, dice que es bueno si a uno le gustan las setas. Ordena el curry “paneng” con arroz para su hija.

Ha habido cierta controversia sobre si los padres de Thunberg la sometieron a todo esto, una acusación que a menudo se les imputa a los activistas adolescentes. “Al principio, obviamente estábamos muy reacios a que ella hiciera la huelga”, dice su padre mientras caminamos por el centro de Estocolmo. Los comentaristas han cuestionado por qué los estudiantes tenían que faltar a la escuela en lugar de protestar durante el fin de semana. El padre de Thunberg destaca que ella es de las primeras de su clase y compensa las tareas que pierde.

Sufrió una depresión severa cuando tenía 11 años, me explica él, y preocuparse por el cambio climático la ayudó a recuperarse. La familia compró un coche eléctrico, dejó de tomar aviones –lo cual acabó, de hecho, con la carrera internacional de la madre de Thunberg, que es cantante de ópera–  y se volvió principalmente vegetariana. “Ha sido una transformación increíble”, dice, hablando de lo feliz y enérgica que se siente ahora.

Algunos activistas y políticos han sugerido que Thunberg no es tan ingenua como parece y que está siendo utilizada como una fachada para grupos ecologistas radicales. En Bélgica, donde la huelga contra el cambio climático ha sido popular, uno de los ministros de Medioambiente del país, Joke Schauvliege, afirmó que los estudiantes en huelga fueron “organizados” por grupos ecologistas. Esto lo negó la seguridad del Estado, y el ministro renunció a principios de este mes. En respuesta a esas acusaciones, Thunberg publicó una declaración en Facebook describiendo a los activistas y científicos que han influido en ella, enfatizando que nunca recibe dinero por hablar.

Nos sentamos a una larga mesa de madera para el almuerzo, y le pregunto cómo comenzó realmente la huelga escolar. Thunberg ubica el punto de partida en el momento en que ganó un concurso de escritura en un periódico sueco el año pasado con un ensayo sobre por qué debemos actuar para aminorar el cambio climático. Algunos ambientalistas la contactaron y ella se unió a un grupo que discutía ideas sobre formas de protesta.

Thunberg quería hacer una huelga desde la escuela. A los otros en el grupo no les interesaba esta idea. “Así que decidí que iba a hacerlo sola. Aunque nadie se uniera a mí, lo iba a hacer”. Pero, tal vez las semillas de la protesta se sembraron antes, cuando sus maestros mostraron películas sobre el medioambiente en la escuela, sobre el plástico en los océanos y el sufrimiento de los osos polares.

Ella dice que su desesperación por el estado del planeta contribuyó a la profunda depresión que experimentó cuando tenía 11 años. “Me puse muy triste porque el mundo estaba muy mal, todo estaba muy mal, y luego pensé que no tenía sentido vivir. Me deprimí, dejé de comer, dejé de hablar y dejé de ir a la escuela”. El hecho de darse cuenta de que podía hacer algo con respecto al cambio climático fue parte de lo que la ayudó a recuperarse, explica.
Mientras hablamos, me doy cuenta de que, cuanto más difícil es la pregunta, más parece abrirse. A ella no le gustan las conversaciones superficiales. Le pregunto sobre el diagnóstico del Síndrome de Asperger, una etiqueta que muestra con orgullo en su cuenta de Twitter. Ella ha dicho previamente que el Asperger es “un regalo”.

“Si hubiera sido normal como todos los demás, podría continuar como todos los demás”, comienza a decir. “Y quedarme atrapada en el juego social, simplemente seguir como antes. Pero, como soy diferente, veo el mundo desde una perspectiva diferente, veo las cosas muy en blanco y negro”. A diferencia de la mayoría de los oradores que tratan temas ambientales, Thunberg no cree en ofrecer recetas alegres para el cambio. El mundo que ve es oscuro, y quiere que otras personas sientan lo mismo. “Tenemos que decir la verdad”, asegura.

Para ella, eso incluye criticar a su público, como cuando les dijo a los participantes en la conferencia de Naciones Unidas que todo lo que habían hecho durante las últimas tres décadas había sido un fracaso. Les dijo a los grandes personajes de Davos que ellos eran los culpables de las emisiones. “Algunas personas, algunas compañías, algunos encargados de tomar decisiones en particular saben exactamente qué valores incalculables han estado sacrificando para seguir haciendo cantidades inimaginables de dinero, y creo que muchos de ustedes aquí hoy pertenecen a ese grupo de personas”, dijo.

Afirma que su papá a menudo le pide que modere sus discursos, que ella misma escribe. Se asusta cuando los lee y dice que son demasiado provocativos”, dice con orgullo. Conforme nos acercamos al final del almuerzo, queda claro que las imágenes sombrías en sus discursos son, en todo caso, más moderadas que las analogías que tiene en su mente.
“Si tienes un hijo que está parado en medio de la calle y los autos vienen a toda velocidad, no apartas la vista porque es algo muy difícil de ver: corres y quitas al niño de allí”. Parte del problema es que los discursos sobre el cambio climático incluyen demasiados mensajes optimistas, agrega.

En cuanto a la ciencia del clima, sus argumentos son sólidos. A menudo cita el reciente informe de científicos convocados por Naciones Unidas (IPCC), que descubrieron que el mundo está a menos de 11 años de sufrir impactos irreversibles por el cambio climático. El mundo necesita reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 50 por ciento en ese período, agrega, señalando sus conclusiones. Conforme se desarrolla nuestra conversación, ella muestra un dominio total del tema, típico de una “geek”.

Pero, la lógica en blanco y negro que usa puede pasar por alto las cosas. El obstáculo de políticas que nadie ha resuelto es cómo reducir las emisiones tan rápidamente y quién lo pagará. Con la tecnología actual, diseñar un mundo con 50 por ciento menos de emisiones será muy costoso. Aplicar el “freno de emergencia”, como alega Thunberg, es más fácil de decir que de hacer.

Le pregunto por qué cree que el mundo se ha demorado tanto en actuar. Si todos supieran lo que ella sabe, dice, entonces harían lo correcto. “La gente no se da cuenta de lo que está pasando. Cuando hablo con la gente, saben lo básico, saben que el planeta se está calentando debido a los gases de efecto invernadero, pero no saben la consecuencia real de eso”. Su plan es seguir agitando a la gente para que presionen a sus políticos. “Los niños en huelga en la escuela no nos van a salvar”, dice ella. “Quienes están en el poder ahora necesitan hacerlo ahora”.

Thunberg está considerando tomarse un año sabático de la escuela para enfocarse en los problemas del clima. Los últimos meses han sido “bastante agotadores”, dice ella. “Realmente no me gusta estar en el foco de atención. No estoy acostumbrada a eso. Toda mi vida he sido la chica invisible que nadie ve ni escucha”.

Me pregunto qué dice acerca el movimiento contra el cambio climático el hecho de que esta tímida niña de 16 años se haya convertido en su voz. Quizás el debate se había vuelto tan cansado y autorreferente que se necesitaba una persona ajena.

Thunberg y su padre me invitan a regresar a la protesta a las 2 pm, cuando llegarán un coro y algunos niños de la escuela primaria. La próxima vez que veo a Thunberg, está rodeada de su multitud. Algunos partidarios han comenzado un círculo de tambores al otro lado de la calle. Los estudiantes reparten tulipanes. Un periodista engancha un micrófono a su bufanda. Ella sólo asiente y sonríe, como una pequeña reina. 

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Capullo, alguien sabe lo que pasaría si se siguieran sus consejos, cuantos se salvarían y cuantos perecerían con los cambios propuestos. No debemos cuidar al planeta, puede cuidarse solo, debiéramos cuidarnos por nosotros. ¨rubenardosain.wordpress.com¨

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