Es artista y reivindica la frivolidad de la moda: últimos días de su retrospectiva

Es artista y reivindica la frivolidad de la moda: últimos días de su retrospectiva

Delia Cancela fue parte del Instituto Di Tella en los ‘60. Durante 20 años, trabajó junto a los grandes de la moda en París, Londres y Nueva York. A fin de mes culmina una muestra antológica en el Mamba

Delia Cancela fue protagonista de la efervescencia cultural que dinamizó  Buenos Aires en los ‘60 como parte de la vanguardia vinculada al Instituto Di Tella. Como artista, expandió su arte a otras disciplinas como la moda. Pero distingue una de la otra. “¡Por favor!”, insiste.

 

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) celebra su obra con Reina de Corazones 1962-2018, una exposición antológica que abarca ilustraciones (de desfiles, vestuarios teatrales o dibujos para Hermés), el mítico manifiesto 'Nosotros amamos'; un réplica de Love and Life que montó en la legendaria Galería Lirolay en 1965 y, claro, los moños y los corazones que ofician como link de su carrera desde sus inicios, por citar algunas referencias de la prolífica carrera de esta innovadora que recientemente recibió el Premio a la Trayectoria otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación.

 

Delia Cancela, Atributos masculinos (2010)

Delia Cancela formó junto a Pablo Mesejean, fallecido en 1986, la disruptiva dupla artística Pablo & Delia: durante 20 años trabajaron junto a los grandes talentos de la moda y el diseño en Londres, París y Nueva York. La retrospectiva inaugurada en El Moderno despliega sus distintos perfiles, en dúo y en versión solista. “Siempre fui transgresora”, asume la eterna pelirroja, con la certeza de haber provocado cambios.

 

La antología de su obra en El Moderno demuestra que no fue influenciada por el momento, sino que lo definió. ¿Lo considera uno de sus legados como artista?

Un artista se hace con el tiempo. Lo que se ve en la exposición es la unión de toda la obra. En su momento, yo misma no sabía lo que estaba haciendo. Hasta que un día empecé a darme cuenta.

Delia Cancela, Corazón destrozado (1964)

 

¿Por qué trabaja soportes y lenguajes diversos?

Siempre voy investigando otras posibilidades, no me interesa quedarme en lo que descubrí. Comencé con el dibujo, seguí con la tela o con el bastidor, llegué al cuerpo y volví a la tela pero de otra manera. Para mí, ese es el camino.

 

¿Sigue explorando las múltiples lecturas de 'Alicia en el país de las maravillas', uno de sus abordajes más celebrados?

Alicia no es un cuento para chicos. Lo leí cuando era niña, en la versión de la colección Robin Hood. Pero cuando lo releí de grande, en la versión original y en inglés, me di cuenta que no es una obra infantil… Hay una serie de obras que hice sobre Alicia y que están en Japón: cada dibujo muestra diferentes mujeres. Tomé los textos de su autor, Lewis Carroll, y fijate que es un feminista.

 

Delia Cancela y Pablo Mesejean, Chicas pop (1966)
Delia Cancela y Pablo Mesejean, Chicas pop (1966)

 

Pese al contexto del país en los ‘70, ¿diría que pudo trabajar con libertad?

La idea de nosotros, como artistas, era tener libertad. Y si como artistas no podíamos ser libres, entonces había que buscar otros lenguajes. Con Pablo Mesejean llegamos a París, vimos los desfiles y, sumado el interés que tenía por la moda desde chica, fue una manera de volver a empezar. Comenzamos a pensar en el lenguaje de la moda y tuvimos mucho éxito.

 

 

Reina de corazones. 1962 / 2018 es la exposición antológica que puede visitarse hasta el 26 de febrero de 2019 en el Mamba (Av. San Juan 350). “Siempre fue leída como una artista pop, en el contexto del Di Tella. Entonces, la idea de la muestra fue correrla de ese lugar categórico en la que se le ubicó, porque ella hizo todo tipo de obras”, detalla la curadora Carla Barbero.

 

 

 

 

Hace algunos meses, Kenzo Takada estuvo de visita en Buenos Aires y contó que el trabajo que ustedes hicieron en los ‘70 fue fundamental porque cambiaron a París…

¡Qué lindo que haya dicho eso! Fuimos muy amigos con Kenzo en esa época. Llegamos a París con la gran libertad latinoamericana. En la Argentina todo está agarrado con alambrecitos, pero tenemos libertad; en cambio, ellos tienen toda la cultura europea encima. Pero no éramos inocentes: sabíamos que con nuestra cuota de creatividad artística, la rompíamos. Fuimos transgresores, sí; pero aceptando el lenguaje de la moda. En los videos que se proyectan en la muestra se ve la ropa que hacíamos, que tenía un concepto… ¡Y te dan ganas de ponértela ahora! En esa época, hacíamos los desfiles con bailarines. ¡No existía!

 

En las Experiencias 68 del Instituto Di Tella, hicieron un desfile del que se sigue hablando. ¿De qué se trataba 'Ropa con riesgo'?

El riesgo era ponértelo en Buenos Aires, decía yo. Creo que fue el primer desfile en el mundo que se hizo en una institución de arte: el público estaba sentado en el suelo, alrededor y dentro del espacio; las modelos pasaban y bailaban, hacían cosas extraordinarias en un espacio de arte. Eso también era de riesgo.

 

¿Cómo fue llegar en los ‘70, desde la periferia, a destinos que estaban impulsando nuevos movimientos, como Londres?

Llegué a Londres por primera vez cuando fuimos becados para ir a París por el gobierno francés, en la escala del barco… En ese momento, sentí que era el lugar donde quería vivir. Era fantástico, en todo sentido: me parecía increíble, coincidía con lo que nos gustaba de la moda y de los íconos del cine. Con Pablo teníamos una mirada muy europea, nos interesaba su cultura, mientras que acá se miraba a los Estados Unidos. Entonces, cuando mostramos nuestro trabajo allá, la apertura fue inmediata.

 

Delia Cancela en su taller

 

En plena crisis de la industria de medios gráficos, la edición británica de 'Vogue' está generando un cambio sustancial a partir del nombramiento de Edward Enninful como director. Él enfatiza la diversidad, el multiculturalismo y abre la revista a las bellezas reales. ¿Cree que es un camino posible para que las revistas de moda sobrevivan?

Es mejor ni hablar de eso ya. Pienso que hay muchas revistas en Europa que son muy interesantes aunque no se conocen. Pero tras la partida de Franca Sozzani, Anna Piaggi o Grace Coddington, editoras tan creativas, 'Vogue' es una institución. Grace fue la que nos descubrió cuando llegamos a Londres y nos dio espacio en ese medio. Hace un tiempo me mandó su autobiografía y me dijo que fui una inspiración. ¡Ella para mí también! En Londres me di cuenta que algo estaba pasando en mí: hubo un cambio, una apertura que me hizo ver más claro que el arte y la moda son lenguajes diferentes y naturales en mí.

 

Si tienen funciones totalmente distintas, ¿tiene sentido preguntarse si la moda es arte?

Quizás es una pregunta que surge desde el arte, porque no creo que a la gente de la moda le interese. Aunque considero que hay diseñadores que son artistas: Martin Margiela, Cristóbal Balenciaga, Hussein Chalayan, Rei Kawakubo.

 

¿La frivolidad es un estigma para la moda?

Sí, la moda es frívola. ¿Y por qué no? Si empezás a buscar qué significa la frivolidad, podés encontrar cosas interesantes. Uno dice frívolo como algo negativo, pero no es así necesariamente. ¡Seamos frívolos todos!

 

Pertenece a una generación pionera del feminismo. ¿Qué piensa de los actuales movimientos por la igualdad de género?

Me parece bárbaro lo que está sucediendo. Es diferente, quizás más violento a lo que sucedió en otros momentos, pero supongo que es necesario que así sea porque estos tiempos son más violentos. Pero está muy bien que la mujer tome el lugar que tiene.

 

Una de las perlas de la exposicíon es el cuadro 'Cuqui', que firmó con apenas 6 años. ¿Qué le  provoca verlo hoy?

Lo importante no es si pintás bien, que es un plus. Lo importante es el concepto, lo que vos creás, que no sea una cosa mecánica. Me gustó mucho ver el dibujo ahí colgado porque estaba exhibido en la cocina de mi casa. Es importantísimo, fundamental, sacar las cosas de contexto.