Bodega por bodega, el mapa de la ruta del vino premium en Chile

Bodega por bodega, el mapa de la ruta del vino premium en Chile

El reconocimiento mundial que han logrado los vinos chilenos no solo invita a disfrutarlos en su lugar de origen, sino que también amerita recorrer esos establecimientos que suman variadas propuestas del otro lado de los Andes.

Desde la plantación de los primeros viñedos en Copiapó, por iniciativa del conquistador Francisco Aguirre en el siglo XVI, mucho ha cambiado en la vitivinicultura chilena. Solo basta recorrer los alrededores de Santiago para ir descubriendo las tradiciones de los viticultores chilenos y visitar elegantes establecimientos de inicios del siglo XIX.

El recorrido se convierte rápidamente en un placer, en una experiencia que permite comprobar cómo la industria vitivinícola chilena ha sabido conjugar la riqueza de sus tierras con la maravilla de sus paisajes.

Pero para comenzar a descubrir el universo del vino chileno no hay que viajar mucho desde la capital trasandina. De hecho, bien puede comenzarse por el Valle de Maipo, la zona vitivinícola más antigua del país. Un buen primer paso será la bodega Almaviva, ubicada prácticamente en las afueras de Santiago. Producto de un joint venture entre el Baron Philippe de Rothschild y Concha y Toro, este establecimiento ha prestado especial prioridad a la atención del turismo ofreciendo tours por sus impactantes instalaciones. La visita termina con una elegante sala que depara el recomendable placer de una copa de Almaviva. 

San Pedro, una de las bodegas más grandes de Chile, posee uno de los campos más extensos del planeta sembrados ininterrumpidamente de vides, sumando 2500 hectáreas en total.

Puede pasarse luego a Viña Cousiño Macul, que nació en 1546 elaborando vinos para la Eucaristía y desde 1856 es propiedad de la familia Cousiño. El recorrido por esta bodega mezcla retazos de la historia con algunas de las más exclusivas etiquetas de Chile. De la afamada Concha y Toro, en tanto, a sólo 40 kilómetros al sur de Santiago puede verse su apacible parque de influencia europea y la Casona de Pirque, una impresionante construcción del siglo XIX.

 

Con la vista en los Andes

A no más de tres horas en auto desde Santiago, el valle de Curicó se muestra como uno de los paisajes vinícolas más atractivos del país. Está a la altura de Mendoza pero del otro lado de la Cordillera, flanqueado por picos nevados, y permite contemplar interminables extensiones sembradas de vides.

Vale destacar que en Curicó, entre cultivos que en muchos casos tienen más de 100 años, se produce buena parte del vino premium chileno. Enólogos de nivel internacional, excelente clima con gran amplitud térmica y modernas instalaciones hacen que sus etiquetas, producidas entre los 32 y 27 grados de latitud sur, tengan renombre mundial. Por eso aquí se pueden encontrar algunos de los emprendimientos más interesantes.

Bien puede comenzarse por un establecimiento vinícola ciento por ciento familiar, Alta Cima. Su producción es tan particular como su propietario, Klaus Schröeder, un ex jefe de enólogos de grandes firmas como San Pedro, Errázuriz y Santa Rita que compró 120 hectáreas y construyó esta pequeña bodega en 2001, año de su primera cosecha. Para los visitantes, un dato a considerar es que aquí se ofrece una casa de ambiente familiar donde es posible degustar especialidades como ganso de crianza relleno con manzana, cordero al romero o lomo al Carménère.

Para seguir transitando la ruta del vino que propone este valle surge la bodega de origen español Miguel Torres, ubicada a sólo 15 minutos de la pequeña ciudad de Curicó. Durante el recorrido por la bodega, que habitualmente requiere unos 45 minutos, llama la atención el contraste entre la construcción tradicional y la moderna tecnología utilizada para dar a luz sus vinos. Uno de los placeres especiales reservados aquí es contemplar la viña desde una terraza preparada para degustaciones, y otro es sentarse a almorzar o cenar en el excelente restaurante de cocina española de la bodega.

Si la infraestructura de Miguel Torres llama la atención, más aún sorprenderá San Pedro, una de las bodegas más grandes de Chile. Esta firma ligada a la producción vinícola desde 1865 posee uno de los campos más extensos del planeta sembrados ininterrumpidamente de vides, sumando 2500 hectáreas en total. La infraestructura, acorde a semejante capacidad de producción, se despliega entre inmensos tanques y gran tecnología 

También en los alrededores del pueblo de Curicó se sitúa la Viña Valdivieso, que produce vinos desde 1879, y más recientemente licores, destilados y espumantes que ya han merecido importantes premios. Su construcción original de más de 100 años convive en armonía con la alta tecnología que allí se usa, al tiempo que la poca producción de uvas por hectárea y las selecciones manuales hacen que esta bodega tome tintes artesanales. Su etiqueta más destacada es la super premium Caballo Loco, una mezcla de cepas y añadas que cambia año a año. Algo más alejada, la Bodega Aresti ofrece un entorno familiar y puede decirse que la sala de barricas, donde los visitantes degustan los vinos, es una de las más cálidas. Se encuentra entre las localidades de Río Claro y Molino, en un entorno verdaderamente de ensueños.

#Datos útiles

Varias aerolíneas tienen vuelos diarios desde Buenos Aires al aeropuerto de Santiago de Chile por precios que empiezan en los $ 7000.

Para alojarse, una alternativa recomendable es la estancia Los Lingues.

Más información:
Valle de Colchagua
Wines of Chile
Servicio Nacional de Turismo de Chile