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Shein, la gigante de la moda china, en el ojo de la polémica por su modelo de "ropa descartable"

El modelo de negocios de Shein, una startup mundial de fast fashion, también es su principal rival.

Al igual que muchas clientas de Shein, Jaleesa King no espera que las prendas del gigante chino del fast fashion duren más de lo que toma subir una buena selfie a Instagram. La mujer de 26 años reconoce que gasta unos US$ 500 dos veces por mes en 20 a 30 artículos que apenas si usará. "Tal vez una o dos veces, eso es todo", dice riendo mientras revisa la tienda temporaria de Shein en San Francisco, una reunión especial de marketing para un retailer que habitualmente solo está online. "Si me puedo sacar una buena foto, entonces sin dudas las usaré una sola vez".

El impulso al modelo de negocios de fast fashion convirtió a Shein en la cara del sector y en una de las principales startups del mundo. Pero, en tanto los temas ecológicos, sociales y de gobernanza (ESG por sus siglas en inglés) cobran importancia entre los inversores, el abrazo de la marca a la moda descartable podría ser la principal amenaza para su futuro. Una vasta red de contratistas industriales le permite inyectar diariamente miles de diseños para jóvenes a precios que apenas pueden creerse: vestidos por un puñado de dólares o incluso menos por unos shorts.

Con ventas en 2021 de al menos US$ 16.000 millones, en alza frente a los US$ 10.000 millones de 2020, y una valuación de mercado de US$ 100.000 millones, la compañía se ha catapultado a la misma liga de SpaceX de Elon Musk o la casa matriz de TikTok, ByteDance Ltd.. Pero el modelo de negocios de Shein también es la fuente de un problema de imagen potencialmente tóxico que desató acusaciones de daños ambientales, explotación laboral y robo de derechos de autor. La Universidad de Indiana, que meses atrás anunció una asociación con Shein, postergó nuevos planes debido a las preocupaciones por la compañía. Aunque a muchos de sus clientes jóvenes no parece importarles, las personas y las entidades con verdadero poder sobre el futuro de Shein -inversores, reguladores y políticos- no tienen otra alternativa que prestar atención.

Shein registró ventas en 2021 de al menos US$ 16.000 millones, en alza frente a los US$ 10.000 millones de 2020, y una valuación de mercado de US$ 100.000 millones.

Como parte de su última ronda de financiamiento a comienzos de este año, Shein declaró a los inversores actuales que espera organizar una oferta pública inicial (OPI) en Estados Unidos ya en 2024, dijeron a Bloomberg personas familiarizadas con las ideas de la compañía. Confiando justificar su valuación astronómica, la firma se apresura a desprenderse de su reputación de villana del ESG. Un equipo de nuevos directivos se concentra en cambiar la imagen de la compañía.

Algunas de las críticas que afronta Shein también les caben a sus rivales. La moda rápida es un negocio que genera enormes derroches, y exacerba el impacto ambiental de la industria, indica un informe del Banco Mundial de 2019, que mostró que la cantidad de prendas producidas se había duplicado frente a los 50.000 millones fabricados en el año 2000. Pero al crecer en la conciencia pública el lugar de la ESG, gigantes occidentales de la ropa como Zara, de Inditex SA, o Hennes & Mauritz AB, se han esforzado por limpiar su imagen mediante campañas de reciclado, colecciones "ecológicas" e iniciativas similares. Para sobrevivir entre los principales jugadores, Shein podría necesitar de una transformación equivalente.

Algo que la compañía no puede modificar son sus raíces chinas, lo que genera mayor atención en tanto la complicada relación entre China y los Estados Unidos se torna más difícil. En el mundo de la moda ese origen también plantea la cuestión de Xinjiang, la región que produce el 85 por ciento del algodón chino y cuyo nombre ha sido sinónimo de acusaciones de trabajo forzado. Las plantas de Shein no están en esa región. Pero la situación se complica debido a la enorme cantidad de proveedores que utiliza la compañía.

Y a Shein la acusan de muchas faltas. Los activistas denuncian que algunos artículos que vende los producen empleados de bajos salarios que trabajan jornadas excesivamente largas y en condiciones peligrosas, mientras que reguladores y militantes afirman que la moda de descarte genera tantos desperdicios que nadie que se preocupe por la ecología podría apoyarla. "Shein es como una bandera roja para todo el que piense en la sustentabilidad", afirma Garik Himebaugh, fundador de Eco-Stylist, un grupo de emprendimientos sociales con sede en Austin que asigna calificaciones a las empresas en función de su compromiso con la sustentabilidad. En su análisis más reciente, Shein no recibió ningún punto sobre 100 posibles. Zara y H&M obtuvieron 30 puntos cada una.

Otro problema han sido las acusaciones de robo de derechos de autor. Desde comienzos de 2021, Shein recibió al menos 40 demandas en Estados Unidos que alegan que infringió la propiedad intelectual de los demandantes. La cifra es tres veces la que recibieron en conjunto Urban Outfitters, H&M y Zara, indican datos compilados por Bloomberg. La compañía china sostiene que sus proveedores certifican que no vulneran la propiedad intelectual.

"Shein es como una bandera roja para todo el que piense en la sustentabilidad."

El año pasado, como parte de su contraofensiva, Shein incorporó directivos, especialmente Adam Whinston, su nuevo jefe de ESG. Las metas de Whinston incluyen fortalecer la sustentabilidad y convertir a Shein en un incomprendido líder ecológico. Según Whinston, la introducción diaria de miles de artículos es un rasgo, no un defecto, del modelo sustentable de la empresa. El desperdicio se minimiza produciendo artículos en pequeños lotes para esperar luego la reacción de los consumidores, antes de incrementar la producción, declaró en una conferencia en junio. "Creemos que si el resto del sector sigue este modelo casi de inmediato la producción se reducirá en un 20 por ciento", agregó en la conferencia. Este enfoque es parte de "un modelo empresario innovador y único que nos ha permitido ser una compañía más sustentable desde nuestra fundación", declaró Whinston a Bloomberg en respuestas por email.

Las políticas laborales de Shein también están bajo estudio. En noviembre pasado una investigación de la organización no gubernamental suiza Public Eye detectó que algunos fabricantes que abastecen a Shein sometían a sus empleados a condiciones laborales peligrosas y a semanas de 75 horas de trabajo.

Esos temas no son nada en comparación con la controversia por el algodón de Xinjiang. Las preocupaciones por el trabajo esclavo impulsaron a compañías como H&M o Nike a boicotear el material ya en 2021, y actualmente los productos de la región están prohibidos en los Estados Unidos a menos que el importador pueda demostrar que fueron elaborados sin mano de obra esclava. Hasta ahora Shein no tuvo problemas con las sanciones por Xinjiang ni con los aranceles de la época de Trump, en parte gracias a un resquicio en las leyes comerciales norteamericanas que permite que las empresas despachen hasta US$ 800 en artículos libres de impuestos desde países extranjeros directamente a los consumidores estadounidenses. Muchos productos de Shein se compran por Internet y se despachan a los clientes, lo que les permite ser incluidos en esa exención.

La empresa ha adoptado sus propias exigencias a los fabricantes, y alega que no tolerará trabajo infantil o de presidiarios, y tampoco bajas remuneraciones a los trabajadores. Aun así, "debido a la competencia feroz y la menor demanda, muchos productores de prendas luchan por sobrevivir", afirma Lin Feng, consultor general de la Asociación para Optimizar la Cadena de Proveedores de Guangdong. "Las marcas de ropa trabajan para persuadir a las plantas para que eleven sus credenciales ESG, pero los dueños y los trabajadores no tienen incentivos para hacerlo", agregó Feng. "Lo que quieren con desesperación es mantener el empleo y ganar más dinero".

THE BOTTOM LINE. La firma china Shein tiene un valor de mercado de US$ 100.000 millones. Pero el éxito de una mega OPI podría depender de que mejore su reputación en ESG.

Esta nota se publicó en el número 345 de revista Apertura. 

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