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Belén Marinone - Corea del Sur, enviada especial

Durante siglos, entender el comportamiento del agua fue una cuestión de supervivencia. Medir la altura de un río, anticipar una inundación o una sequía y transformar esas observaciones en decisiones agrícolas permitió a distintas civilizaciones organizar su producción y adaptarse a los ciclos de la naturaleza. Hoy, con un presente atravesado por el cambio climático, la escasez de agua y fenómenos extremos, aquellas formas de observar y gestionar un recurso vital vuelven a estar en el centro de la discusión para utilizarlas como herramientas en el futuro.

Ese fue el eje de “Patrimonio de la observación hidrológica antigua y cambio climático histórico” (Ancient Hydrological Observation Heritage and Historical Climate Change), el evento que tuvo lugar en el Centro de Convenciones y Exposiciones de Busan (BEXCO, por sus siglas en inglés), Corea del Sur, durante la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco. El encuentro fue organizado por la Administración Nacional del Patrimonio Cultural de China, el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto y el Gobierno Popular Municipal de Chongqing.

A sala llena, cuatro especialistas, desde perspectivas diferentes, trazaron un recorrido que comenzó en los grandes ríos de las antiguas civilizaciones y terminó en una pregunta de enorme actualidad: ¿qué pueden aportar aquellos conocimientos para enfrentar los desafíos hídricos y climáticos del presente y el futuro?

Ahmed Rehema, asistente del ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto y arqueólogo especializado en arqueología subacuática, reconstruyó la relación entre el Nilo y la civilización egipcia a partir del Nilómetro, el sistema utilizado para medir el nivel del río durante sus crecidas anuales y repasó tres diseños distintos. Yan Haiming, subdirector del Centro del Patrimonio Cultural Mundial de China, de la Academia China de Patrimonio Cultural, encontró un notable paralelo en el Yangtsé y en los registros de Baiheliang, hoy preservados in situ dentro de un museo subacuático.

Ahmed Rehema, del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, durante su exposición sobre el Nilo y los antiguos nilómetros.
Ahmed Rehema, del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, durante su exposición sobre el Nilo y los antiguos nilómetros.

Carolina Castellanos, jefa de Investigación de WHITR-AP Shanghai y especialista en gestión del Patrimonio Mundial, llevó esas experiencias al presente para plantear que estos sistemas no deberían conservarse únicamente como testimonios del pasado, sino también por el conocimiento que contienen para la sustentabilidad y la adaptación climática.

Meisha Hunter, presidenta del Comité Científico Internacional sobre Agua y Patrimonio, completó el debate, mediante una presentación grabada, con una mirada sobre los sistemas tradicionales de gestión del agua y su vigencia frente a los desafíos actuales.

Descifrar el Nilo

Ahmed Rehema llevó la discusión hasta el Nilo, alrededor del cual se organizaron la producción y la vida del antiguo Egipto. “Detrás del río Nilo estaba la gran historia de la civilización de Egipto. Toda la civilización estuvo relacionada con las inundaciones y con el ciclo anual de las crecidas”, sostuvo. Sus aguas hicieron posibles la agricultura y la pesca, pero también la navegación y el comercio, del que existen evidencias arqueológicas halladas incluso bajo el agua en la bahía de Abukir.La prosperidad convivía con el riesgo: “A veces las inundaciones podían destruirlo todo”. La necesidad de aprovechar las crecidas y reducir sus consecuencias llevó a los egipcios a desarrollar los nilómetros para medir el nivel del río. Rehema describió tres modelos: escaleras con marcas de altura; canales que conducían el agua hacia pozos o cisternas; y columnas graduadas dentro de estructuras de piedra, como el Nilómetro de la isla de Rhoda, en El Cairo.

El Nilómetro de la isla de Rhoda, en El Cairo, utilizado durante siglos para medir el nivel del Nilo y registrar sus crecidas.
El Nilómetro de la isla de Rhoda, en El Cairo, utilizado durante siglos para medir el nivel del Nilo y registrar sus crecidas.

Su exposición dejó planteada una idea que atravesaría el resto del encuentro: observar el agua, registrar sus variaciones y aprender de ellas fue una herramienta de adaptación frente a la incertidumbre. “Siempre digo que las grandes civilizaciones necesitan grandes ríos”, resumió Rehema. Ese paralelismo acercó a Egipto y China, que trabajan juntos desde 2023 para impulsar una candidatura conjunta del Nilómetro y las inscripciones de Baiheliang a la Lista del Patrimonio Mundial. “Egipto y China decidieron ir juntos”, destacó.

En una visita breve pero transcendente, uno de los directores del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO subió al escenario de manera improvisada para respaldar la iniciativa y destacó la oportunidad que ofrecen estas reuniones para impulsar formas de cooperación que hasta hace pocos años no se contemplaban.

“El trabajo en torno al Patrimonio Mundial no consiste solamente en reunir grandes civilizaciones, sino también en reunir a las personas”, sostuvo. Para el funcionario, el valor de comparar Baiheliang y el Nilómetro excede su conservación: sus registros permiten estudiar durante largos períodos la relación entre las sociedades, los ríos y el clima, y pueden complementar las observaciones científicas modernas.

En ese sentido, subrayó que la cooperación entre especialistas chinos y egipcios puede generar nuevo conocimiento y fortalecer capacidades colectivas: “Estoy convencido de que este tipo de intercambio contribuye a construir una capacidad colectiva, porque es la única manera de seguir avanzando en enfoques innovadores para la adaptación climática”.

Registros bajo agua

Yan Haiming llevó ese mismo interrogante al Yangtsé. En Baiheliang, en Chongqing, las antiguas comunidades habían aprendido a relacionar el nivel del río con el rendimiento agrícola y utilizaron peces tallados en piedra como referencia. “Cuando los ojos del pez de piedra estaban por encima del nivel del agua, significaba que sería un año de buena cosecha”, explicó. Las sucesivas inscripciones terminaron conformando un registro excepcional de la observación del agua a través de generaciones.

Las inscripciones de Baiheliang, preservadas bajo las aguas del río Yangtsé, en China.
Las inscripciones de Baiheliang, preservadas bajo las aguas del río Yangtsé, en China.

La construcción de la Presa de las Tres Gargantas (Three Gorges Dam) cambió por completo el destino del sitio: las inscripciones quedarían sumergidas a unos 40 metros de profundidad. Para preservarlas, China construyó un singular museo subacuático que obliga al visitante a descender hasta ese nivel y atravesar un túnel antes de llegar a la galería. Allí, las inscripciones permanecen in situ, bajo el agua, y pueden contemplarse a través de grandes ventanas desde una estructura resistente a la presión. La ingeniería contemporánea permitió así conservar, en el mismo río, un sistema de observación construido durante siglos para comprenderlo.

Para Yan, allí aparece una conexión científica con el Nilómetro: ambos se encuentran en grandes cuencas y conservan más de mil años de observaciones hidrológicas, con información capaz de aportar pistas sobre el clima y los cambios sociales del pasado.

Yan Haiming expuso sobre los registros hidrológicos de Baiheliang y su valor para estudiar los cambios del clima.
Yan Haiming expuso sobre los registros hidrológicos de Baiheliang y su valor para estudiar los cambios del clima.

El especialista planteó investigar si determinadas fluctuaciones climáticas pudieron afectar simultáneamente al Nilo y al Yangtsé e impulsar nuevas formas de observación y tecnología agrícola. Fue cuidadoso con el alcance: “Es una idea muy inicial. Esperamos obtener más datos científicos y establecer correlaciones entre diferentes conjuntos de datos en el futuro”. Precisamente allí situó su actualidad: estudiar esos registros, sostuvo, puede “ofrecer nuevas perspectivas para abordar los desafíos contemporáneos del cambio climático”.

Revitalizar el patrimonio

Carolina Castellanos llevó la discusión del registro histórico hacia el presente con una premisa: “Consideremos el agua no sólo como un recurso, sino como un repositorio de conocimiento humano que abarca milenios”. Pozos, pluviómetros, canales y marcadores de inundaciones, sostuvo, no son meros vestigios, sino “sistemas vivos que contienen claves para nuestro futuro compartido”. Y citó la red estatal de medición de lluvias creada en Corea en 1441 y una estructura hidráulica iraní de unos 100 kilómetros y más de 2000 pozos, utilizada durante más de 3000 años, como ejemplos de conocimientos construidos y transmitidos entre generaciones.

Carolina Castellanos, jefa de Investigación de WHITRAP Shanghai: “Debemos pasar de la preservación a la revitalización”.
Carolina Castellanos, jefa de Investigación de WHITRAP Shanghai: “Debemos pasar de la preservación a la revitalización”.

Su planteo fue uno de los más enfáticos del encuentro: “Debemos pasar de la preservación a la revitalización”. Proteger y documentar, explicó, ya no alcanza: esos conocimientos deben conectarse con las necesidades actuales. Castellanos habló de sistemas históricos reactivados para enfrentar sequías y adaptarse al cambio climático y fue taxativa: “No son solamente proezas de ingeniería. Son interacciones humanas con el agua”. Para la especialista, preservar este patrimonio está estrechamente ligado a la sustentabilidad hidrológica y a la capacidad de las sociedades para responder a escenarios climáticos cada vez más inciertos.

El Cheugugi, primer pluviómetro oficial de Corea, creado en 1441 durante la dinastía Joseon para medir y registrar las precipitaciones (KoreaKHW/Shutterstock).
El Cheugugi, primer pluviómetro oficial de Corea, creado en 1441 durante la dinastía Joseon para medir y registrar las precipitaciones (KoreaKHW/Shutterstock).

La sustentabilidad atravesó toda su exposición. Propuso incorporar el conocimiento tradicional y el patrimonio hídrico a las políticas y la planificación para fortalecer la resiliencia climática, la seguridad alimentaria y del agua y los servicios ecosistémicos, mediante financiamiento, monitoreo, integración de datos e investigación interdisciplinaria. Recordó además que las prácticas históricas de gestión del agua contribuyen a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y sostuvo: “Estos no son solamente artefactos históricos, son esenciales para la seguridad hídrica moderna”.

Castellanos insistió en que estos sistemas pueden ofrecer una resiliencia que va más allá de la ingeniería moderna: requieren poca energía y recursos, tienen una menor huella de carbono, preservan biodiversidad y fortalecen los ecosistemas, además de ofrecer soluciones descentralizadas, de bajo costo y gestionadas por las propias comunidades. “Son estrategias esenciales, no extras opcionales”, enfatizó.

Y dejó una de las advertencias más contundentes de la jornada: “El cambio climático se está acelerando. La escasez de agua está aumentando”. Frente a ese escenario, reclamó preservar estos sistemas “no meramente como monumentos, sino como repositorios vivos de conocimiento” y cerró con una definición que proyectó toda la discusión hacia adelante: “Nuestro patrimonio no está separado de nuestro futuro sostenible. Es su fundamento”.

Gestionar el futuro

Meisha Hunter cerró las exposiciones con una advertencia sobre el lugar que todavía ocupan los sistemas tradicionales en la gestión contemporánea del agua. La presidenta del Comité Científico Internacional sobre Agua y Patrimonio señaló que, además del cambio climático, enfrentan subvaloración, falta de inversión y una fragmentación entre quienes gestionan el agua, diseñan políticas públicas y preservan el patrimonio.

El sistema de qanats de Irán, una tecnología hidráulica milenaria desarrollada para conducir y distribuir agua en regiones áridas.
El sistema de qanats de Irán, una tecnología hidráulica milenaria desarrollada para conducir y distribuir agua en regiones áridas.

Recordó, además, que alrededor del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura y cuestionó que, frente a la urgencia por acelerar las respuestas, “no haya un reconocimiento de los sistemas tradicionales de gestión del agua y de sus prácticas como parte de la solución”.

El encuentro dejó, finalmente, una mirada hacia adelante: frente a un cambio climático cuyas consecuencias son cada vez más visibles y extremas, aquellos sistemas concebidos para observar, comprender y gestionar el agua adquieren una nueva dimensión. El planteo quedó, así, en sintonía con una 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial que volvió a poner la sustentabilidad, la respuesta al cambio climático y la cooperación internacional en el centro de la discusión sobre cómo preservar el patrimonio para las próximas generaciones.

Ya no se trata sólo de conservarlos como patrimonio, sino de recuperar el conocimiento que contienen e incorporarlo a las respuestas que exige un escenario climático cada vez más incierto.