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Estás trabajando, mirando una serie o hablando con alguien, pero una parte de tu cabeza sigue pensando en qué vas a comer después. A esto se lo conoce como “ruido alimentario”, un fenómeno que ocurre porque el cerebro tiene distintos sistemas que participan en el hambre, el placer y la sensación de recompensa. En estos procesos intervienen sustancias como la dopamina, que ayuda al cerebro a reconocer aquello que nos resulta agradable y nos impulsa a repetirlo.

El apetito, además, no depende solamente de la voluntad. Nuestro cuerpo y cerebro reciben muchas señales que indican cuándo tenemos hambre y cuándo estamos satisfechos.

Un artículo publicado en la National Library of Medicine explica que, cuando pensar en comida ocupa gran parte del día y resulta difícil dejar esos pensamientos de lado, puede generarse una especie de “bullicio” mental. Es como tener un “ruido de fondo” en la cabeza que vuelve una y otra vez y hace más difícil pensar en otras cosas.

¿Qué relación tiene el “ruido alimentario” con el control del peso?

Nuestro cuerpo produce una hormona llamada GLP-1, que participa en el control del azúcar en sangre y del apetito. Entre otras funciones, ayuda a que el cerebro reciba la señal de que ya comimos suficiente y estamos satisfechos.

Foto: Asociación obesidades en México.
Foto: Asociación obesidades en México.

Existen medicamentos que imitan la acción de esta hormona. Uno de ellos es la semaglutida de Novo Nordisk, que se utiliza, siempre bajo indicación médica, para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad dado que ayuda a que la sensación de saciedad dure más tiempo y actúa sobre las señales del cerebro que regulan el hambre.

En estudios clínicos se observaron descensos importantes de peso. Por ejemplo, en el estudio STEP UP, las personas adultas con obesidad tratadas con una dosis de semaglutida de 7,2 mg por semana alcanzaron, en promedio, una reducción de peso del 21%. Para ponerlo en perspectiva, en una persona que pesa 100 kg, eso equivaldría a unos 21 kg. Además, los beneficios se acompañan de mejoras en la salud cardiovascular, entre ellos se observó una reducción del 20% del riesgo de eventos como infarto o accidente cerebrovascular en determinadas poblaciones estudiadas.

Pero los cambios asociados al tratamiento no se relacionan solamente con el peso o la salud física. También pueden verse reflejados en la manera en que las personas viven y piensan la comida.

En la encuesta INFORM, realizada en personas que utilizaron Wegovy® para el control del peso, alrededor de 6 de cada 10 personas recordaban que, antes de iniciar el tratamiento, pensaban demasiado o constantemente en comida. Después del tratamiento, esa proporción se redujo a cerca de 1 o 2 de cada 10.  En otras palabras, para muchas personas fue como si bajara el “volumen” de esos pensamientos constantes sobre la comida, dejando más espacio para concentrarse en otras cosas de la vida cotidiana.

Comprender mejor este fenómeno puede ayudar a acompañar de manera más integral a las personas que viven con sobrepeso u obesidad. Su tratamiento incluye cambios en la alimentación y la actividad física, seguimiento de profesionales de la salud y, cuando está indicado, medicamentos. En este camino, programas de acompañamiento como Novo a la Par®  (www.novoalapar.com.ar) pueden brindar información y herramientas para ayudar a las personas a seguir su tratamiento médico y adoptar hábitos saludables. ​​​ ​

La información presentada en esta nota tiene fines exclusivamente informativos y se basa en evidencia científica disponible. La mención de tratamientos o medicamentos no constituye una recomendación, y cualquier decisión terapéutica debe ser evaluada junto a un profesional de la salud, quien podrá determinar la alternativa más adecuada según las necesidades de cada persona.