Brasil como unidad espiritual, política y económica descollante, sigue conquistando respeto y admiración , aunque el crítico escenario internacional no justifique optimismos. Los logros económicos, las conquistas sociales y las ofensivas diplomáticas que los acompañan y potencian, despiertan unánime reconocimiento, cuando no envidia, dejando de lado descalificaciones de divulgadores de proclamas anticuadas sino perimidas.

Hace un quinquenio, en Archivos del Presente, la publicación dirigida por el profesor Aníbal Jozami, publique un estudio sobre el posicionamiento internacional de nuestro vecino mayor. Allí no sólo subrayaba la histórica y reconocida aspiración nacional dirigida a ser potencia. También comentaba logros en áreas específicas de la economía, las finanzas, el intercambio comercial y el despliegue de empresas brasileñas en países de la región, por cierto incluido el nuestro, sin que todo ello llamara la atención, ni siquiera de parte de quienes actúan en áreas estratégicas. En ese contexto de éxitos nacionales, no pueden dejar de considerarse los avances en los diferentes niveles de aprendizaje que siempre recuerda Alieto Guadagni.

Acercarse al umbral del quinto lugar en la economía global no parece, entonces, una cuestión de azar. Como he puntualizado en varias ocasiones, sólo la búsqueda cuidadosa, ininterrumpida y responsable de oportunidades puede afianzar los logros que, huelga repetirlo, son el resultado de aciertos generacionales con independencia de circunstancias adversas regularmente superadas. Si bien desde Vargas en los 30, Juscelino en los 50 y recientemente la tríada Cardoso, Lula y Dilma ratifican con variantes el mismo derrotero histórico, el común denominador ha sido y es la firme voluntad nacional de sobresalir sin ceder espacios que comprometan la identidad heredada, cuya síntesis la expresa gallardamente la insignia nacional cuando proclama: en Orden y Progreso.

En tal sentido, otros parecen ser los valores, propósitos y consignas que han guiado, en general, a la política argentina y los resultados están a la vista a pesar de los cambios de etiquetas y contenidos partidarios. El acento, casi exclusivo, en asuntos internos con prescindencia de una política internacional que sirva como núcleo activador de las gestiones gubernamentales expresa el concepto y marca las diferencias. No es casual la hegemonía y continuidad diplomática de Itamaraty o el rango del Departamento Estado en los EE.UU., en tanto, este último desde siempre encabeza el Gabinete y lo sugiere el dinamismo y la calidad intelectual de sus titulares.

Circunscribir el éxito por haber conquistado la sede anfitriona del próximo mundial de fútbol y de los juegos olímpicos, limitaría la visión, lo mismo que no valorar la presencia competitiva en mercados como el transporte aéreo o de la exploración, extracción y refinación de petróleo. Habría que sumar la producción de aeronaves, proyectos nucleares específicos, la poderosa industria de la alimentación y la concepción y ejecución de proyectos de infraestructura con fuerte presencia internacional. El complejo militar-industrial y la exportación de equipos de alta calidad denuncian una gestión que no es ajena a la vocación de protagonismo y liderazgo ya mencionada, de la cual también dan cuenta encumbradas posiciones en el FMI y la FAO.

Corriendo el riesgo de ser mal interpretado, quiero aclarar que semejante acumulación de logros no puede entenderse como resultado de la casualidad, de la fortuna o por gratificación de servicios que por sus características demandan discreción. Tiene que haber habido una feliz combinación de circunstancias, entre las cuales, seguramente, han descollado refinadas gestiones diplomáticas y flexible oportunismo político, siempre al servicio de una concepción estratégica de largo plazo, por definición inescindible de la aspiración de protagonismo latente en toda la dirigencia sin distinción de sectores o ámbitos. Un intelectual relevante en la arena internacional como Cardoso, un operario industrial y líder sindical como Lula y una economista rebelde como Dilma, confirman que ese objetivo ha sido y es irrenunciable. El resto es literatura para adolescentes.

Ahora bien. Para entender mis afirmaciones que, por supuesto, conllevan un pronóstico implícito y confirman la continuidad de la historia que protagoniza Brasil, no puedo menos que recordar tres importantes recientes conquistas que suponen entendimientos nada menos que con la Alemania que ahora parece encabezar los destinos de la Unión Europea. En San Pablo se inaugurará en febrero la Casa de la Ciencia Alemana y dentro de un par de años se festejará el Año de Alemania con el propósito de mostrar una asociación integral entre ambas potencias. Finalmente, entre otras cuestiones culturales, se facilitara y promoverá el ingreso de estudiantes brasileños a las universidades alemanas, una verdadera oportunidad para el futuro desarrollo del país .

Buena combinación de parte de quienes entienden la vida política como una totalidad que eslabona el presente con el futuro sobre sólidas bases y con independencia de alegres discursos de circunstancia que se evaporan como el agua expuesta al sol.