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Durante años, la Argentina tuvo una paradoja energética: grandes cantidades de petróleo y gas bajo tierra convivían con la necesidad de importar energía y combustibles. El desarrollo de Vaca Muerta empezó a cambiar esa ecuación y convirtió a los hidrocarburos en una de las principales fuentes potenciales de dólares para el país.

Ahora, mientras las empresas aceleran la producción y las inversiones en la formación neuquina, la mirada se amplía. No porque Vaca Muerta haya llegado a su techo, lo que todavía está muy lejos, sino porque el conocimiento acumulado durante más de una década de shale permite explorar otras formaciones con potencial no convencional.

Entre ellas aparecen tres nombres principales: Palermo Aike, en la Cuenca Austral de Santa Cruz; Los Molles, en la Cuenca Neuquina; y Los Monos, en el norte de Salta.

Sin embargo, ponerlas en una misma lista puede resultar engañoso. No están en condiciones equivalentes ni ofrecen el mismo horizonte de desarrollo.

Ninguna es una historia de corto plazo”, advierte Fernando Bazán, líder de proyectos de la consultora ABECEB, a El Cronista. Según el especialista, Palermo Aike es la que tiene mejores posibilidades de convertirse en un polo productivo de magnitud, aunque en un horizonte de mediano a largo plazo. Los Molles, en cambio, funciona principalmente como una extensión de Vaca Muerta, mientras que Los Monos continúa en una etapa mucho más incipiente.

Y la diferencia con Vaca Muerta se mide en dólares. “El freno principal para los nuevos desarrollos no es geológico sino económico y de infraestructura: pozos entre 5 y 6 veces más caros que en Vaca Muerta, sin midstream dedicado, y con un régimen de incentivos (RIGI) pensado para una escala de inversión que estas cuencas todavía no alcanzan”, explica Bazán.

Vaca Muerta cambió el equilibrio energético de la Argentina, pero no es el único megayacimiento del país.
Vaca Muerta cambió el equilibrio energético de la Argentina, pero no es el único megayacimiento del país.

Vaca Muerta: todavía mucho camino por recorrer

La propia dimensión de Vaca Muerta impulsó el interés por nuevos yacimientos. Es que la revolución del shale permitió reducir costos, elevar la productividad de los pozos y desarrollar una cadena de proveedores especializada. Esa experiencia convirtió a Neuquén en el principal polo no convencional del país.

La infraestructura también comenzó a acompañar ese crecimiento. El Oleoducto Vaca Muerta Sur, por ejemplo, contempla 437 kilómetros entre la formación neuquina y Punta Colorada, en Río Negro, con una inversión estimada en unos u$s 3.000 millones.

No obstante, Vaca Muerta todavía tiene mucho por dar. “Hoy concentra todas las inversiones en infraestructura, proveedores y atención estratégica de las operadoras, y aun así solo alrededor del 10% de su área total está desarrollada”, señala Bazán.

De esta manera, las nuevas formaciones no compiten solamente contra los costos de una perforación en Vaca Muerta. También compiten contra la posibilidad de seguir invirtiendo en una cuenca donde ya existe infraestructura, conocimiento, proveedores, trabajadores especializados y una cadena industrial completa.

Palermo Aike: la apuesta que más cerca está de despegar

De las tres formaciones, Palermo Aike es la que tiene una posición más favorable.

Está ubicada principalmente en Santa Cruz, dentro de la Cuenca Austral, y abarca más de 12.000 kilómetros cuadrados (contra unos 30.000 km de Vaca Muerta). Estimaciones preliminares difundidas por YPF le atribuyen un potencial cercano a 10.000 millones de barriles equivalentes de petróleo, lo que es un tercio del potencial de Vaca Muerta estimado por el Instituto Argentino del Petróleo y Gas.

La formación comparte algunas características geológicas con Vaca Muerta y se convirtió en uno de los principales objetivos para ampliar la producción no convencional argentina.

Además, cuenta con una ventaja frente a otras fronteras: parte de la infraestructura convencional de la Cuenca Austral ya existe.

“Palermo Aike es, por lejos, la mejor posicionada, aunque todavía lejos de ser un polo consolidado”, resume Bazán.

YPF mantiene una campaña exploratoria desde 2023 junto a Compañía General de Combustibles (CGC), con nuevos pozos previstos. Para el segundo semestre de 2026, la petrolera confirmó un quinto pozo horizontal, con una inversión estimada de entre u$s 75 millones y u$s 80 millones, según detalla el especialista.

Pozo exploratorio en Palermo Aike.
Pozo exploratorio en Palermo Aike.

Los primeros resultados aportaron señales alentadoras, aunque todavía insuficientes para hablar de un nuevo Vaca Muerta. Un ensayo confirmó la presencia de gas natural y condensado en una ventana de madurez adecuada.

Santa Cruz, mientras tanto, intenta mejorar las condiciones para atraer capital. La provincia redujo regalías para el no convencional y estableció un esquema de entre 5% y 10% durante diez años para operadoras provinciales, de acuerdo con Bazán. También busca despertar interés internacional y ya llevó la propuesta a inversores, incluida una gira en Canadá.

El potencial es suficientemente importante como para que aparezcan proyectos de infraestructura asociados. CGC anunció recientemente el proyecto Janus, una iniciativa de licuefacción vía Chile que demandaría una inversión estimada en u$s 2.600 millones. Pero hay una condición previa: Palermo Aike primero tiene que demostrar que puede producir comercialmente y en escala.

“Cabe notar, sin embargo, que YPF declara y reafirma que su estrategia es ‘100% Vaca Muerta’ y se desprende de sus activos convencionales, por lo que su inversión sostenida en Palermo Aike resulta de cumplimiento de acuerdos previos y no una prioridad estratégica de corto plazo”, advierte Bazán.

Los Molles: el gigante debajo de Vaca Muerta

El caso de Los Molles es diferente. No hay que viajar a otra provincia ni construir desde cero un nuevo polo industrial: la formación está en la misma Cuenca Neuquina y se encuentra inmediatamente por debajo de Vaca Muerta.

Su potencial está asociado principalmente al gas no convencional. La formación tiene una extensión estimada de unos 15.900 kilómetros cuadrados y aparece, junto a Vaca Muerta, entre las estructuras de mayor importancia para el shale gas de la cuenca.

Su principal ventaja es que la industria ya está instalada alrededor. Los pozos que buscan Vaca Muerta atraviesan Los Molles, por lo que cada nueva perforación también aporta información sobre esa formación sin necesidad de desplegar necesariamente un programa exploratorio completamente independiente.

“Los Molles difícilmente se convierta en un polo independiente: seguirá siendo, más bien, un subproducto de la explotación de Vaca Muerta”, explica Bazán.

De hecho, algunos antecedentes recientes muestran que no existe actualmente un fuerte apetito por desarrollar la formación como proyecto separado. Bazán menciona que varios bloques con antecedentes en Los Molles, como Loma del Molle, Cerro Arena y Cerro Las Minas, están siendo devueltos por YPF a Neuquén para su posterior relicitación.

Los Molles tiene, entonces, una ventaja y una desventaja al mismo tiempo. Está cerca de todo lo que necesita para producir, pero justamente por eso debe competir con Vaca Muerta por los mismos recursos técnicos.

La infraestructura existente puede utilizarse, pero la prioridad empresarial continúa siendo acelerar el desarrollo de la formación que ya demostró productividad y rentabilidad.

Los Monos: potencial que todavía no se transforma en negocio

El tercer caso es el más alejado del actual centro de gravedad petrolero argentino. Los Monos es una formación profunda ubicada en el norte de Salta, asociada a la Cuenca Chaco-Paranaense, y presenta potencial para gas no convencional. Se trata de una roca generadora que se encuentra aproximadamente entre 2.500 y 5.000 metros de profundidad.

“Estimaciones históricas que la ubican como una de las reservas de gas no convencional potencialmente más grandes del mundo. Su atractivo circunstancial es el acceso relativamente económico vía pozos convencionales antiguos de YPF y la infraestructura gasífera preexistente, hoy subutilizada, vinculada a la importación histórica de gas boliviano”, evalúa el experto de ABECEB.

Sin embargo, los antecedentes exploratorios todavía son escasos. “Los Monos es la menos madura: la última actividad concreta y documentada sigue siendo la intervención del pozo Aguaragüe 3 (Tecpetrol y Pampa Energía en 2019), con inversión inicial acotada. No hay evidencia de una segunda etapa de desarrollo desde entonces, lo que sugiere un proyecto estancado en fase de evaluación”, señala.

El problema es que ese ecosistema industrial está muy lejos del que existe en Añelo. “Los Monos prácticamente debe construir todo desde cero”, resume Bazán al referirse a la cadena de proveedores necesaria para una eventual explotación no convencional.

También existe otro problema de salida para el gas. La formación está lejos de los principales centros de consumo y requiere conexión con la red del NOA, que actualmente tiene capacidad subutilizada.

Por eso, pese a sus enormes estimaciones de recursos, Los Monos es hoy la apuesta con mayor riesgo y menor visibilidad de las tres.

La formación de Los Monos se encuentran debajo de la reserva de Acambuco, en Salta, y también abarca zonas de Bolivia. Fuente: Google Maps.
La formación de Los Monos se encuentran debajo de la reserva de Acambuco, en Salta, y también abarca zonas de Bolivia. Fuente: Google Maps.

Oil & Gas: cuánto cuesta convertir el recurso en producción

La gran diferencia entre las tres nuevas formaciones de hidrocarburos y Vaca Muerta no está solamente en la cantidad de petróleo y gas que puede existir bajo tierra, sino en cuánto costará extraerlo.

Por caso, Bazán estima que un pozo en Palermo Aike ronda los u$s 80 millones, frente a entre u$s 12 millones y u$s 16 millones para un pozo horizontal en Vaca Muerta.

A eso se suma la infraestructura. “Ninguna de las tres cuencas tiene un sistema troncal de recolección y transporte comparable al de Vaca Muerta”, explica Bazán.

La comparación permite dimensionar el desafío. Mientras Vaca Muerta está construyendo el VMOS y ampliando simultáneamente otros sistemas de transporte, las nuevas fronteras todavía necesitan resolver desde la recolección inicial hasta los grandes ductos de evacuación.

“En el caso de Palermo Aike, sería necesario ampliar la red de la Cuenca Austral y eventualmente construir un ducto dedicado. Los Molles puede apoyarse en los sistemas existentes de Vaca Muerta. Los Monos, en cambio, debería recuperar actividad y conectarse con la infraestructura gasífera del NOA”, explica Bazán.

La escala de las inversiones también plantea un problema para el RIGI. El régimen exige, para determinados proyectos nuevos onshore o vinculados al gas de exportación, inversiones mínimas de u$s 600 millones. En ninguno de las tres formaciones se llega a esa umbral.

¿Cuándo surgirá la otra Vaca Muerta"

La proyección que plantea ABECEB es bastante más gradual que la idea de una inmediata “segunda Vaca Muerta”.

Primero deben llegar más pozos de evaluación y comprobar que existe una producción comercial competitiva. Después tendría sentido construir el midstream necesario para transportar esa producción. Recién en una tercera etapa podrían encararse las grandes obras de infraestructura destinadas a la exportación o al GNL.

“La secuencia realista sería: primero, confirmar comercialidad con más pozos de evaluación (2026-2028, sobre todo en Palermo Aike); segundo, construir midstream básico dimensionado a esa producción; y recién en una tercera etapa, con desarrollo en escala comercial demostrada, acceder a instrumentos como el RIGI para financiar la infraestructura de exportación mayor —replicando, con años de rezago, el modelo de Vaca Muerta”, señala el especialista.

La escala del desafío queda todavía más clara al observar lo que ocurre en Neuquén. El VMOS tendrá una capacidad inicial de 190.000 barriles diarios, que escalará hasta 550.000 y podrá ampliarse a 700.000. En paralelo, Duplicar Norte llevará la capacidad de transporte de Oldelval de 220.000 a 500.000 barriles diarios hacia 2027. Las tres nuevas fronteras parten de mucho más atrás.

A fin de cuentas, Palermo Aike aparece hoy como la candidata más concreta para convertirse, con el tiempo, en el segundo gran polo no convencional argentino. Los Molles tiene potencial, pero su destino está mucho más ligado a la expansión de Vaca Muerta. Los Monos conserva una enorme promesa geológica, aunque todavía no logró transformarla en un proyecto productivo.

El desarrollo de Vaca Muerta es, casi paradójicamente, lo que hace posible mirar hacia ellas. La Argentina ya cuenta con conocimiento, empresas de servicios, tecnología y experiencia para explotar shale. Pero todavía falta demostrar que ese modelo puede funcionar fuera de Neuquén.

“Si Vaca Muerta, con todo su ecosistema montado, todavía tiene alrededor del 90% de su área por desarrollar, el horizonte de un segundo polo se mide necesariamente en décadas, no en años”, concluye Bazán.