En Tucumán, donde se concentra buena parte de la actividad sucroalcoholera argentina, empresarios de la industria, gobernadores y legisladores se reunieron este viernes en la II Cumbre de Bioetanol para debatir sobre el futuro de los biocombustibles en la Argentina.

La discusión ocurre mientras el Congreso analiza una nueva ley de biocombustibles. Actualmente existen siete proyectos en discusión en el Senado aunque la iniciativa del oficialismo, impulsada por La Libertad Avanza (LLA) y firmado por Patricia Bullrich, es la que concentra el mayor consenso político.

Entre los puntos principales, propone elevar en el plazo de un año el corte obligatorio de bioetanol en las naftas del 12% al 15%, y el de biodiesel en el gasoil del 7,5% al 10 por ciento. La iniciativa busca reemplazar la actual Ley 27.640 por un nuevo marco regulatorio con una vigencia de 15 años y plantea abandonar el esquema de precios administrados para avanzar hacia un sistema con menor intervención estatal.

Sin embargo, el consenso que existe alrededor del bioetanol entre gobernadores y empresas no se replica en el biodiesel donde hay “una grieta muy grande”. Principalmente, por la disputa entre las Pymes y las grandes empresas aceiteras.

En el oficialismo reconocen que esta brecha frenó el tratamiento del proyecto y que podría desdoblar la discusión para avanzar únicamente sobre el bioetanol. (La diferencia entre el bioetanol y el biodiesel es que el primero se realiza a base de caña de azúcar y maíz, mientras que el biodiesel se realiza principalmente a partir de la soja).

Mientras tanto, la industria azucarera busca que esa disputa no termine frenando una reforma que, para el sector, puede abrir una nueva etapa para el bioetanol de a base de caña de azúcar.

“El proyecto de bioetanol presentado por Bullrich es fundamental por muchos motivos. Es importante porque implica estabilidad económica para toda una región. Pero además porque todos los actores se pusieron de acuerdo: las empresas, las petroleras y el oficialismo”, dijo Catalina Rocchia Ferro, directora de la compañía azucarera Los Balcanes.

La empresaria puso sobre la mesa la transformación que atravesó el negocio en los últimos años, tanto en producción como en inversiones. “De 200 millones de litros pasamos a producir 600 millones de litros de etanol. Exportamos 10 veces más entre 2024 y 2025. Hemos gastado más de u$s 800 millones”, señaló. Para Rocchia Ferro, un mayor corte también permitiría ampliar la matriz energética y reducir la importación de combustibles.

El planteo se repite entre los industriales de la región, aunque con distintas aristas. José Alarcón, director de Operaciones del Ingenio Seaboard ubicado en Salta, destacó que el proyecto busque dar previsibilidad a una actividad que necesita “inversiones de largo plazo”. “Vemos positivo el esquema propuesto de la ley por tres aspectos. En primera medida porque fomenta la competitividad, en segundo término porque mantiene la previsibilidad a largo plazo, y en tercer lado porque la competitividad que se pone en juego fomenta y mejora la eficiencia interna”, explicó.

La expectativa por el crecimiento del negocio también aparece entre los ingenios tucumanos. “Estamos frente a una agroindustria con un gran potencial de desarrollo”, resumió Sebastián Budeguer, del Ingenio Leales.

La discusión sobre el etanol ocurre, además, en paralelo con un proceso de concentración y reordenamiento dentro de la propia industria azucarera. Santiago Blaquier, que renunció el año pasado al directorio de Ledesma y en diciembre adquirió el Ingenio Concepción, en Tucumán, ve en el desarrollo del etanol una de las claves para ese proceso.

“Es una ley que necesitamos en el NOA para el desarrollo del etanol”, afirmó. Blaquier explicó que, después de años de discutir la transformación del sector dentro de Ledesma (que mantiene su producción en Jujuy), llegó a la conclusión de que el cambio debía impulsarse desde Tucumán, donde se concentran 14 de los 19 ingenios del país.

“Mi familia me enseñó a hacer negocios en la Argentina. Todos los negocios que tuvo mi padre fueron en Argentina y mis negocios también están acá”, sostuvo. En esa línea, apuntó que la compra del Ingenio Concepción fue el primer paso de un proyecto que apunta a ganar escala en una industria atomizada. “La idea original siempre fue generar este cambio desde Ledesma, pero se dio la oportunidad de entrar en Tucumán y proponer este sueño que tengo”, agregó.

Para Blaquier, el atractivo no está solo en el mercado interno. La estructura de costos de la producción argentina abre una oportunidad para ganar mercados. “La industria argentina, a diferencia de otros países de Latinoamérica, tiene un costo de producción de los más competitivos del mundo”, sostuvo.

El empresario puso como ejemplo a Chile, que produce unas 650.000 toneladas de azúcar y acaba de anunciar el cierre de su última planta. “El resto lo tienen que importar y su proveedor es Argentina”, señaló. Y cerró con una estimación sobre el aporte que el sector puede generar: “Veo una oportunidad enorme. Durante los últimos años, el sector dejó entre u$s 200 millones y u$s 400 millones al año”.