Jorge Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, planteó la forma de medir el éxito de una gestión pública: que la ciudad valga más al final del mandato que al inicio. “Mi éxito es si cuando termino esta ciudad vale más para el privado que cuando llegué, porque si es más segura, si está mejor conectada, si tiene mejores servicios, si no se inunda, no solo vivís mejor, sino que tu propiedad vale más”, afirmó.

El jefe de Gobierno trazó una distinción entre la lógica del sector privado y la del Estado. Mientras que una empresa puede medir su desempeño a través de un balance patrimonial, el Estado opera bajo una dinámica diferente: “No se activan los bienes. Yo hago una obra; esa obra no pasa a un activo de la ciudad, no hay patrimonio”, explicó. Para Macri, esa limitación contable es uno de los desafíos estructurales de la administración pública, donde el flujo de fondos reemplaza al cuadro de resultados.

El funcionario también reflexionó sobre la tensión entre una demanda potencialmente infinita y los recursos acotados del Estado. “Cuanto mejor hacés algo, más te lo piden”, señaló, y advirtió que la respuesta a esa presión no puede ser deteriorar la calidad del servicio: “Muchas veces, como no se puede, atiendo mal. No tiene que ser esa la solución”.