El Mundial 2026 ya es un éxito comercial para la FIFA antes de entrar en su tramo decisivo. La organización vendió casi 6,7 millones de entradas y ya superó el objetivo de ingresos que tenía previsto para el torneo, según Carlos Abriata, CEO de Fantix y partner de Secutix, empresa que gestiona la venta de entradas del torneo. La recaudación por tickets, agregó, cuadruplicó la registrada en Qatar 2022.
Sin embargo, esa marca convive con una postal que incomoda al negocio: en algunos estadios se ven claros, butacas vacías o sectores con menor ocupación efectiva durante los partidos. La paradoja no necesariamente contradice el récord de venta. Expone, más bien, cómo funciona el mercado que llevó al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá a niveles inéditos de recaudación.
En su reporte financiero de 2022, la FIFA informó que el Mundial de Qatar generó US$ 685,9 millones por venta de entradas. Si esa base se toma como referencia, el nuevo torneo ya se ubicaría en torno de los US$ 2700 millones por ticketing. La comparación tiene un matiz: el formato también cambió de escala. Qatar tuvo 64 partidos, mientras que Norteamérica 2026 tiene 104 encuentros, con 48 selecciones y una fase eliminatoria más extensa.
Aun así, el salto no se explica solo por la cantidad de partidos. El precio de las entradas responde a una lógica de mercado más cercana a la industria deportiva y de entretenimiento de Estados Unidos, donde el valor de un ticket varía según la demanda, la sede, el rival, la instancia y la disponibilidad. En ese esquema, los precios dinámicos y el mercado secundario tienen un peso central.
Precios diferenciados por partido
De las casi 6,7 millones de entradas vendidas por la FIFA, más del 30% se comercializó por debajo de los US$ 300 por ticket, explicó Abriata. El 70% restante tuvo precios ostensiblemente superiores, empujados por la demanda de determinados partidos y sedes. La diferencia muestra que el torneo no tiene un precio único: cada encuentro opera como un mercado en sí mismo.
La geografía también incide. Las sedes con mayor conectividad aérea, mayor poder adquisitivo, más turismo y cercanía con la Costa Este tienden a concentrar valores más altos. En un Mundial desplegado sobre tres países y distancias largas, llegar al estadio también forma parte del costo. Para muchos hinchas, el precio real no termina en la entrada: incluye vuelos, alojamiento, traslados internos y consumo durante el evento.

Otro punto clave es el marketplace oficial de la FIFA. Allí, los precios que aparecen no siempre corresponden a tickets de venta primaria fijados por la organización, sino a entradas compradas por hinchas que luego decidieron revenderlas. La FIFA habilitó ese canal como vía oficial de reventa e intercambio, lo que formaliza una práctica habitual en el mercado norteamericano: quien tiene un ticket puede volver a ofrecerlo si no va a usarlo o si encuentra una oportunidad de capturar una ganancia.
Ese diseño ayuda a explicar por qué puede haber entradas disponibles en el mercado secundario aunque un partido figure agotado en la venta primaria. También permite entender por qué el precio que ve un hincha en la plataforma puede ser mucho más alto que el valor original del ticket. La disponibilidad ya no depende solo de la FIFA, sino de la decisión de compradores que ponen sus entradas nuevamente en circulación.
Un consumo diferente al de Europa y Sudamérica
Ahí aparece la tensión con las butacas vacías. Una entrada vendida no equivale necesariamente a una butaca ocupada durante los 90 minutos. Puede tratarse de un ticket comprado que finalmente no se usó, de una entrada publicada en reventa que no encontró comprador final, de sectores premium con menor ocupación efectiva o de público que ingresa al estadio pero no permanece todo el tiempo en su asiento.
En Estados Unidos, además, la experiencia de estadio tiene hábitos propios. El público suele circular más por los pasillos, comprar comida o bebida durante el partido, llegar sobre la hora o retirarse antes del final, dinámicas más frecuentes en eventos deportivos norteamericanos que en partidos de alta intensidad futbolera en Sudamérica o Europa. Ese comportamiento puede amplificar la percepción de claros, aun cuando la cantidad de tickets vendidos o escaneados sea alta.
El fenómeno también se cruza con los problemas del mercado secundario no oficial. En los últimos días, distintos compradores reportaron fallas con entradas adquiridas en plataformas externas, tickets que no se transfirieron a la aplicación oficial de FIFA o ventas que se cancelaron cerca del partido. Para la organización, la garantía de validez queda concentrada en sus canales oficiales, mientras que las operaciones por fuera de ese circuito agregan riesgo para el hincha.
En el caso argentino, la demanda se mantiene firme. Para el partido del martes pasado en Kansas, la estimación es que el 20% de los hinchas argentinos viajó desde la Argentina, el 45% correspondió a argentinos que viven en Estados Unidos y el resto estuvo compuesto por simpatizantes de otras nacionalidades que alientan a la Selección. Para los demás partidos de fase de grupo, las entradas están agotadas en la venta primaria y lo disponible aparece en el mercado secundario oficial de FIFA.
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.



















