

“Durante los últimos 25 años hemos cargado a la actividad agropecuaria con una carga impositiva que hace que sea casi un milagro la producción y el rol que tenemos en el mundo”, afirmó Fernando García Cozzi, presidente de Cargill en Argentina, al abrir el debate en el panel “Campo y Desarrollo” del AmCham Summint en el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires.
La frase sintetizó el diagnóstico que atraviesa al sector: una actividad que sostiene volumen y relevancia mundial, pero condicionada por factores locales que impactan sobre su competitividad.
“Para que el campo se desarrolle necesitamos levantar la carga impositiva y, para eso, hay que empezar a bajar los gastos y el déficit fiscal. Necesitamos reglas del juego claras. Seguimos produciendo gracias a la actividad emprendedora de los agricultores y a las ventajas competitivas que tenemos”, subrayó el ejecutivo.
A pesar de eso, Juan Lariguet, presidente de Corteva Argentina, destacó los avances que se implementaron luego de más de dos años desde la asunción de Javier Milei y la batería de cambios que trajo aparejados.
"Se han logrado generar tremendos avances en todos los aspectos regulatorios para que Argentina siga creciendo. El siguiente salto productivo en nuestro país, aspirando a 200 millones de toneladas producidas, ya no va a ser simplemente anexando más superficie, sino desde la mayor adopción de tecnología”, destacó.
Para ello, hizo hincapié en la necesidad de que la Argentina avance en materia de propiedad intelectual. “Es el capítulo que nos falta”, definió. En ese sentido, destacó que Corteva invierte más de u$s 4 millones diarios en Investigación y Desarrollo y advirtió que, de fortalecerse ese marco, la compañía podría ampliar sus desembolsos “en un mercado que tiene el potencial de 17 millones de hectáreas de soja”.

“Aquellas geografías que están adheridas al convenio Upov-91, por ejemplo, que ponen un marco respetuoso a la propiedad intelectual, tienen un tercio más de lanzamiento de variedades de soja cada año. Son países que lograron cosechar más kilos por hectárea que nosotros, en los últimos años", indicó.
Por otro lado, los ejecutivos pusieron el foco en un frente que atraviesa a varias de las industrias más dinámicas del país, vinculado a las limitaciones en materia de infraestructura. De tal modo advirtieron que los problemas logísticos no sólo elevan costos, sino que también condicionan la capacidad de escalar la producción.
En ese marco, coincidieron en que se trata de un aspecto central para destrabar inversiones y sostener la competitividad. La necesidad de avanzar con obras de largo plazo y acelerar su ejecución aparece como un punto clave para acompañar el crecimiento del sector.
“Hay que encontrar una solución a largo plazo a la infraestructura argentina. La hidrovía, los ferrocarriles y las rutas tienen que mejorar. Son un destino de inversiones que pueden dinamizar la economía; hay que acelerar los tiempos para que eso se resuelva. Los precios internacionales de hoy son bajos, es un negocio que está corriendo detrás de muchas eficiencias y mejoras. Tiene márgenes ajustados que requieren de buena infraestructura para ser eficientes“, señaló Cozzi.
En paralelo, los ejecutivos mantuvieron expectativas de expansión apoyadas en la incorporación de tecnología y en la demanda global de alimentos y biocombustibles.
“En las próximas dos décadas, biocombustibles y alimentos van a crecer un 20 por ciento. El tren está pasando y nos tenemos que subir. Argentina tiene condiciones inigualables para crecer en este ambiente, cerrar la brecha de productividad y superar las 200 millones de toneladas”, dijo Lariguet.
Por su parte, Cozzi destacó: “Hay un montón de cosechas que actualmente se utilizan para la producción de biocombustibles. El peso de eso es enorme. Hay muchos objetivos hacia adelante en términos de lo que vamos a tener que producir para llenar la demanda que se va a presentar”.













