Pymes mexicanas buscan la frontera vía SelectUSA

Cientos de empresas mexicanas preparan maletas para cruzar la frontera norte, y la primera escala de esta ruta arranca este martes en la capital del país. La Conferencia SelectUSA México 2026, el evento insignia del Departamento de Comercio estadounidense en territorio nacional, congrega durante dos días (27 y 28 de octubre) a unos 600 participantes, entre directivos, agencias de desarrollo económico de distintos estados de la Unión Americana y especialistas en comercio binacional.

Las ediciones recientes de SelectUSA México muestran que tres de cada cuatro firmas interesadas en dar el salto son micro, pequeñas y medianas empresas con plantillas de entre seis y trescientos empleados. Sectores como ciberseguridad, tecnología financiera, manufactura especializada y servicios profesionales encabezan este éxodo operativo.

Todo este flujo de inversiones ocurre en un contexto económico de alta tensión y cifras récord. Por un lado, México se consolida de manera sostenida como el principal socio comercial de EE.UU., con un intercambio bilateral que supera los u$s 800,000 millones anuales y un superávit exportador para el país que rebasa los u$s 155,000 millones. Ya en lo que va de enero a septiembre de 2026, la cifra llega a casi u$s 700,000 millones en comercio bilateral, por lo que seguramente hablaremos de un nuevo récord a fines de año.

Sin embargo, este dinamismo sin precedentes no está exento de obstáculos críticos: la relación opera en medio de tensiones persistentes de política comercial, medidas proteccionistas y una creciente incertidumbre en torno a la próxima revisión y renovación del T-MEC.

El reto principal para estas Mipymes no es conseguir naves industriales en estados receptores como Arizona, California o Texas, sino sortear regulaciones complejas, cumplimiento fiscal y cadenas de suministro vigiladas al detalle bajo este escenario de fricción política. Por ello, el valor de este foro impulsado por la Embajada de EE.UU. radica en conectar directamente al inversionista con los territorios y con asesores capaces de blindar el proyecto desde el primer día.

Orizaba: 130 años, tres épocas y varias marcas de cerveza

Hay plantas industriales que terminan contando, casi sin querer, la historia empresarial de México. La Cervecería Orizaba es una de ellas.

La operación que hoy forma parte de HEINEKEN México cumple 130 años, pero detrás de esas 13 décadas hay algo más interesante: una sucesión de empresarios, fusiones y cambios de control que retratan buena parte de la transformación de la industria cervecera nacional.

La historia de este ícono industrial comenzó en 1896, con Cervecería Moctezuma, surgida a partir de Guillermo Haase y Compañía. Uno de sus giros importantes ocurrió en 1941, cuando un grupo de inversionistas mexicanos encabezado por Raúl Baillères tomó el control del negocio. Bajo esa etapa, la cervecería modernizó operaciones y extendió su presencia en el mercado.

Décadas después llegó otro movimiento fundamental: en 1985, Cervecería Cuauhtémoc y Cervecería Moctezuma unieron operaciones, el antecedente de lo que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes grupos cerveceros mexicanos.

FEMSA fue después pieza central en esa evolución hasta 2010, cuando la operación acordada con HEINEKEN incorporó el negocio cervecero al grupo neerlandés. Es decir, Orizaba pasó de aquella industria mexicana de finales del siglo XIX a formar parte de una multinacional con alcance global.

Y mientras desde sus líneas han salido etiquetas conocidas por generaciones de consumidores, como Superior, Dos Equis Lager y Noche Buena, la planta ha tenido que incorporar digitalización, nuevas tecnologías y procesos de eficiencia para mantenerse vigente.

De acuerdo con Oriol Bonaclocha, CEO de Heineken México, “Orizaba reúne la experiencia de generaciones, el orgullo del talento veracruzano y un espíritu pionero que hoy se expresa en innovación, eficiencia y sustentabilidad.

De India a EE.UU., vía México: JK Tyre acelera su apuesta por Tornel

México ya no es solo una operación internacional para JK Tyre. El fabricante indio de llantas quiere que el país sea una plataforma para crecer en Norteamérica, con JK Tornel y sus dos plantas mexicanas como piezas centrales de la estrategia.

La operación mexicana dio señales de recuperación durante el segundo trimestre fiscal de 2027. JK Tornel registró ingresos por alrededor de u$s 50 millones, mientras su matriz alcanzó ventas consolidadas récord por unos u$s 510 millones, 20% más que un año antes.

El peso de México dentro del grupo va, sin embargo, más allá de un trimestre. JK Tyre opera 11 plantas en el mundo, nueve en India y dos en territorio mexicano, lo que convierte al país en su mayor base manufacturera fuera de su mercado de origen.

La compañía, además, ha comprometido alrededor de u$s 75 millones de dólares para ampliar y modernizar sus operaciones mexicanas, con inversiones en automatización, desarrollo de productos y expansión de capacidad.

Estados Unidos es una de las razones detrás de esa apuesta. La cercanía con ese mercado y el acceso que ofrece el T-MEC han elevado el valor estratégico de México para JK Tyre, que busca fortalecer desde aquí su negocio en Norteamérica.

Para el fabricante indio, México ofrece algo más que un mercado de venta: capacidad manufacturera y una ubicación privilegiada dentro de una de las cadenas automotrices más integradas del mundo.

La estrategia también muestra una cara menos conocida de la creciente presencia empresarial india en México. Durante años, buena parte de esa historia ha tenido como protagonistas a gigantes tecnológicos como Tata Consultancy Services (TCS), Infosys, Wipro, HCLTech y Tech Mahindra. Más de 200 empresas de capital indio operan actualmente en el país, con inversiones acumuladas superiores a u$s 4,000 millones.

JK Tyre juega en otra pista: manufactura neumáticos y llantas con una creciente orientación hacia Norteamérica.

Un tráiler de servidores vale más que mil autos: McKinsey

El comercio entre México y Estados Unidos está cambiando y una imagen ayuda a dimensionar la transformación: un tráiler cargado de servidores de última generación puede concentrar un valor comparable al de cientos o incluso miles de automóviles.

Detrás de esa diferencia está uno de los nuevos protagonistas del comercio mundial: la infraestructura necesaria para sostener el boom de la inteligencia artificial.

Los datos más recientes de McKinsey Global Institute muestran que Canadá y México aumentaron conjuntamente en 2.6 puntos porcentuales su participación en las importaciones de Estados Unidos entre enero y mayo de 2026 frente al mismo periodo del año anterior. Al mismo tiempo, las importaciones relacionadas con IA se mantuvieron como el principal motor del crecimiento comercial estadounidense, impulsadas por la construcción de centros de datos.

Para México, el movimiento abre una oportunidad que va más allá del nearshoring tradicional, refiere la consultora de negocios en su más reciente edición de Geopolitics and the Geometry of Global Trade.

Durante años, la ventaja del país frente a Estados Unidos estuvo asociada con automóviles, autopartes, electrónica y otras manufacturas. La carrera por la IA agrega ahora servidores, equipos de cómputo y componentes tecnológicos de alto valor a esa ecuación.

La magnitud de la oportunidad también empieza a tomar forma. McKinsey estima que México podría generar hasta u$s 204,000 millones de valor económico hacia 2030 por la inteligencia artificial.

Philipp Haugwitz, socio de McKinsey & Company y líder de McKinsey Digital en México, explicó anteriormente a El Cronista que ese potencial tiene especial relevancia para un país que arrastra un problema estructural de productividad. Pero capturarlo dependerá de algo más que adoptar herramientas de IA.

Que más equipos y componentes de alto valor circulen por las cadenas norteamericanas no significa automáticamente que México capture todo su beneficio económico. El desafío está en pasar del ensamble y la exportación a actividades de mayor valor agregado, con más ingeniería, proveedores locales, talento especializado y desarrollo tecnológico.

También aparece un cuello de botella conocido: la energía. La expansión de centros de datos y de infraestructura digital exige suministro eléctrico suficiente y confiable, además de conectividad y capacidad tecnológica.

Para México, por tanto, la siguiente fase del nearshoring podría tener menos que ver con cuántos productos cruzan la frontera y más con cuánto valor cruza dentro de cada camión.