

El Paquete Económico 2027 llega en un momento particularmente complejo para México. La economía muestra señales de recuperación, pero el crecimiento sigue siendo moderado, la inversión privada enfrenta un entorno de incertidumbre y las finanzas públicas mantienen presiones importantes. En este contexto, el gobierno busca equilibrar tres objetivos que no necesariamente son fáciles de conciliar: reducir gradualmente el déficit fiscal, mantener sus compromisos de gasto social e impulsar la inversión productiva.
La propuesta de Hacienda contempla un crecimiento económico de entre 1.5% y 2.5% para 2027, apoyado en una recuperación del consumo, mayores inversiones en infraestructura y condiciones financieras más favorables. Sin embargo, alcanzar la parte alta de este rango dependerá, en buena medida, de la recuperación de la inversión privada y de una mayor certidumbre en la relación comercial con Estados Unidos.
Consolidación a medias y el dilema de la deuda
En materia fiscal, el gobierno propone reducir los Requerimientos Financieros del Sector Público de 4.1% del PIB en 2026 a 3.9% en 2027. Aunque representa un avance en la dirección correcta, el ajuste sigue siendo gradual y no sería suficiente para estabilizar la deuda pública, que aumentaría de 54% a 55% del PIB. Esto pone de manifiesto uno de los principales desafíos de las finanzas públicas: México necesita crecer más para fortalecer su posición fiscal de manera sostenible.
Por el lado de los ingresos, la estrategia descansa en una mayor recaudación tributaria, mediante modificaciones fiscales, mayor fiscalización y medidas orientadas a fortalecer el cumplimiento de las empresas. Si bien estas iniciativas pueden contribuir a ampliar los ingresos públicos, también podrían implican mayores costos y obligaciones para distintos sectores productivos. El desafío será incrementar la recaudación sin deteriorar los incentivos para invertir y generar empleo formal.
En cuanto al gasto, se mantiene la prioridad en los programas sociales, la infraestructura estratégica y el apoyo a las empresas públicas, particularmente Pemex y CFE. Sin embargo, el margen de maniobra sigue siendo limitado. El costo financiero de la deuda, las pensiones y los compromisos de gasto recurrente restringen los recursos disponibles para otras prioridades y reducen la flexibilidad del presupuesto ante posibles choques económicos.
Inversión y certidumbre frente al T-MEC
Más allá de las cifras, el Paquete Económico también debe analizarse en el contexto de la revisión del T-MEC y de las oportunidades que ofrece la integración productiva de Norteamérica. México cuenta con ventajas competitivas importantes para atraer nuevas inversiones y fortalecer su participación en las cadenas globales de valor. Aprovechar este potencial requerirá mayor certidumbre regulatoria, infraestructura suficiente y condiciones que favorezcan la participación del capital privado.
En última instancia, la sostenibilidad fiscal no depende únicamente de contener el déficit o incrementar los ingresos tributarios. También requiere una economía capaz de crecer de manera sostenida, generar empleos formales y ampliar su base de contribuyentes. En este sentido, impulsar la inversión y fortalecer el crecimiento económico son también elementos fundamentales de una estrategia fiscal sostenible.
El Paquete Económico 2027 plantea una ruta de consolidación gradual que busca preservar la estabilidad macroeconómica sin comprometer las prioridades de desarrollo. Si esta estrategia se acompaña de políticas que fortalezcan la confianza, impulsen la inversión y permitan aprovechar las oportunidades de integración regional, México tendrá mejores condiciones para acelerar su crecimiento y fortalecer sus finanzas públicas en los próximos años.
* Miriam Acuña es economista en jefe de GBM.















