

Para muchos, Donald Trump es un enigma imposible de descifrar con políticas que parecen radicales y complejas.
Sin embargo, un exfuncionario de alto nivel de la Casa Blanca en la primera administración Trump expresa que no hay nada más alejado de la realidad, pues lo considera “sumamente predecible”.

A Trump no le interesa lo que opinen de él en las esferas internacionales, pero sí le interesa lo que piensan de él en Michigan, en Wisconsin, en Iowa, en Nebraska, en su país, en lo que él considera son las zonas donde vive lo que él llama las mujeres y los hombres olvidados por el gobierno de Estados Unidos, dijo Carlos Díaz-Rosillo, quien es fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom.
Díaz-Rosillo no solo ocupa ese cargo, sino que en la primera administración de Trump fue el encargado de supervisar la implementación de las políticas públicas ordenadas por el mandatario estadounidense.
Para Trump, dijo el exfuncionario de la Casa Blanca, no hay medias tintas, no hay escala de grises, estás con él o estás contra él.
Sin embargo, es un hombre pragmático, pues aunque haya líderes que no estén con él, si son útiles para sus objetivos, no cierra la puerta.
Díaz-Rosillo participó en el IX Congreso Iberoamericano del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi), donde afirmó que Donald Trump impulsa un cambio geopolítico en el que ya no hay espacios para el silencio.
“Aquí la clave es que en este nuevo orden global, no hay espacios vacíos. O se ocupa o se pierde. Para él el quedarse callado ya no es una opción”, comentó.

¿Cómo ve Trump a América Latina?
Hace medio año aproximadamente, la Casa Blanca presentó el documento “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”, donde Trump expresa cómo se ve a América Latina desde el punto de vista de Washington.
El exfuncionario de la Casa Blanca asegura que la región es una “nueva área de prioridad”, lo que genera grandes oportunidades, basadas en el principio “list and expand”.
“Él quiere reforzar las relaciones que tiene con los países que están ideológicamente alineados con su gobierno, pero también también crecer ese grupo de países y va a demostrar un pragmatismo extraordinario. Y es por eso que esto habla de la doctrina Donroe, esta idea de ‘América para los americanos’”, dijo.
Para Trump, añadió, las relaciones tienen que ser recíprocas, y las relaciones interpersonales con sus homólogos son fundamentales.
“Y aquí la clave es que este nuevo orden global global es extraordinariamente pragmático, no es ideológico, no es un tema de izquierda o de derecha”, insistió.
La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump señala que la Casa Blanca premiará y alentará a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con los principios y estrategia de Estados Unidos.
“Pero no debemos pasar por alto a aquellos gobiernos con visiones distintas con los que, aún así, compartimos intereses y que desean trabajar con nosotros”, añade la estrategia.
Carlos Díaz-Rosillo dijo que una de las mejores relaciones que tuvo el presidente Trump con homólogos en la América Latina durante su primer gobierno fue precisamente con el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, “con el que no compartía una visión ideológica, pero con el que se llevaba bastante bien por razones pragmáticas, obviamente”.
“Los gobiernos de la América Latina que entiendan esta realidad, que entiendan cómo funciona el presidente, pueden aprovecharse en el buen sentido de la palabra de este pragmatismo extremo y de que por fin, para Estados Unidos, la América Latina y el Caribe recuperan el papel que siempre ha tenido que tener”, señaló Díaz-Rosillo.















