

Aunque prestar dinero a un familiar o amigo puede parecer un acto de confianza sin mayores consecuencias, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) advirtió que este tipo de operaciones debe cumplir con ciertas reglas.
El punto central está en conocer los límites y procedimientos que exige el organismo cuando se manejan montos elevados. De no hacerlo, un simple préstamo podría derivar en problemas fiscales inesperados.

Qué préstamos entre amigos y familiares pueden ser sancionados
En materia fiscal, México no distingue si el dinero proviene de un familiar, un amigo o cualquier otra persona: lo que realmente importa es el monto recibido. De acuerdo con el artículo 90 de la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR), cuando una persona obtiene en un mismo ejercicio fiscal préstamos, donativos o premios que, en conjunto, superan los 600,000 pesos, está obligada a informarlo en su declaración anual ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT).
Si estos recursos no se reportan o no existe documentación que respalde su origen —como contratos, transferencias o comprobantes—, el SAT puede presumir que se trata de ingresos acumulables no declarados.
En esos casos, la autoridad fiscal tiene facultades para exigir el pago del ISR correspondiente, además de aplicar multas, actualizaciones y recargos. Por ello, a partir de ese umbral, un préstamo informal puede generar consecuencias fiscales importantes.
Préstamos entre familiares y amigos: por qué recomiendan hacer un contrato
La recomendación de expertos es clara: formalizar siempre la operación mediante un contrato de préstamo. Este documento debe incluir detalles como el monto exacto, plazos de pago, tasa de interés (si aplica) y las condiciones de devolución.
Este respaldo legal no solo protege ambas partes en caso de desacuerdos, sino que también sirve como justificante ante cualquier revisión fiscal. El documento demuestra la naturaleza legítima de la transacción y elimina cualquier sospecha sobre el origen del dinero.

¿Debo pagar impuestos por recibir un préstamo?
En términos generales, los préstamos no pagan impuestos, ya que no representan una ganancia sino una obligación. Sin embargo, el problema surge cuando el dinero recibido no puede comprobarse como préstamo.
Si el contribuyente no cuenta con documentación que respalde la operación, el SAT puede considerar esos recursos como ingresos no declarados, lo que abre la puerta al cobro de Impuesto Sobre la Renta (ISR), recargos y multas. Por eso, la autoridad recomienda que cada transferencia tenga un concepto claro y que exista un documento que acredite el acuerdo entre las partes.














