EFECTO PANDEMIA

La inflación vuelve a ser un problema en América latina: el escenario en las principales economías de la región

La inyección de estímulos económicos, sumada a la disrupción de la cadena de suministros, el aumento de las materias primas y factores políticos locales, están impulsando los precios en la región.

La inyección de estímulos fiscales por la pandemia, sumada a factores extra como la disrupción de la cadena de suministro y el aumento del precio de las commodities, está reflotando un problema que para la mayor parte del mundo parecía haber quedado atrás: la inflación.

Entre los miembros de la OCDE la inflación de julio llegó a 4,2%, la más alta desde 2008; y a nivel regional, también está rompiendo récords: Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, son algunos de los países donde la inflación ya supera la meta oficial de 2021.

Mientras la Reserva Federal debate cuándo comenzar con el tapering, la mayoría de los bancos centrales latinoamericanos se adelantaron a subir las tasas de interés, con el objetivo de frenar la suba de precios. Sólo Brasil este año ya subió cuatro veces la Selic desde el mínimo histórico de 2% a 5,25% y se esperan más alzas agresivas para este año.

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"En nuestros países lo que ha sucedido es que las expectativas de inflación incorporaron a plazos más altos y el fenómeno es más permanente, y por eso han tenido que actuar de forma más rápida. Porque, en definitiva, un indicador clave en un régimen de metas de inflación (...) son, justamente, las expectativas. Si las expectativas se desanclan, y empiezan a ubicarse significativamente por encima de las metas eso, obviamente, se va internalizando en negociaciones salariales, en la fijación de precios de las empresas y en otros actores de la economía que al final validan, en algún sentido, el carácter más permanente", explica el economista Aldo Lema a El Cronista.

"Los bancos centrales están reaccionando -el de Brasil, el de Chile, el de Perú, el de Uruguay- y eventualmente si logran consolidar expectativas de inflación más estables, esto sería un fenómeno transitorio. Va a depender mucho del manejo de la política monetaria y eso es un fenómeno bien heterogéneo, porque hay distintas realidades: hay bancos centrales más independientes, hay otros que han sido más tolerables [con la inflación]... Por lo tanto, depende un poco de cada país", afirma.

¿Pero por qué la región está volviendo a hablar de inflación cuando, salvo excepciones como Venezuela o la Argentina, parecía un tema superado? "Primero, tenemos un shock de precios internacionales; segundo tenemos la recuperación de la demanda interna y el mayor crecimiento; tercero tenemos las políticas de estímulo que han apoyado esa recuperación de la demanda y que también han contribuido a que el tipo de cambio no actúe como válvula de escape", resume Lema. "En general, por razones idiosincráticas en algunos países o simplemente porque la política monetaria ha sido expansiva, el tipo de cambio no ha actuado como una válvula de escape para estas presiones inflacionarias" agrega.

Aunque estos fenómenos idiosincráticos -vinculados esencialmente al escenario político de la región: las próximas elecciones presidenciales en Brasil; el proceso constitucional en Chile; las protestas en Colombia; el cambio de gobierno en Perú-, podrían correr la inflación hacia un lugar secundario, Lema estima que no será un fenómeno "tan permanente", aunque sí podría mantenerse por algún tiempo.

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¿Entonces cómo se ve el panorama de la inflación en términos de plazos? "Me parece que no lo deberíamos ver en estos próximos seis meses, sino más bien hacia el segundo semestre de 2022, con una moderación", explica Lema.

"Parte de esto va a tener que ver con los fenómenos globales: entre mitad de 2020 a mitad de 2021 tuvimos un fuerte rebote de la economía mundial, que ha estado creciendo a tasas de entre el 6% y 7%, inédito desde la salida de la Segunda Guerra Mundial. Eso probablemente no se va a sostener. Los precios de las materias primas, si bien se van a quedar altos, no deberían subir otro escalón, quizás el petróleo sea la excepción. Y las economías locales probablemente también se desaceleren en la medida en que los estímulos se empiecen a desarmar. Todo eso configura un panorama que probablemente va a contribuir a esa moderación de la inflación", proyecta.

En este sentido, aunque Lema admite que "hay riesgos políticos e idiosincráticos que han presionado para mantener estímulos mayores y para tolerar un poco más la inflación", es difícil que ese escenario sea sostenible en el tiempo. "Creo que así como va a empezar en el mundo desarrollado un proceso de consolidación fiscal y de reducción de los déficits, inevitablemente en nuestros países, vamos a ver un fenómeno parecido. La pregunta acá es con qué velocidad, pero la consolidación fiscal es inevitable. Porque desde el punto de vista de las consecuencias en términos de costo de financiamiento, calificación de riesgo, de preparación para una futura crisis, los países -algunos con mejores señales que otros- están conscientes de esto", afirma.

Por otra parte, la región también debe prepararse para un eventual momento en que el contexto internacional ya no sea tan favorable: "No es que vayamos a tener una crisis inminente, pero sabemos que estas condiciones financieras globales -con tasas bajas y el dólar relativamente débil-, que este crecimiento alto del mundo, que estos precios de materias primas, no necesariamente se van a sostener a perpetuidad. Podrán estar dos o tres años, pero eso eventualmente se va a revertir", cierra Lema.

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