

Durante décadas, los especialistas consideraron que la rotación de la Tierra tendía a desacelerarse lentamente debido, entre otros factores, a la influencia gravitacional de la Luna. Sin embargo, en los últimos años las mediciones comenzaron a mostrar una tendencia inesperada que despertó el interés de la comunidad científica.
El fenómeno volvió a quedar en evidencia este 22 de julio, cuando el planeta completó su giro sobre el propio eje en menos de los habituales 86.400 segundos que dura un día solar.
La variación fue detectada por el Servicio Internacional de Sistemas de Referencia y Rotación de la Tierra (IERS), organismo encargado de monitorear con relojes atómicos la duración exacta de cada jornada. El registro ubicó a este día entre los más breves desde que comenzaron las mediciones digitales, en 1960.

Por qué la Tierra está girando más rápido
Los investigadores sostienen que no existe una única causa detrás de esta aceleración. Uno de los factores más importantes es el denominado bamboleo de Chandler, una oscilación natural del eje de rotación terrestre que modifica levemente la forma en que el planeta gira sobre sí mismo.
A ese fenómeno se suma la redistribución de masas provocada por el deshielo de los polos, que desplaza enormes volúmenes de agua hacia el ecuador. Según explican los especialistas, este proceso altera el momento de inercia de la Tierra, de manera similar a lo que ocurre con un patinador que acelera su giro al acercar los brazos al cuerpo. También influyen los movimientos del hierro fundido en el núcleo terrestre, cuyas corrientes afectan la dinámica interna del planeta.
Qué consecuencias puede tener este cambio
Aunque la diferencia registrada representa apenas una fracción de milisegundo, el fenómeno tiene relevancia para sectores que dependen de una sincronización extremadamente precisa. Los sistemas de navegación por satélite, las telecomunicaciones, las redes informáticas y los mercados financieros utilizan el Tiempo Universal Coordinado (UTC) como referencia para operar.
Si esta tendencia se mantiene en el tiempo, los organismos internacionales podrían verse obligados a aplicar por primera vez un segundo intercalar negativo, un ajuste que permitiría sincronizar los relojes atómicos con la rotación real del planeta.
Por ahora, los científicos continúan analizando las mediciones para determinar si esta aceleración responde a una fluctuación temporal o marca un cambio más prolongado en el comportamiento de la Tierra.









