Durante décadas, la aviación comercial resignó la velocidad por el ruido. El Concorde pagó ese precio con su retiro en 2003, cuando las restricciones acústicas lo dejaron sin rutas rentables.

Ahora, la NASA y Lockheed Martin están a días de intentar reescribir esa historia con el X-59 QueSST, un avión experimental cuyo primer vuelo supersónico está programado para este mes de junio de 2026.

El proyecto integra la iniciativa Low-Boom Flight Demonstration y tiene un objetivo preciso: demostrar que una aeronave puede superar la barrera del sonido sin el destructivo impacto acústico que condenó al Concorde.

Si las pruebas resultan exitosas, el camino quedaría abierto para reintroducir aviones de pasajeros capaces de conectar grandes capitales en una fracción del tiempo actual.

NASA

La innovación central del X-59 está en su aerodinámica. La aeronave mide 30 metros de largo, tiene una envergadura de 9 metros y una nariz extremadamente alargada que representa casi un tercio de su longitud total.

Esa configuración impide que las ondas de choque se combinen durante el vuelo, convirtiendo el clásico estampido sónico en algo comparable al cierre de la puerta de un auto: alrededor de 75 decibeles.

El avión podrá volar a 16.800 metros de altitud y alcanzar Mach 1.4, equivalente a unos 1.488 kilómetros por hora, impulsado por motores General Electric F414-GE-100 ubicados en la parte superior del fuselaje, una elección de diseño que también reduce el ruido percibido desde tierra.

NASA/Steve Freeman

Otro desafío técnico fue la falta de parabrisas frontal, resuelta con un Sistema de Visión Externa compuesto por cámaras de alta definición y pantallas que permiten al piloto ver el entorno en tiempo real.

El vuelo de junio dará inicio a una extensa etapa de pruebas. Desde 2027, el X-59 sobrevolará ciudades de Estados Unidos para medir cómo perciben los habitantes el ruido en vuelos supersónicos.

Los datos serán presentados ante organismos como la Organización de Aviación Civil Internacional y la Administración Federal de Aviación, con el objetivo de actualizar las normas que hoy prohíben este tipo de vuelos sobre tierra firme.

Si todo sale según lo previsto, rutas como Londres-Nueva York podrían completarse en unas tres horas. Para los viajeros del Río de la Plata, eso también significa que destinos como Madrid o Roma quedarían a menos de cuatro horas de vuelo, una perspectiva que no tenía sustento técnico real desde que el Concorde bajó sus escalerillas por última vez hace más de veinte años