

Después de 36 años de actividad, una de las tiendas de abrigos más emblemáticas de Recoleta anunció su cierre definitivo.
Se trata de Lodenhaus, un comercio especializado en prendas de alta gama que marcó una época en el rubro textil de la Ciudad de Buenos Aires. El local bajará la persiana a fines de julio, poniendo fin a una historia que comenzó en 1990.
El cierre no responde a una sola causa, sino a la convergencia de varios factores: la fuerte caída del consumo en el sector indumentaria, la transformación de los hábitos de compra y la reducción sostenida de la temporada de ventas.
A esto se suma una decisión familiar importante, vinculada a la continuidad del negocio, que terminó de definir el final de un ciclo comercial de más de tres décadas.
De un proyecto familiar a un emblema del abrigo de calidad en Buenos Aires
Lodenhaus nació en 1990 de la mano de María Silvia de Eléspuru de Bellucci, con una propuesta innovadora para la época: introducir en el mercado el “loden”, un tejido europeo tradicionalmente utilizado en regiones alpinas por su resistencia al frío, el viento y la humedad.
Lo que comenzó como una iniciativa familiar y casi artesanal creció rápidamente gracias a la demanda inicial. El primer lote de productos se agotó en muy poco tiempo, lo que impulsó la apertura de un local propio.
Con el paso de los años, la marca llegó a tener presencia en distintos puntos del país e incluso en el exterior, consolidándose como un nombre asociado a la indumentaria de abrigo de alta calidad.
Durante su etapa de expansión, la firma llegó a operar en zonas comerciales destacadas como Belgrano, San Isidro, Martínez y centros comerciales de gran circulación, convirtiéndose en una referencia para quienes buscaban prendas duraderas y de confección cuidada.
La caída del consumo y una temporada cada vez más corta
Uno de los factores centrales detrás del cierre es el cambio profundo en el comportamiento del consumo. En sus inicios, el negocio de los abrigos tenía una temporada amplia que podía extenderse durante ocho o nueve meses por año. Sin embargo, en la actualidad, ese período se redujo a unos cinco meses efectivos de ventas, lo que impactó directamente en la rentabilidad.
A este escenario se suma el contexto económico general, que afectó el poder adquisitivo de los consumidores y redujo la demanda de productos de alto valor. La combinación de menores ventas y costos fijos elevados volvió cada vez más difícil sostener la operación del local en su formato tradicional, incluso en una ubicación estratégica como Recoleta.
Un cierre definido también por decisiones familiares y un cambio de etapa
Más allá de los factores económicos, la continuidad del negocio también se vio condicionada por cuestiones internas. Según explicó la dirección de la firma, no hubo interés por parte de la siguiente generación en hacerse cargo de la empresa, lo que limitó las opciones de sucesión natural.
La posibilidad de incorporar socios o personal externo fue evaluada, pero finalmente descartada por la familia, que optó por cerrar el ciclo en lugar de transformar la estructura del negocio. El vencimiento del contrato de alquiler del local, previsto para el 31 de julio, terminó de consolidar la decisión final.















