

La histórica pastelería Embassy de Madrid, establecida en 1931, ha cerrado sus puertas de manera definitiva el 30 de julio de 2025 tras un prolongado periodo de incertidumbre.
El cierre deja en la calle a 50 trabajadores, muchos de los cuales cuentan con más de tres décadas de servicio, quienes denunciaron impagos y malos tratos durante el proceso.
La empresa, que ya había enfrentado un severo revés en 2017 con el cierre de su emblemático salón de té en el Paseo de la Castellana, no pudo recuperarse de las repercusiones de la pandemia, el aumento de costos y una gestión que los empleados consideran deficiente.
De este modo, se despide una de las confiterías más icónicas de la capital, reconocida por su tarta de limón y merengue, sus emparedados y un pasado vinculado al cosmopolitismo madrileño.

Razones del cierre de Embassy
La incapacidad de restablecer los niveles de ventas anteriores a la pandemia ha terminado por asfixiar a la compañía.
Los propietarios de la cadena indicaron la falta de liquidez como la razón principal del cierre, en un contexto de incremento de los costes laborales y energéticos, además del aumento en el precio de las materias primas.
No obstante, los trabajadores también consideran que la dirección es responsable, ya que, según ellos, optó por reducir costes, contratar personal sin capacitación adecuada y expandirse más allá de lo que permitían las ventas.
A finales de julio, los empleados recibieron las cartas de despido tras meses sin remuneración. Varios de ellos ya habían recurrido a la Justicia por impagos salariales y ahora procederán por despido improcedente.
“Hemos sido tratados de manera inadecuada, incluso compañeros con más de 30 años en la empresa”, narró una dependienta, quien recordó cómo en tiempos recientes recibían sus salarios en varias fracciones o directamente les quedaban debiendo dinero.

El legado de la pastelería Embassy en Madrid
Desde su fundación por la británica Margarita Kearney Taylor en 1931, Embassy no fue únicamente una pastelería. El salón de té se convirtió en un punto de encuentro cosmopolita, cercano a embajadas y con un ambiente que evocaba las tradicionales casas londinenses.
Durante la II Guerra Mundial, llegó a ser un escenario de intrigas y espionaje, donde coexistían espías aliados y nazis en pleno Madrid.
El prestigio se mantuvo a lo largo de décadas, bajo la gestión meticulosa de sus primeros propietarios, quienes incluso legaron parte de la empresa a sus empleados. Sin embargo, el deterioro comenzó tras el fallecimiento de la segunda generación.
El cierre del icónico local de la Castellana en 2017 marcó el comienzo de un deterioro del que nunca se recuperó. Hoy, la ciudad se despide no solo de una pastelería, sino de un emblema de su vida social y cultural.










