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Cuando se habla de crecimiento infantil, suele pensarse en la genética como el principal factor determinante. Sin embargo, los especialistas advierten que el desarrollo físico también depende de las condiciones de salud, del entorno y de la calidad de la alimentación.

Una investigación realizada a partir de datos de la ENNyS 2 analizó a 5.286 niños argentinos y encontró diferencias nutricionales relevantes entre quienes presentaban baja talla y quienes no.

Entre los hallazgos, los investigadores detectaron que los niños con baja talla consumían menores cantidades de energía, proteínas y zinc. Además, en los menores de 5 años también se observaron ingestas más bajas de calcio y magnesio.

Para crecer no alcanza con solo consumir más calorías

Los especialistas explican que una alimentación adecuada implica mucho más que cubrir las necesidades energéticas. El organismo necesita nutrientes específicos para construir tejidos, desarrollar huesos y acompañar los procesos de crecimiento propios de la infancia.

“La genética establece un potencial, pero no garantiza que este llegue a expresarse por completo. Para crecer, el organismo necesita además condiciones adecuadas de salud, alimentación y ambiente”, sostuvo la Dra. Mabel Carosella, médica pediatra e integrante de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil).

Según el estudio, cuando se tuvieron en cuenta las diferencias en el consumo total de calorías, el calcio fue el único nutriente asociado de manera significativa con la baja talla en los menores de 5 años.

En ese grupo, cada incremento de 100 mg de calcio por día se asoció con una reducción relativa del 6,7% en la prevalencia de baja talla. La asociación no fue estadísticamente significativa entre los chicos de 5 a 12 años.

El papel de los nutrientes en la infancia

Los autores remarcan que ningún nutriente actúa de manera aislada. Proteínas, vitaminas, minerales y energía forman parte de un proceso biológico complejo que permite el crecimiento y desarrollo de los niños.

Por ese motivo, los expertos recomiendan priorizar una alimentación diversa, que incluya frutas, verduras, cereales, legumbres, carnes, huevos y lácteos dentro de un patrón alimentario equilibrado.

También subrayaron que existe creciente evidencia de los beneficios de incorporar alimentos fermentados como el yogur, por su aporte de microorganismos vivos que impactan sobre la microbiota y producen beneficios a nivel digestivo, inmunológico y metabólico.

“La intervención debe partir siempre de identificar la causa de una alteración en la curva de crecimiento. Lo importante es entender que el crecimiento no se recupera agregando simplemente un alimento ni aumentando indiscriminadamente las porciones”, concluyeron desde PROFENI.

Este contenido patrocinado fue elaborado con inteligencia artificial generativa y contó con la supervisión, edición y validación de un periodista de El Cronista.